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El Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) ha validado las firmas presentadas por la derecha que equivalen al 1% del censo de votantes, primer paso para llevar a cabo un referéndum revocatorio contra Nicolás Maduro. El siguiente trámite es la recolección de un número de firmas igual o superior al 20% del censo. Una vez verificadas, el órgano electoral procederá a fijar la fecha del referéndum.

Este trámite inicial apenas debería ocupar un espacio reducido en los medios de comunicación. Se trata de un acto administrativo imbuido de normalidad democrática. Obviamente, hay que dar cuenta de él, pero la verdadera noticia llegará con el paso de los meses, en el caso de que se verifique la consecución del 20% de firmas y, posteriormente, la designación del día del revocatorio.

Sin embargo, la derecha ha recibido la aprobación del 1% de las firmas como una victoria contra el supuesto autoritarismo chavista. La presión popular de los luchadores por la libertad -siempre según el relato opositor- habría obligado al “régimen” a ceder. La recuperación de la democracia está un peldaño más cerca. La prensa, tanto venezolana como internacional, ha concedido una amplia cobertura a la decisión del CNE, adhiriéndose siempre a la interpretación derechista.

Es evidente que se trata de una construcción mediática. Los trámites para el revocatorio, simplemente, han seguido su cauce. Cualquier persona que durante estos años haya observado a Venezuela de forma desapasionada habría predicho la normalidad del proceso. No se trata de una afirmación ventajosa, hecha con posterioridad a la declaración del CNE. Ya en el pasado mes de mayo, en esta misma página web del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, se adelantaban los acontecimientos[1].

En ese mismo artículo también se explicaba la estrategia que viene siguiendo la derecha y que queda una vez más refrendada con su reacción ante la validación del 1% de las firmas: denuncia mediática de que el Gobierno va a impedir un trámite; aprobación de dicho trámite; presentación de una decisión gubernamental rutinaria como una victoria popular. La estrategia queda, por supuesto, limitada a sus élites políticas y mediáticas. No hay tal presión de la calle. La única concentración tras el anuncio del CNE apenas reunió a unas pocas decenas de personas. Las fotografías se limitaban a planos cortos con una presencia profusa del diputado Miguel Pizarro, cuya imagen concuerda con uno de los estereotipos que el neo-neoliberalismo quiere vender: relativamente joven, tatuajes cubriendo sus brazos y exmiembro de un grupo de rock. Poco o nada se sabe de su ideario político.

La estrategia de acoso continuará en las sucesivas etapas del revocatorio. La derecha no tiene otra agenda más que el derrocamiento de Maduro. Han pasado ocho meses desde que ganaran las elecciones legislativas prometiendo corregir la situación económica. No se les conoce ninguna iniciativa en este sentido. En buena parte del voto cosechado entonces, prestado y volátil, comienza a cundir el desencanto ante el incumplimiento de las promesas. La derecha lo sabe, pero no puede revelar su verdadera propuesta neoliberal. Es difícil atraer un voto masivo con un programa de recortes, privatizaciones y subidas de precios y el ejemplo de Macri está a la vuelta de la esquina. Por eso huye hacia adelante, con el convencimiento de que cuanto peor, mejor.

 

[1] http://www.celag.org/la-presion-popular-inexistente-por-alejandro-fierro/