Por Ava Gómez-Daza
@Ava_GD

Iva Duque (1976) se ha convertido en los últimos meses en la esperanza de nuevo liderazgo al interior del Centro Democrático, partido político que atraviesa una mala racha tras las legislativas de octubre de 2015 y el escándalo de espionaje ilegal, que envuelve a una de sus principales figuras políticas, Óscar Iván Zuluaga.

Hijo del exregistrador nacional y exministro, Iván Duque Escobar, el abogado Iván Duque Márquez inició su andadura en la política como asesor de Juan Manuel Santos cuando se desempeñaba como ministro de Hacienda, una plataforma que le sirvió para llegar a ser consejero principal de Colombia en el directorio ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En 2014 incursionó en política integrado en la lista cerrada del Centro Democrático al Senado de la República. Desde entonces, se desempeña como senador por la plataforma política uribista.

En su corta carrera política, Iván Duque se ha caracterizado por alejarse del discurso belicista, que tanto identifica a sus copartidarios, para centrase en la “seguridad inversionista”, algo que la élite empresarial no ha pasado por alto y que le ha servido para recaudar apoyos importantes al interior del uribismo. Como, por ejemplo, el de Fabio Echeverry, uno de los grandes empresarios vinculados a esta formación, quien ya dejó caer sobre el joven senador su “bendición”.

La focalización de su trabajo en la economía y en la crítica a las políticas económicas del oficialismo ha evitado que entre, de forma directa, en el lodazal del proceso de paz sobre el que —si bien ha dejado caer impresiones no desvinculadas de las que defienden sus copartidarios— mantiene posiciones más o menos distantes de las de la recalcitrante oposición que ha encarnado el líder del partido.

Así, con las miradas puestas en su figura y ante un escenario de crisis de liderazgo de su formación política, Duque ha emprendido una serie de foros denominados “Construyendo País”, a través de los cuales se ha ido dando a conocer. En ellos presenta las opciones que, desde su perspectiva, pueden apuntar a las soluciones de los problemas de las comunidades que hasta ahora ha ido visitando, cuatro en total, de una meta que supera la centena.

A pesar de que Duque cuenta con los apoyos de la élite económica del partido, hay ciertas reticencias de algunos varones de la formación, quienes achacan a su escasa experiencia política la incapacidad de ser un buen oponente para 2018. Ellos, por su parte, mantienen su apuesta segura por el damnificado Óscar Iván Zuluaga para encarar el futuro proceso.

Sin embargo, tal y como lo pone de manifiesto su presencia mediática y las alusiones públicas de sus copartidarios afines, a pesar de su juventud, Duque es una más que clara opción para el uribismo. Un “uribista de raca mandaca” que construye su liderazgo fuera de los temas que más afean su partido (paramilitarismo y belicismo) y lleva la atención a cuestiones del ámbito económico, tratando así de consolidarse como la figura de la “nueva derecha 2.0”, dentro de una formación en retroceso, cuyo actual liderazgo ha sido incapaz de encarnar con éxito el discurso de su fundador.