Por Alejandro Fierro
@VenezuelAle

María Corina Machado (Caracas, 1967) es lo más cercano a una neocon que se puede encontrar en la variopinta derecha venezolana. De hecho, el propio George W. Bush oficializó las preferencias del ala dura republicana con respecto a la oposición de Venezuela al recibirla en el mismísimo Despacho Oval de la Casa Blanca en 2005.

Hija de la alta oligarquía criolla –su familia opera en diferentes consorcios relacionados con el acero y la siderurgia -, María Corina Machado tomó una postura política activa con la llegada del chavismo. Hasta entonces los cachorros de las grandes fortunas preferían dedicarse a los negocios familiares. El bipartidismo de la IV República, con Acción Democrática y Copei turnándose en el poder, salvaguardaba sus intereses. El sistema les era completamente funcional. No había necesidad de arremangarse y saltar a la disputa partidaria.

El triunfo de Chávez alteró por completo las relaciones de poder. Empezó entonces el desembarco en la política de jóvenes de familias millonarias: Henrique Capriles, Leopoldo López, la propia María Corina Machado… En su caso no fue a través de un partido, sino de un movimiento, Súmate, un intento de emular a las poderosas organizaciones de base republicanas de los Estados Unidos. Pero en Venezuela, donde la derecha nunca tuvo una tradición militante, no era más que el vehículo para sus intereses personales.
Súmate tuvo un papel destacado en el referéndum revocatorio del presidente Chávez de 2004. La oposición cosechó una severa derrota, pero el proceso sirvió para situar a Machado en el mapa político internacional. En los siguientes meses sería recibida por Bush y por otros líderes neocon como Esperanza Aguirre, la díscola líder del Partido Popular.

El discurso de Máchado reproduce punto por punto el ideario neoconservador: capitalismo radical, nula intervención del Estado en la economía, sacralización de la propiedad privada, exaltación del individuo por encima del colectivo, disminución del aparato administrativo, impuestos mínimos o inexistentes, al igual que las ayudas sociales, privatizaciones… Apuesta por “un país de propietarios, una sociedad de emprendedores, dramáticamente opuesta al modelo actual”, señaló en diferentes entrevistas, comparándose sin reparos con Margaret Thatcher. En lo político, fustiga con saña al chavismo en términos que remiten a la Guerra Fría y al enfrentamiento capitalismo-comunismo (en esta dicotomía coincide con Leopoldo López).

Pertrechada con este arsenal ideológico, fue elegida diputada a la Asamblea Nacional en 2010. Un análisis erróneo de los resultados –aventajó en 34 puntos al candidato chavista, pero tal distancia se debió más a la composición de clase del electorado de su circunscripción que a su carisma personal- la llevó a presentarse a las elecciones primarias para designar al candidato opositor que debía enfrentarse con Chávez en los comicios presidenciales de 2012. La derrota fue mayúscula. Obtuvo tan sólo el 3,7% de los votos, apenas 110.000 personas de las más de tres millones que fueron a votar.

Tan sonoro traspiés fue la constatación de que en Venezuela, el suelo hegemónico se había deslizado a la izquierda. Tras las décadas ominosas de los 80 y los 90, que dejaron índices de malnutrición de hasta un 85%, y en comparación con el progreso experimentado en los primeros años del siglo XXI, hasta los votantes opositores entendían que no era posible la implementación de una agenda neoliberal de corte radical.

Machado se refugió en su escaño de la Asamblea desde donde siguió lanzando invectivas hacia el chavismo. Nunca reconoció el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones de abril de 2013, En ese momento abandona cualquier intento de toma del poder por vías constitucionales y predica sin ambages una movilización de sus huestes para derrocar al presidente electo. Este llamamiento se concreta a principios de 2014 con la presentación de la estrategia de “La Salida”, una agenda de movilizaciones indefinidas hasta que Maduro abandonara el cargo. Junto con Leopoldo López, María Corina Machado sería la cabeza visible. Ambos asumen en sus declaraciones que se iban a registrar asesinatos. En efecto, aquellos primeros meses de 2014 se saldaron con 43 personas asesinadas. Diez de ellas fueron manifestantes. El resto fueron agentes de seguridad o personas ajenas a las protestas.

En plena escalada de la tensión, María Corina Machado aceptó la oferta de Panamá de hablar ante la Organización de Estados Americanos utilizando el turno de palabra de ese país. La Asamblea Nacional, en decisión ratificada por el Tribunal Supremo de Justicia, le retiró su condición de diputada al haber violado los artículos constitucionales que prohíben a un cargo electo venezolano representar a otra nación.

En los momentos actuales, Machado está fuera de foco, sin cargo electo y con la atención centrada en la disputa entre una Asamblea Nacional dominada por la derecha y el Gobierno de Maduro. Pero no se la puede dar por amortizada. Cuando la embestida opositora arrecie, los neocon querrán estar en primera fila y la combativa exdiputada será su peón principal.