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“…cuando algo es presentado con unanimidad, es una señal. Nada es claro en el mundo. Debes preguntarte ¿es correcta esta visión?” (Chomsky, 2001)

 

La campaña del gobierno estadounidense y los medios hegemónicos en contra de Venezuela es de larga data y sin dudas encontró su punto más álgido en el apoyo de estos sectores al Golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez, en el 2002[1].

Luego del fallecimiento del líder venezolano se agudizó la arremetida contra el gobierno de Maduro y los sectores que lo apoyan (a nivel nacional e internacional). Esto ha llevado a los paladines del liberalismo al extremo de defender acciones violentas y anticonstitucionales –perpetradas por personas y grupos de la oposición al gobierno en febrero de 2014– en “nombre de la democracia y los derechos humanos”.

Pero lo hasta aquí dicho es una historia ya conocida que tendió a posicionar al público a favor o en contra del chavismo, de Venezuela, etc. con escasa información de cómo se organiza una campaña en contra de un gobierno que cumple con las normas de la democracia liberal procedimental e intenta reformas sustantivas. Trataremos de aportar a este vacío, centrándonos en dos pilares de la campaña en contra de Venezuela planteada desde Estados Unidos y en permanente articulación con la elite de la oposición venezolana.

El primero es el de los think-tanks, organismos que “producen conocimiento” para asesorar a gobiernos y al sector privado. Es fundamental aclarar que reciben financiamiento de gobiernos, empresas multinacionales, fundaciones y de determinados individuos, asunto que desde un inicio nos invita a cuestionar qué intereses intentan cubrir con sus investigaciones y publicaciones. Los insumos generados por estos organismos suelen fluir hacia el espacio académico (universidades, institutos de investigación, etc.) y, muy especialmente, aparecen de modo indirecto o directo en la información publicada en medios masivos (TV, diarios impresos y en línea, sitios web de agencias de prensa, etc.). Así, la prensa constituye el segundo pilar, que se nutre en buena medida de la voz de los expertos de estos think-tanks.

Los Think-Tanks y la academia

Desde inicios de 2015, en el contexto de los procesos eleccionarios en varios países América Latina y ante la profecía “del fin de ciclo progresista”, Venezuela fue colocada más que nunca en el centro de atención, y se realizaron diversos eventos sobre el tema en EEEUU. El 9 de junio de 2015 se llevó a cabo una conferencia coordinada por el Wilson Center[2] “Democracia y gobernabilidad en las Américas” a la que asistieron no sólo expertos y políticos estadounidenses, sino también latinoamericanos[3]. Allí se anticipó que la preocupación principal de los ciudadanos latinoamericanos es la falta de transparencia en las instituciones y la corrupción, en un contexto de caída del precio de las commodities. Se expresaron al respecto el embajador de Chile en EEUU, Juan Gabriel Valdes; Daniel Zovatto[4], Director regional de América Latina de IDEA (Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, organismo sueco); Paulo Sotero, director del Instituto de Brasil en el Wilson Center; Eduardo Bohórquez, Director de Transparencia Mexicana; Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial. También dieron su opinión Cynthia Arnson, Directora del Programa sobre América Latina del Wilson Center; María Herminia Tavares de Almeida de la Universidad de San Pablo (Brasil); Roberto Russell de la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina) y Richard Feinberg, de la Universidad de Política Global y Estrategia de San Diego (California). El evento lo cerró Roberta Jacobson, ex secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental y actual embajadora de EEUU en México, enfatizando en la “necesidad de que otros países latinoamericanos demanden la libertad de opinión en Venezuela, incluyendo la liberación de presos políticos”.

