De los liderazgos de la oposición venezolana, Henri Falcón (Yaracuy, Venezuela, 19 de junio de 1961) es quien ha venido construyendo un perfil más cercano a las clases populares, tanto por sus orígenes como por su trayectoria política. A diferencia del resto de dirigentes opositores al chavismo, Falcón no procede de ninguna gran fortuna y ni siquiera pertenece a la clase media-alta. Su familia se ubica en ese amplio espectro de una clase media pauperizada por el colapso neoliberal que el país sufrió en las décadas de los 80 y 90. Su otro gran rasgo distintivo es que comenzó su carrera política dentro de las filas del chavismo.

En efecto, Falcón tomó contacto con el Movimiento V República fundado por Hugo Chávez y, ya en 1999, fue elegido diputado de la Asamblea Nacional, entonces Constituyente por mandato popular expresado en referéndum. En 2000 asume como alcalde por voto popular en el municipio Iribarren, una de las demarcaciones administrativas de Barquisimeto (Lara), la tercera ciudad más poblada del país tras Caracas y Maracaibo.

Desde ese momento, Henri Falcón comienza a hacerse fuerte en Lara, encumbrado por una supuesta buena gestión no exenta de denuncias de corrupción. De hecho, el propio Chávez ordenó abrir una investigación sobre diversos proyectos de transporte que Falcón estaba llevando a cabo. A esto habría que añadir fuertes tensiones internas con las diferentes corrientes chavistas larenses.

En 2008 Henri Falcón es electo gobernador de Lara y, dos años después, consuma su ruptura con el chavismo y se integra en la coalición opositora -donde terminará figurando al frente de un partido de nuevo cuño, Alianza Progresista-. Es reelegido en 2012, en unos comicios en los que la derecha sólo vence en tres de los 23 estados del país (los otros dos vencedores fueron Henrique Capriles, en el estado de Miranda, y Liborio Guarulla, en Amazonas).

Junto con Capriles Radosnki, Falcón ha manejado un discurso dirigido a atraer el voto de las clases populares y, muy especialmente, el del denominado “chavismo desencantado”. Falcón tiene sobre Capriles la ventaja de que puede interpelar a estos sectores desde una mayor familiaridad, dado su origen de clase.

Falcón se autodefine como de centro, pero explica “no el centro de la derecha ni el centro de la izquierda, sino del país entero, el punto que está más cerca de todos los sectores exprimidos y excluidos”. Exhibe como aval su gestión en Lara, a la que califica de “progresista” y enfocada a toda la ciudadanía, con independencia de sus filiaciones políticas. En su discurso trata permanentemente de tranquilizar a los votantes chavistas, señalando que una victoria presidencial opositora no implicará un revanchismo, poniendo como ejemplo su propio proceder como gobernador (y, de paso, instala de forma sutil que el chavismo sí discrimina a quienes no le apoyan, de donde vendría la posibilidad de una lógica revancha por parte de estos últimos).

Falcón fue elegido jefe de campaña de Henrique Capriles en las elecciones de abril de 2013, en las que éste perdió frente a Maduro. Parecía que había vencido las resistencias de buena parte de la alta dirigencia opositora, que siempre lo consideró un advenedizo tanto por su pasado chavista como por su extracción social. Sin embargo, pasado este momento de exposición, volvió a la realidad de la Gobernación de Lara con notables dificultades para participar en el debate público, tanto por la naturaleza regional del propio cargo como por las barreras que le ponían sus propios correligionarios.

Falcón encaró los comicios parlamentarios de 2015 como una oportunidad para demostrar su solvencia electoral. Asumió la campaña en Lara como un reto personal, llevando de la mano a los candidatos de la oposición. Su objetivo era lograr ocho de los nueve diputados que se dirimían en esa circunscripción. El resultado final estuvo lejos de sus expectativas. Finalmente, la oposición logró seis curules por tres del chavismo. Pero, además, la derecha perdió votos con respecto a las presidenciales de 2013. Si bien el chavismo había sido claramente derrotado, la oferta opositora se mostraba incapaz de seducir a las grandes mayorías.

Tras este traspié, Falcón estuvo en la sombra por un tiempo, pues los focos estuvieron centrados en otros actores como Henry Ramos Allup. Sin embargo, las múltiples tensiones internas de la oposición abonaron el terreno para que Falcón se deslindara de la principal tolda opositora, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), y se lanzara como candidato presidencial en 2018.

El llamado que hiciera el presidente Nicolás Maduro para a adelantar las elecciones presidenciales al 20 de mayo de 2018 generó una fractura profunda en la derecha. Por un lado, los principales partidos de la MUD (Primero Justicia, Acción Democrática, Voluntad Popular y Un nuevo tiempo) rechazaron de plano la convocatoria, no sin antes demostrar inconsistencias entre sus liderazgos -de hecho, a partir de este momento uno de los voceros más importantes y participativos de la oposición, como fuera Henry Ramos Allup, pasó al silencio cuasi absoluto-. Por su parte, Henri Falcón aprovechó la situación y se lanzó como candidato opositor, esperando el apoyo de sus correligionarios.

Sin embargo, el principal contendiente de Falcón no fue Maduro, sino parte de la misma oposición. La MUD se dividió entre los partidos que llamaron a la abstención y los que apoyaron a Falcón. Las principales propuestas de la campaña de Falcón se centraron en la dolarización del salario y en la aceptación de la “ayuda humanitaria” de Estados Unidos. Más allá de la escueta propuesta de gobierno, lo interesante de la candidatura de Falcón fue que significó una posibilidad de deslindarse de la vía antidemocrática promovida por el resto de la oposición. No obstante, minutos antes de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) diera los resultados oficiales de la contienda, Falcón los desconoció, echando por la borda el caudal de reconocimiento político que había fraguado participando en las elecciones.

Luego de la derrota, Falcón conformó la “Concertación por el Cambio”, junto con Claudio Fermín, Felipe Mujica, Timoteo Zambrano, Luis Fuenmayor Toro, Enrique Ochoa Antich, entre otros, en un intento de transformación de la MUD y de recuperación de su rol de líder de la oposición.