Por Alejandro Fierro
@VenezuelAle

Según sus exégetas, Leopoldo López (Caracas, 29 de abril de 1971) desciende por línea directa del mismísimo Simón Bolívar. Más allá de su veracidad, la exhibición de este supuesto vínculo evidencia su pertenencia a la oligarquía tradicional venezolana, a esos amos del valle que amasaron su fortuna con el comercio del cacao, el café y la caña de azúcar y ya en el siglo XX se reconvirtieron a otros negocios al calor de la renta petrolera.
López disfrutó de una educación acorde con su alcurnia, con estudios en prestigiosas universidades estadounidenses, incluidas Princeton y Harvard, con sendas licenciaturas en Ciencias Sociales y Ciencias Económicas, más una maestría en Políticas Públicas.
De regreso a Venezuela, y tras desempeñar un cargo de asesor en la todopoderosa compañía petrolera nacional PDVA (1996 a 1999) formó parte del núcleo fundador de Primero Justicia, un partido de nuevo cuño que surgió a partir del convencimiento de algunos políticos opositores de que la formaciones tradicionales, Acción Democrática y Copei, eran incapaces de enfrentarse al chavismo. Allí coincidió, entro otros, con Henrique Capriles, Julio Borges o Juan Carlos Caldera.
En 2000 fue elegido alcalde de Chacao, bastión opositor del este de Caracas. Ya desde la propia campaña electoral se puso de manifiesto una personalidad que le ha granjeado, indistintamente, admiración y rechazo entre los votantes opositores. Vehemente y pasional en las formas, se reveló como un líder carismático para los suyos pero absolutamente incapaz de negociar y trabajar en equipo con sus pares, imponiendo un estilo vertical y autoritario. En lo económico es un neoliberal sin complejos. En lo político, su fijación, casi obsesión, es el chavismo, a quien se refiere en términos que recuerdan la demonización del bloque soviético de la Guerra Fría, salpicados con un indisimulado odio de clase.
Los desencuentros con sus compañeros de Primero Justicia fueron constantes. A estos enfrentamientos no eran ajenos sus posicionamientos con respecto al chavismo, al que atacaba desde un plano ideológico, acusándolo de ser una dictadura encubierta que atropellaba los Derechos Humanos. Por tanto, había que derrotarlo en las calles, puesto que las elecciones estaban manipuladas. Esta postura contrastaba con la del sector que propugnaba una salida electoral y consideraba más eficaz un discurso centrado en las supuestas deficiencias de gestión.
El carácter explosivo de López se reveló en toda su magnitud en el golpe de Estado de abril de 2002, cuando participa en la detención que casi conduce a un linchamiento público del entonces ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín. Tras la asonada golpista, su discurso se vuelve cada vez más incendiario. En 2006 abandona Primero Justicia y se integra en un Nuevo Tiempo, de donde fue expulsado tres años más tarde. Por entonces ya se le conoce coloquialmente como “el chico Bomba”, al hacer estallar todas las formaciones por las que pasa, y en las filtraciones de Wikileaks la Embajada de Estados Unidos considera que “la persona más odiada por la oposición, después de Chávez, es Leopoldo López”.
Una acusación por malversación de fondos públicos lo inhabilita para ejercer cargos públicos a partir de la conclusión de su mandato como alcalde de Chacao en 2008. Un año más tarde funda Voluntad Popular, un partido hecho a su medida, absolutamente jerárquico y que encarna la cara más virulenta de la oposición. Aunque participan en los procesos electorales, mantienen que la movilización de la calle es la única forma de derrotar al chavismo.
En enero de 2014, junto con el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, y la diputada María Corina Machado, presenta la estrategia La Salida, una agenda de movilizaciones callejeras que proponen mantener de forma indefinida hasta que Nicolás Maduro renuncie. Las algaradas se tornaron extraordinariamente violentas, con un saldo final de 43 personas asesinadas. Diez de ellas murieron por disparos de la Policía, pero el resto fueron agentes de seguridad, transeúntes, motoristas degollados por alambres colgados de lado a lado de la vía, personas que retiraban barricadas para poder acceder a sus domicilios…
Un tribunal de Caracas dictó una orden de detención contra Leopoldo López como instigador de esos sucesos. Éste se entregó voluntariamente el 18 de febrero. Las protestas continuaron varias semanas más, pero fueron languideciendo ante el rechazo general a una violencia que ya se consideraba sin sentido. Las barricadas, cortes de calle y manifestaciones nunca lograron romper los límites territoriales de las zonas de clase media-alta. En los barrios populares no hubo una sola protesta.
López fue sentenciado a 13 años de prisión por asociación para delinquir, instigación pública y determinador en los delitos de incendio y daños, condena que cumple en la prisión militar de Ramo Verde. Su pretensión de ser el Mandela venezolano, el mártir que se sacrifica por la libertad del país, no se ha cumplido. El resto de partidos de la oposición (Primero Justicia, Acción Democrática, Copei, Un Nuevo Tiempo…) mantienen una prudente distancia e incluso evitan referirse a él de forma específica y utilizan un genérico “presos políticos”. Sus principales líderes –Ramos Allup, Capriles, Julio Borges, Henri Falcón- declinan asistir a los actos convocados en demanda de su liberación, por lo demás muy minoritarios. Tratan de restarle cualquier tipo de aspiración presidencial que sin duda reclamará, invocando su gesto de sacrificio.
Así las cosas, y mientras se mantiene la incertidumbre sobre la Ley de Amnistía, su causa tiene más proyección internacional que a lo interno de Venezuela, con su esposa, Lilian Tintori, como embajadora a la que se le abren las puertas de cancillerías y gobiernos occidentales. Pero en el país su caso no está en el debate público, en un día a día marcado por los rigores económicos. Está por ver qué papel puede jugar en el escenario político actual, pero su principal enemigo ya no es el chavismo, sino sus propios compañeros de viaje dentro de la Mesa de la Unidad Democrática.