Este encuentro da cuenta de los vínculos entre gobiernos, el sector privado (los think-tanks y fundaciones) y la academia, tanto de EEUU como de América Latina. Se trata de una elite intelectual y política que se muestra como “neutral” y “seria” en sus opiniones. Sin embargo, llama la atención que no se haya invitado a representantes de los gobiernos progresistas de la región, para que compartieran su visión sobre estos asuntos. Además, como se puede corroborar en las notas al pie, ni los organismos que organizaron el evento ni los conferencistas son “neutrales”: tienen un historial político y forman parte de una red de intereses asociados a la expansión de las inversiones de las empresas transnacionales y las ideas necesarias para legitimar este avance de petroleras, empresas de software, de entretenimiento y de la infaltable industria militar.

El 23 de junio de 2015 el Council on Foreign Relations (CFR)[5] organizó un foro de discusión sobre Venezuela: “Actualizando Venezuela: política interna y relaciones regionales”[6], al que fueron invitados Patrick Duddy de la Duke University y ex embajador de EEUU en Venezuela; Miguel A. Santos de la Harvard Univeristy y Carl Meacham, Director del programa de las Américas del Center for Strategic and International Studies (CSIS)[7]. Al inicio de la conferencia, a modo de contextualización se afirmó que: “la gente ve lo que pasa en Venezuela y tiene miedo, no solo por la inestabilidad interna sino por las implicancias que eso puede tener para la región”. Este tipo de frase apelan a la inestabilidad como antesala para una intervención que garantice la estabilidad, estrategia utilizada especialmente durante la Guerra Fría, pero que se ha convertido en una herramienta de poder blando permanente.

El 20 de noviembre de 2015 el Inter American Dialogue (IAD)[8] llevó a cabo otro evento sobre las elecciones en Venezuela titulado: “¿Las elecciones en Venezuela pueden ser limpias y justas?”. Acudieron al encuentro Daniel Zovatto de IDEA y también vinculado a la Brookings Institution[9] y Cynthia Arnson del Wilson Center (estos dos últimos, habían asistido al evento organizado por el Wilson Center anteriormente mencionado). Con respecto a las elecciones en Venezuela, aseguraban: “el descontento de la gente junto con las dificultades económicas puede generar disturbios políticos y está la posibilidad de violencia luego de las elecciones”. Es decir, se vaticina un escenario de caos, donde “alguien” deberá intervenir para poner orden. Además, Zovatto criticó el tipo de acuerdo con la UNASUR como observadora de las elecciones, asegurando que la misión tiene un mandato “anémico” que pondrá en riesgo la credibilidad del proceso electoral tanto en el país como en la región. Otro escenario de caos que intenta naturalizar una intervención para imponer la paz.

La prensa y el gobierno estadounidense

Unos días atrás, Carl Meacham (que mencionamos más arriba, del CSIS) twiteó: “#Vzla narcoregime desperate to retain power spells disaster. Could oppn take power? Would anyone buy a Maduro win? http://wapo.st/1MZm4Re[10]. Se trata de un link a un artículo del Washington Post del 30 de noviembre titulado “Venezuela enfrenta elecciones decisivas sin árbitro”. En este artículo se asegura que el “’Chavismo’ llegó al gobierno por medios electorales, pero considera su permanencia en el gobierno como parte de una ‘revolución’ que desprecia, al menos en la retórica, las normas democráticas como alternancia en el poder y división de poderes”. Agrega que: “Las encuestas muestran que Maduro perderá. Pero sabiendo que habrá pocos observadores internacionales monitoreando la elección, cualquier otro resultado que lleve a ganar a la oposición conducirá probablemente al fraude”[11]. Esta afirmación es una provocación al gobierno venezolano y una descalificación de sus instituciones y de los organismos convocados para el monitoreo. Pensemos que sería nada menos que un escándalo si el próximo año, en vísperas de las elecciones estadounidenses, cualquier medio de prensa latinoamericano se pronunciara poniendo en duda la “transparencia” del sistema electoral de ese país.

Es interesante advertir también que la Sociedad Interamericana de Prensa (organismo históricamente vinculado a la prensa hegemónica) se ha solidarizado con la oposición venezolana, colgando en su página la ayuda que brindará la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) a los medios extranjeros que quieran cubrir las elecciones[12].

