Germán Vargas Lleras (1962) es heredero de una estirpe familiar que se ha desempeñado en la política colombiana desde el siglo XIX. En la familia se cuentan los dos presidentes de la República Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y Alberto Lleras Camargo (1945-1946 y 1958-1962), varios ministros, senadores, representantes, cargos diplomáticos y periodistas, generalmente, vinculados al Partido Liberal.

Abogado de formación, Vargas Lleras emprendió su carrera política como concejal de Cundinamarca a una temprana edad, bajo el paraguas del Nuevo Liberalismo. El asesinato de Luis Carlos Galán en 1989 tuvo como consecuencia su paso a la facción oficialista del partido, con la que Galán —su mentor político— había sido fuertemente crítico. A pesar de ello, Germán Vargas Lleras continuó su ascenso, pasando al Concejo de Bogotá y, posteriormente, al Senado de la República, dentro del Partido Liberal.

Como senador fue férreo opositor de las negociaciones de paz adelantadas desde el Gobierno de Andrés Pastrana (Partido Conservador), esto lo convirtió en el inesperado aliado del disidente liberal Álvaro Uribe, ampliamente crítico con el fallido proceso. En 2002 el apoyo de Vargas Lleras a Uribe continuó y su salida del Partido Liberal no se hizo esperar. En esta ocasión se presentó al Senado siendo avalado por el Movimiento Colombia Siempre; en 2003 fue elegido presidente del Senado y en 2004 se unió al Partido Cambio Radical, que lidera desde entonces. Durante esta década, Vargas Lleras también se convirtió en objetivo de amenazas y de dos atentados, uno de ellos le dejaría sin tres dedos de su mano izquierda.

A pesar de ser un “incondicional” de Uribe, sobre todo en lo concerniente a la política de Seguridad Democrática, en 2010 decidió presentarse como candidato por Cambio Radical, criticando el empeño del entonces presidente para aspirar a una segunda reelección. La opción “llerista” apenas alcanzó un tercer lugar por detrás del verde Antanas Mockus. Sin embargo, en segunda, vuelta apoyó la candidatura de Juan Manuel Santos, una decisión de la que se derivaron muchos beneficios políticos en los siguientes años. Desde entonces, ocupó dos carteras ministeriales: Interior, y Justicia y Vivienda. Finalmente, desde 2014, se desempeñó como vicepresidente del Gobierno, hasta que comenzó la campaña para las presidenciales de 2018.

En Vicepresidencia, Vargas Lleras supo marcar un camino de independencia, a pesar de pertenecer a la bancada oficial, desmarcándose de un discurso del todo fiel al santismo y atribuyéndose ciertas distancias, sobre todo las respectivas al Proceso de Paz. Así, en la campaña por el Sí a los Acuerdos de Paz, fungió como el convidado de piedra. Y, a pesar de que fue destacable su aparición -arropando a Santos en el cierre de campaña que se dio en Barranquilla (su fortín político)- las medias tintas del líder de Cambio Radical fueron núcleo de tensión a lo largo de todo el proceso, en particular, por sus reservas en cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz. En efecto Vargas Lleras fue uno de los grandes ausentes durante toda la campaña, probablemente reservándose para un eventual acercamiento al Centro Democrático y al Partido Conservador de cara a 2018. Las escasas apariciones de un líder con tal potencial electoral y su apuesta por no arriesgar capital político lo posicionaron como un actor que no sumó todo lo que podía a la campaña del Sí.

Si bien en el 2016 su salud se vio quebrantada por una afección que conllevó una cirugía para extirpar un tumor de su cerebro, la agenda de Vargas Lleras siguió enfocada hacia las presidenciales de 2018, manteniendo su gira de inauguraciones de obras, carreteras, viviendas de protección oficial, etc. Actos con los que no solo obtuvo gran popularidad y cooptó a diversos líderes regionales, sino que también le sirvieron para impulsar los negocios a los que se ha vinculado su familia tradicionalmente: actividad portuaria, construcción, concesiones de gestión del agua y del alcantarillado (entre otros).

Después de su renuncia al Gobierno para avanzar con su campaña presidencial, Vargas Lleras partió como el candidato con mayores posibilidades de llegar a la Presidencia, toda vez que contaba con el apoyo de una “gran maquinaria” en el nivel territorial que le garantizaría la llegada el Palacio de Nariño en agosto de 2018. Como candidato de Cambio Radical, las expectativas se ampliaron en las elecciones legislativas de marzo de 2018, cuando su formación política obtuvo 2.155.801, resultando la segunda fuerza política más votada, detrás del partido Centro Democrático.

Sin embargo, el avance de la campaña fue evidenciando que el candidato “de las maquinarias” arrastraba la deslegitimación del gobierno Santos y era perseguido por la sombra de la corrupción de su partido –no ajena a su liderazgo, según algunos sectores de la opinión pública–. Las encuestas lo posicionaban siempre en el cuarto lugar, con intenciones de voto que fluctuaban entre los 6 y los 10 puntos porcentuales. No se alejaban del resultado que el vicepresidente habría de tener en los comicios: 1.412.392, o sea un 7,3% del voto. De cara a la segunda vuelta, se posicionó a favor de Duque y, a pesar del batacazo que sufrió en las pasadas presidenciales, es previsible que su carrera política siga adelante.