Sérgio Moro estudió derecho en la Universidad Provincial de Maringá, egresándose en 1995 y siendo promovido a juez federal al año siguiente, con tan sólo 26 años. En 1998 cursó el programa para instrucción de abogados de la Harvard Law School, de estudios sobre lavado de dinero, promovido por el Departamento de Estado de EE.UU.

Durante su especialización en delitos de lavado de dinero, Moro fue un estudioso de la operación “Mani Pulite” (Manos Limpias), el escándalo de corrupción ocurrido en Italia de los años ´90. Esta maniobra demostró que la “independencia” de la justicia junto al apoyo de la opinión pública, direccionada desde los medios, es lo que garantiza el éxito de la acción judicial.

Desde 2013 Sérgio Moroes Juez Federal de la 13.ª Vara Criminal Federal de Curitiba. Se hizo popular cuando indagó a Alberto Youssef por un caso de delitos financieros. Entonces Moro afirmó que la causa por cohechos se originó “incidentalmente”, a partir del vínculo de Yousseff con Paulo Roberto Costa, exdirector de Petrobras. La repercusión mediática lo convertiría en el actor decisivo de uno de los mayores escándalos políticos de Brasil. Gracias a la táctica de acuerdos de delación con varios procesadosel juez avanzó en la causa.

Alberto Yousseff, por medio de una delación premiada -un acuerdo con la Justicia para confesar a cambio de rebajas en la condena-, informó acerca de la existencia de un club de empresarios vinculados a los sobornos con la petrolera. Ese método de obtener declaraciones comprometedoras ha sido usado repetidamente por Moro.

Desde 2014 el exjuez y jurista, Luiz Flávio Gomes, señala que Moro corre el riesgo de adoptar medidas “en conflicto con el Estado de derecho”, por ejemplo, deteniendo indagados sin que sean un peligro para la sociedad. El tiempo le daría la razón cuando en marzo de este año Moro dictó la orden de “conducción coerctiva”mediante la cual obligó a declarar bajo custodia policial a Lula da Silva, al mismo tiempo que levantó el secreto sobre un diálogo telefónico entre el ex mandatario y Rousseff.Tras el interrogatorio, Lula acusó a Moro de querer montar un espectáculo político a su costa: “han querido matar a una yarará dándole en la cabeza pero solo le han dado en la cola”, exclamó.

El impacto fue producto del shock mediático: desde la televisión, las conversaciones privadas de Lula, productos de pinchazos policiales, fueron reproducidas hasta el hartazgo. La reproducción de la conversación fue viralizada hasta el hartazgo desde todas las cadenas, las ediciones digitales de los periódicos e incluso desde las redes sociales.

La detención de Lula, tal y como fue llevada a cabo, y el levantamiento del secreto de las llamadas telefónicas le valieron al juez acusaciones de atropello a la ley. Sin embargo, Moro se convirtió en una especie de ídolo de los manifestantes destituyentes que llegaron a referirse al magistrado como “Super Moro”.

La repercusión mediática lo catapultó al estrellato de modo tal que logró superar a figuras como Neymar Jr. y obtener el premio Hace Diferencia en la categoría de “Personalidad del Año” de 2014 otorgado porel periódico El Globo.También le permitió posicionarse entre los cien personajes más influyentes de Brasil durante el mismo año por la revista Época. En 2016 fue distinguidopor la revista Fortune entre los 50 líderes con mayor influencia del mundo.

Entre los homenajes recibidos destaca el del Cuartel General del Ejército en Brasilia. Moro, convertido en un ícono por su lucha contra la corrupción, afirmó que los frutos de sulabor no fueronpor “mérito individual”, sino cosechados gracias al trabajo conjunto de varias instituciones. Además, agradeció al Ejército al que caracterizó como una institución “totalmente honrada”. El ministro de Defensa de Michel Temer, quien también participó en el acto, subrayó que la distinción es un “justo reconocimiento” por los servicios prestados a Brasil y a la democracia.