Iván Duque (1976) es el presidente de Colombia para el periodo 2018-2022, después de una campaña electoral álgida, caracterizada por la extrema polarización que sufrió el país entre la opción progresista de Gustavo Petro y la derechista de Duque.

Hijo del ex-registrador nacional y ex-ministro, Iván Duque Escobar, el abogado Iván Duque Márquez inició su andadura en la política como asesor de Juan Manuel Santos, cuando se desempeñaba como ministro de Hacienda, una plataforma que le sirvió para llegar a ser consejero principal de Colombia en el directorio ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En 2014 incursionó en política, integrado en la lista cerrada del Centro Democrático al Senado de la República. Desde entonces, se desempeñó como senador por la plataforma política uribista.

En su corta carrera política, Iván Duque caracterizó por alejarse del discurso belicista, que tanto identificaba a sus copartidarios, para centrase en la “seguridad inversionista”, algo que la élite empresarial no pasó por alto y que le sirvió para recaudar apoyos importantes al interior del uribismo. Como, por ejemplo, el de Fabio Echeverry, uno de los grandes empresarios vinculados a esta formación, quien ya dejó caer sobre el joven senador su “bendición”.

La focalización de su trabajo en la economía y en la crítica a las políticas económicas del oficialismo hizo que Duque tocara de soslayo (al menos antes de conocerse su elección para representar al uribismo en la pasadas presidenciales) el proceso de paz. Sobre este tema dejó caer impresiones no desvinculadas de las que defendían sus copartidarios, aunque mantuvo posiciones más o menos distantes a la recalcitrante oposición que marcó el líder del partido.

Por su parte, sabiéndose con grandes posibilidades de emprender una carrera política más que prometedora, Duque se centró –durante sus años de senador– en un trabajo orientado a la creación de una serie de foros denominados “Construyendo País”, a través de los cuales se fue dando a conocer a nivel territorial. En ellos presentaba las opciones que, desde su perspectiva, podían apuntar a las soluciones de los problemas de las comunidades que fue visitando durante ese periodo.

Sin embargo, y a pesar de que Duque contaba con los apoyos de la élite económica del partido, a la interna siempre hubo reticencias de algunos varones de la formación, quienes achacaron a su escasa experiencia política la incapacidad de ser un buen oponente para 2018. Ellos, por su parte, mantuvieron su apuesta segura por el damnificado Óscar Iván Zuluaga para encarar el futuro proceso.

Pero Duque siguió adelante con su objetivo, mientras las disputas intestinas de su partido continuaban, fue coautor de cuatro leyes aparte de su ley sobre Economía Naranja, participó en la ley que aumentó la licencia de maternidad, la que instaló desfibriladores en establecimientos públicos, y la que permitió el uso de cesantías en seguros educativos. Resultó electo “mejor senador” y poco a poco fue logrando lo más complejo: el sí de Uribe, que llegaría posteriormente en una consulta interna del partido para definir al candidato presidencial, por el mecanismo de encuesta abierta.

Así, siguiendo a “raja tabla” el mandato de su padrino, Álvaro Uribe, y de la mano de la conservadora Marta Lucía Ramírez, como candidata vicepresidencial, Duque logró posicionarse desde la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018 como el favorito, pasando a segunda vuelta con el 39,14% del voto, con un total de 7.569.693 electores que votaron por él. En segunda vuelta, derrotó a Gustavo Petro por 12 puntos porcentuales, cosechando 10.373.080 votos –récord histórico de votos netos para alzarse con la presidencia–.

El “uribista de raca mandaca” como el propio Duque se definió hace algún tiempo, tiene por delante la construcción de un liderazgo fuerte que le permita margen de maniobra para tomar decisiones propias, aunque se prevé que Uribe seguirá teniendo el poder en aquellas que son de su verdadero interés.