4 min. lectura

El peronismo, ante la derrota electoral, se consume a sí mismo. Metaboliza las pérdidas con una velocidad meridiana y empuja a la palestra a los que tienen cuentas con el último gobierno y Cristina Fernández. Buscan realizar sus intereses atrasados. Todos quieren cobrar sus pagares. El universo peronista se ajusta a sí mismo con aquellos que masticaron odios o desacuerdos, que en nombre del poder o de la lealtad mantuvieron una obediencia pragmática o una obediencia padeciente. Los que soportaron y no corrieron tras la propuesta de Sergio Massa (Frente Renovador) ni de tras otras opciones. O directamente, aquellos que entienden que es hora de cambiar, que la estrategia utilizada falló, que el diagnostico triunfalista naufragó o que solo se redujo a una mirada estatal que no contempló las transformaciones en la vida cotidiana y en la variedad de intereses que desbordan el mundo contemporáneo. El peronismo para volver a lo “social” debe ajustar cuentas con el kirchnerismo. Huele que hay algo de la lectura macrista que fue efectiva. El peronismo ama a los ganadores. Cafiero (1987) se dejó seducir por el triunfo de Alfonsín y comenzó una “modernización” del peronismo incorporando un conjunto de lecturas republicanas y liberales que atravesaban los textos de la recuperación democrática. Luego Menem (1991) se alió al capital financiero y a la globalización, a la jefa de jefas. Introdujo al peronismo a la crueldad de la política que proponía el neoliberalismo y la geopolítica post mundo soviético. Después, Néstor Kirchner (2003) se vinculó  -al principio- a las líneas maestras que el propio Duhalde (presidente 2001-2003) estableció frente a la crisis del 2001. Fue parte y aliado del nuevo giro progresista. Modernizó en clave liberal y progresista al peronismo y reintrodujo aggiornadamente el regulacionismo estatal. Colocó a la clase media como faro del ascenso. Amplió el consumo como espacio de la integración social. Luego de que el Frente para la Victoria (FPV) perdiera las elecciones, el propio Macri (2015) parece empujar al peronismo a una reformulación que todavía está en proceso. Hay un peronismo que comienza a estar más aliado a lo que propone el macrismo como nuevo tiempo, como nueva subjetividad  y como representación de lo social que como propuesta económica. El peronismo, si hay crisis social, sabe bien -por experiencia- que puede “recoger del territorio” a los afectados. También sabe que necesitará de fondos públicos para mantener sus comarcas y jurisdicciones. Bossio -sobre todo, quien conduce un espacio de diputados que pertenecían al FPV- parece representar al peronismo del territorio provincial y municipal. Al peronismo “social”. Aquel que sintió el peso político del kirchnerismo.

Este juego de ajedrez iniciado en diputados puede (re)abrir una transformación e impactar en la próximas elecciones dentro del peronismo para definir su conducción partidaria.  La Star Wars ha comenzado de manera soterrada, al modo de guerra de posiciones. El peronismo -como toda fuerza política- se mueve en relación al otro (adversario), como en relación a sí mismo.

Estaba dentro de las posibilidades. El FPV podía fragmentarse y el liderazgo de Cristina Fernández entrar en un cono de sombras e impugnaciones (algunas soterradas y otras levemente públicas), o quedar con los números de las últimas elecciones, en el bando de los derrotados y con varias deudas de guerra por pagar.

Hay situaciones nuevas. Maria Eugenia Vidal (Gobernadora de la Provincia de Bs As, por el PRO) no puede ser comparada con el ex gobernador radical Alejandro Armendariz (1983-1987). Ni puede augurársele el mismo destino (fue derrotado por Cafiero y su peronismo renovador en 1987). Vidal puede disputar los territorios. Posee un lugar preferencial para ello, como un conjunto de intendentes que la acompañan. Puede desestabilizar la columna vertebral del peronismo que es la base electoral bonaerense y relativizar ese 38% del padrón electoral -que representa la provincia de Buenos Aires-  y que muchas veces benefició al peronismo.

El peronismo ha iniciado un proceso de reconfiguración interna. Tendrá que ver si decide balcanizarse, reagruparse de manera precaria o iniciar un proceso de transformación que pase a pensión a varios referentes. A su vez, le queda el territorio -el corazón ordenador del peronismo gubernamental- donde pueden sonar las alarmas de gobernadores e intendentes que necesitan fondos públicos o los actores afectados por las políticas económicas del macrismo. Veremos qué pasa, por ahora, el proceso está abierto.