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Ayer se realizaron las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Si bien se realizan para elegir a los diversos candidatos que presentan los partidos, es indudable que esta instancia es un laboratorio de tendencias para las elecciones generales.

Es decir, si consideramos los votos que cada partido reunió sumando la elección de sus diversos candidatos, podemos observar comportamientos que pueden presentarse en las elecciones donde se decidirá el jefe de gobierno de la ciudad.

En las elecciones internas de cada partido resultaron vencedores Horacio Larreta por el PRO (Propuesta Republicana), Martín Lousteau por ECO (Energia Colectiva Organizada) y Mariano Recalde por el FPV (Frente para la Victoria). Si sumanos todos los votos que obtuvieron los distintos candidatos que se presentaron por partido, el PRO obtuvo el 47%, ECO el 22% y el FPV el 18%.

La primera conclusión insoslayable es la consolidación del PRO, una derecha moderna que congrega un voto masivo y popular. El triunfo no solo es para Larreta y su estilo tecnocrático-eficientista, sino para el propio Mauricio Macri, candidato a presidente en las elecciones de octubre. La relevante perfomance electoral del PRO en las primarias de la provincia de Santa Fe y de Mendoza lo colocan como un candidato competitivo con chances de participar en un futuro ballotage con Daniel Scioli,  el candidato más fuerte del kirchnerismo para disputar la presidencia.

La revelación de la jornada electoral fue el alto porcentaje obtenido por ECO, un conglomerado que reúne a la Unión Cívica Radical (UCR), al Partido Socialista (PS) y al espacio comandado por Lilita Carrió. Si bien Lousteau y Larreta comparte ciertos imaginarios comunes acerca de la política y de la gestión, hay algunos matices de ECO que discuten con las desigualdades y desfinanciamientos de instituciones públicas que ha llevado adelante el macrismo en la Ciudad de Buenos Aires. Lousteau es un candidato moderado que busca colocarse en el centro del tablero político y que congrega un conjunto de imaginarios heteróclitos que van desde la impugnación moral de la gestión macrista y kirchnerista, la denuncia de la exclusión y una mirada crítica sobre el gasto público. Es un candidato joven alejado de la tecnocracia eficientista que ofrece Larreta y del relato hiper-politizado que representa Mariano Recalde. Esa “zona gris” le permitió obtener una importante adhesión electoral.

Tanto Larreta como Lousteau (ex funcionario del gobierno nacional) reunieron el voto anti-kircherista de la ciudad que se aproxima al 70%. Lo que quedaría por analizar es si el mismo es un voto que impugna las políticas de la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner o si fue un rechazo al núcleo más duro del kircherismo que referencia Recalde con su adscripción a La Campora, la orgazación política juvenil del gobernante Frente Para la Victoria (FpV).

Pero también podríamos incorporar otra dimensión al análisis y es la exigua construcción territorial y de liderazgos de largo alcance del kirchnerismo en la Ciudad. La pobre elección de Mariano Recalde, inclusive podría perjudicar a  La Campora en el armado de listas en las diversas provincias y a nivel nacional. El argumento de algunos sectores del oficialismo es que se pierde la Ciudad por tener como candidato a un referente de la Campora.

El Frente para la Victoria ha perdido votos con respecto al candidato a la jefatura de gobierno en las elecciones anteriores, en este sentido no ha podido mantener la performance de los últimos años. Ni siquiera pudo capitalizar la buena imagen que tiene la presidencia en el final de su mandato. A su vez, esta derrota inesperada del FPV –paradójicamente- posiciona y reivindica la posición moderada dentro del kirchnerismo y los pone un lugar mas incomodo para negociar futuros cargos y candidaturas.

Las hipótesis que advierten que la derrota el kirchnerismo se debe a los “atributos morales o inmorales de los porteños” (egoístas, individualistas, etc) desdeñan el impacto y las transformaciones que el PRO produjo en la Ciudad de Buenos Aires y como estas también se articularon con el bienestar y la ampliación del consumo que generó el propio kirchnerismo. El kirchnerismo tuvo una lectura rápida de la adhesión electoral que logró el PRO durante estos años. Es decir, asociar al PRO al pasado o al neoliberalismo puede ser una formula efectiva para la militancia pero no explica la articulación política que logró dicho partido.

Por otra parte, el gran perdedor de la jornada fue Sergio Massa. Su candidato, Gustavo Nielsen, no logró el piso legal de 1.5% para participar de las elecciones generales. Esto da cuenta de una tendencia decreciente de su propuesta presidencial en todo el país y del crecimiento de Macri como líder de la oposición. Massa hoy se encuentra ante el dilema de cómo “valorizar” sus votos para una elección nacional, donde los votantes centraran sus miradas en los candidatos con mayor performance. Su única posibilidad es que sus votos tengan relativa importancia para participar en un futuro ballotage entre Scioli y Macri, y obtener de éste último alguna promesa de ocupar un futuro gobierno nacional.

En las elecciones generales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se enfrentarán Larreta (PRO), Lousteau (ECO) y Recalde (FPV). Es posible que en estos meses se produzcan ciertas reconfiguraciones del voto. Por ejemplo, si en muchos votantes pesa la “utilidad del voto”, posiblemente Lousteau sea apoyado por algunos que ayer votaron por el kirchnerismo. Esto podría colocar a Larreta y Lousteau en una eventual segunda vuelta.  Si el FPV –por su parte- acrecienta su performance, el PRO podría ganar sin ir a segunda vuelta. Lo que parece claro –hasta ahora- es que el kirchnerismo no competirá con el PRO por la jefatura de la ciudad, lo cual consolidará una tendencia opositora del voto a nivel nacional sobre la cual el sciolismo y CFK tendrán que recrear o construir nuevas respuestas.

El avance y consolidación nacional del liderazgo de Macri y de una derecha moderna con apoyo popular organizada en el PRO, se explica en parte por su gestión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por su capacidad de establecer articulaciones políticas con sectores que provienen del  partido justicialista y de la Unión Cívica Radical y, sobre todo, por erigirse como un opositor efectivo al FPV y a CFK. La construcción de redes, la incorporación de estructuras de partidos nacionales y provinciales, así como una discursividad pospolítica centrada en la gestión y en la táctica de la beligerancia desde un discurso “no beligerante”, le ha dado rédito político. Hoy, con los resultados de la elección de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Santa Fe Y Mendoza y, además, con una alianza electoral en Cordoba, Macri y el PRO se colocan en un lugar privilegiado para la lucha de octubre próximo por la presidencia de la Nación.