Por su parte el Financial Times agrega: “Los gobiernos tendrán que apoyar a Venezuela en este proceso democrático y mantener al gobierno venezolano en línea si intenta abusar de su poder. Por demasiado tiempo muchos países, especialmente en América Latina, han hecho la vista gorda a los sucesos en Caracas (…) Esto ha sido malo en términos morales y producto de la miopía política”. Así, la prensa estadounidense señala con el dedo lo que “ha sido mal hecho” en la región. El New York Times se suma nada más y nada menos que con un editorial retomando las advertencias de la OEA sobre la dudosa “transparencia” de las elecciones en Venezuela y concluye que “Un nuevo liderazgo en el Congreso venezolano puede dar al país un bienvenido cambio. El país necesita desesperadamente reparar una economía devastada, así como reconstruir sus instituciones democráticas que se han debilitado durante el mandato de Maduro”[13].

Vemos que todos los artículos dan indicaciones de cómo hacer “bien” las cosas, respetando la democracia y los derechos humanos, y reprochan la complicidad de los demás gobiernos latinoamericanos con respecto a Venezuela. Se desprecian así los avances realizados en cuanto a instituciones regionales como la UNASUR, la CELAC y la ALBA, que no son suficientemente “serias”, desde la perspectiva estadounidense, que prefiere confiar en la Organización de los Estados Americanos (organismo que a pocos años de su entrada en escena perdió legitimidad al quedar evidentemente subsumido a las decisiones estadounidense).

De acuerdo a lo revisado, la única aproximación crítica en EEUU a la campaña de la oposición venezolana ha sido un artículo publicado por Foreign Policy y difundido por el programa Democracy Now! de Amy Goodman[14]. Podemos sumar a esto algunos artículos de Mark Weisbrot del Center for Economic and Policy Research de Washington.

Por último, pero de una gran importancia, como corolario de esta campaña en contra del gobierno venezolano y el pueblo al que representa, el Congreso estadounidense organizó el 30 de noviembre un encuentro para discutir sobre las elecciones y los derechos humanos: “Venezuelan Elections at a Time of Human Rights Concerns”. Los organismos que organizan el evento son la National Endowment for Democracy; Human Rights Watch; la Robert F. Kennedy Human Rights y el Latin American Herald Tribune. En representación de la NED –organismo seriamente cuestionado por su injerencia en asuntos internos de Venezuela[15]– acudió Miriam Kronblith que hace años se dedica a difundir que en Venezuela impera una democracia autoritaria, pues a pesar de respetar los mecanismos formales, habría “abuso de poder”[16]. Así, las múltiples instancias de voto llevadas a cabo durante los gobiernos de Chávez y Maduro “no valen” (aunque se circunscriban a las normas de la democracia liberal procedimental).

La cantidad de datos precisos brindados aquí intenta contribuir a la “desmitificación” de la teoría de la conspiración, argumento que las derechas suelen utilizar para descalificar las visiones críticas. No se trata de una “conspiración” sino de una red que vela por determinados intereses que han sido amenazados de un modo u otro desde la asunción de Chávez al gobierno Venezolano, mediante políticas y lineamientos que responden a las necesidades y deseos de unas mayorías históricamente postergadas que hoy están decididas a apropiarse de su dignidad, de su presente y su futuro.

[1] Algunos materiales que dan cuenta de esta complicidad pueden encontrarse en los siguientes documentales: Al Sur de la Frontera, de Oliver Stone (2010); La guerra de Estados Unidos contra de la democracia, de John Pilger (2007).

[2] El Wilson Center se declara como organismo “independiente”. Sin embargo, esto queda en duda cuando observamos los datos sobre las corporaciones que “regalaron” dinero a la institución en el 2014: entre 100 mil y 250 mil dólares, Northrop Grumman y Boeign (empresas armamentos); entre 50 mil y 100 mil dólares, el Bank of America, Goldman Sachs & Co., Citigroup (principales especuladores financieros de Wall Sreet); otros donantes (no se aclara el monto) son Exxon Mobile, Shell Oil Company; FedEx; Microsoft; Time Warner Inc. Así, el espectro va desde las principales petroleras y las empresas de software hasta el mundo del espectáculo. https://www.wilsoncenter.org/donors.

