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Se acabaron los misterios en torno a las primeras primarias legales de la historia política de Chile, realizadas este domingo. Había muchas interrogantes circulando frente a esta elección, en la que se enfrentaron tres candidatos de la derecha (Sebastián Piñera, Felipe Kast y Juan Ossandón) y dos del izquierdista Frente Amplio (Alberto Mayol y Beatriz Sánchez).

Lo más llamativo en este escenario es que el oficialismo, agrupado en la Nueva Mayoría (NM), no participó, pues sus candidatos presidenciales – el independiente Alejandro Guillier y la democratacristiana Carolina Goic- no llegaron a acuerdo y prometen llegar a las elecciones presidenciales de noviembre.  Es decir, los partidos de gobierno van separados; mientras la derecha y la izquierda han logrado unidad en torno a un solo candidato propio.

En la derecha se impuso holgadamente Sebastián Piñera con el 56% de los votos, y en el Frente Amplio (FA), lo hizo Beatriz Sánchez – la candidata más moderada- con un 68% de los votos.

Hasta ahí lo esperado. La gran sorpresa fue la alta concurrencia de votantes, sobre todo de derecha. A pesar de que las primarias ocurrieron el mismo día en que Chile disputó la final de la Copa de Confederaciones contra Alemania, cerca de un millón 700 mil chilenos fueron a las urnas, es decir, el 12 % del padrón electoral total. De ellos, 1,3 millones lo hicieron por los candidatos de la derecha y 327 mil por los del FA.

En un país como Chile, donde la abstención electoral suele ser del 60%, nadie – menos el Gobierno y la NM- esperaba una tan alta concurrencia; y tampoco que los votantes de derecha cuatruplicaran a los de la izquierda en participación.

Tras una campaña difícil y tensa en la que tuvo que dar muchas explicaciones relacionadas con el rol del dinero en la política chilena, Sebastián Piñera –uno de los hombres más ricos de América Latina-  mostraba hoy una sonrisa de oreja a oreja. El sector movilizó a su gente, su triunfo fue contundente y la temida izquierda no logró los 500 mil votos que proyectaba como meta. Además, la NM, debido a sus diferencias internas, cometió el error de no participar de esta cita electoral, perdiendo visibilidad y protagonismo en un evento político crucial. A pesar de ser gobierno, la NM se ha convertido en un ente fantasmagórico. Los debates públicos (en radio y tv), el antagonismo político así como la agenda medial han girado en torno a la derecha y el FA, de ellos poco se habló en los últimas semana.

El FA tenía expectativas altas, y fueron cumplidas relativamente. Se esperaba 500 mil votantes, llegaron poco menos de 300 mil. Si consideramos que en las últimas elecciones municipales (octubre de 2016) el FA obtuvo 270 mil votos podemos decir que toda su militancia fue a votar, en un 100% (lo que es importante y positivo), pero que el crecimiento a otros sectores independientes ha sido aún escaso. Es una buena llamada de atención para una coalición que ha logrado romper el duopolio político de los partidos neoliberales, agrupados en la derecha y en la NM, pero que aún debe considerar al votante que está por afuera de la militancia tradicional, y especialmente, buscar al elector que tradicionalmente se viene absteniendo en las década anteriores.

De todos modos, hay que recordar que hace tres meses el FA no existía y su nacimiento responde y es la culminación de un largo proceso de la izquierda chilena, derrotada en 1973, de volver a agruparse en torno a posiciones cuestionadoras del capitalismo. EL FA no tuvo quizás toda la fuerza que se esperaba, pero en tres meses ha hecho mucho. Y se ha situado como una fuerza importante en la palestra electoral de cara a la gran cita.

Queda la duda si en los cinco meses que quedan para las presidenciales podrá demostrar que puede ser opción de gobierno con Beatriz Sánchez a la cabeza. Es indiscutible que estamos ante una nueva cartografía política en Chile. Las elecciones de noviembre de este año serán a tres bandas y no a dos, como ha ocurrido desde que en 1990 recuperamos la democracia. La izquierda irrumpió en el escenario electoral, en un contexto de debilitamiento del centro político y de atrincheramiento de la derecha en su propio territorio.

Quedan cinco meses de campaña, aun pueden pasar muchas cosas. Piñera tiene serias dificultades para crecer hacia el centro, la NM va dividida. Si la izquierda aprende del pasado, se fortalece y hace una buena campaña, puede aún soñar con pasar a segunda vuelta. La clave estará en mirar afuera de su votante fiel, logrando que la gente que no vota se decante por ellos.

Al menos en su discurso de triunfo, Beatriz Sánchez anunció que peleará para que ello sí ocurra, dijo: “Esto está recién comenzando, se les acabó el tiempo, estamos listos en el Frente Amplio para conquistar el poder y repartirlo. Comenzamos a diputar poder, se acabó la política de dos bloques”.