[3] https://www.wilsoncenter.org/event/transparency-governance-and-foreign-policy-meeting-the-challenge-the-americas

[4] En un artículo publicado por la Brookings Institution, Zovatto (29 julio 2015) lanza afirmaciones totalmente erróneas como que ante el escenario electoral adverso al oficialismo para el año 2015, el gobierno decide recurrir a la represión y encarcelar a miembros de la oposición. Ver: http://www.brookings.edu/research/opinions/2015/07/29-venezuela-elections-zovatto. Para aquellos que estén mínimamente informados, esta afirmación es falsa, pues el proceso y encarcelamiento de los líderes de oposición está vinculado a la violencia y los asesinatos resultados de manifestaciones durante el mes de febrero de 2014.

[5] El CFR es la expresión institucional más acabada sobre la íntima y fluida relación establecida por el aparato estatal de toma de decisiones conducido por la presidencia imperial, con los representantes de la cúpula empresarial y financiera y sus voceros de la academia. Saxe Fernandez, John (2006) Terror e Imperio, México, Arena, p. 62.

[6] http://www.cfr.org/venezuela/assessing-venezuelas-economic-strategic-position/p36686

[7] Entre los sponsors del CSIS encontramos empresas y fundaciones que donan más de 500 mil dólares: Aramco Services Company,Bank of America, Chevron,Exxon Mobile, Northdrop Grumman; Bill & Melinda Gates Foundation; Smith Richardson Foundation. Las contribuciones de entre 200 y 400 mil dólares provienen de: Carnegie corporation, The William and Flora Hewlett Foundation; las donaciones de entre 50 y 199 mil dólares son brindadas por: The Henry Luce Foundation; The Rockefeller foundation. Entre los donantes gubernamentales de 500 mil dólares están: Japon, Taiwan, Arabia Saudita,Emiratos Árabes, EEUU. Entre sus expertos encontramos a Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinsky. Ver: http://csis.org/support-csis/our-donors/corporations#top

[8] El Inter American Dialogue está compuesto por “expertos” de América Latina y EEUU, entre los que se encuentran ex presidentes, literatos, académicos, etc. en general vinculados a la derecha y al neoliberalismo en la región como: Fernando Henrique Cardoso, Sebastián Piñera, Ernesto Zedillo, Violeta Chamorro, etc. http://www.thedialogue.org/experts/

[9] La Brookings Institution, es históricamente uno de los organismos que le ha dedicado especial atención a las relaciones de Estados Unidos con América Latina, albergando a importantes personalidades vinculadas a la diplomacia estadounidense. Saxe-Fernandez (Op. Cit, 116) sostiene que es una de las principales asesoras del gobierno, especialmente si se trata de una administración demócrata.

[10] “El narcorégimen de Venezuela está desesperado por retener el poder lleva al desastre ¿Podrá la oposición obtener el poder? ¿Alguien comprará el triunfo de Maduro?”

[11] https://www.washingtonpost.com/world/the_americas/venezuela-heads-for-pivotal-election-without-a-referee/2015/11/29/be3f322c-9167-11e5-befa-99ceebcbb272_story.html

[12] http://www.sipiapa.org/notas/1201912-venezuela-elecciones-parlamentarias-el-6-diciembre

 

[13] http://www.nytimes.com/2015/11/18/opinion/venezuelas-threatened-elections.html?_r=0

[14] http://www.democracynow.org/2015/8/5/the_making_of_leopoldo_lopez_an

[15] Allard, G. y Golinger, E. (2009) USAID, NED y CIA. La agresión permanente. Caracas: Ministerio del poder Popular para la Comunicación y la Información.

[16] Kornblith, Miriam (2013) “Chavismo after Chávez?”Journal on Democracy, vol 24, n 3, National Endowment for Democracy & John Hopkins University, pp. 47-61

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