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Por Alfredo Serrano Mancilla / Esteban De Gori


Argentina sigue inmersa en una intensa y mareante vida electoral. En los últimos meses, ha habido elecciones a casi todo: dos en las provincias más importantes del país, Santa Fe y Córdoba; hace poco fue el turno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA); este pasado 14 de Agosto tocó –por primera vez en la historia del país- las elecciones PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) que eligen candidatos a presidente y vicepresidente, candidatos a los diputados nacionales que se renuevan (la mitad), y a los senadores de ocho provincias; además, cuatro provincias, entre ellas Buenos Aires, que representa casi el 40% del padrón electoral, eligen a sus candidatos a gobernadores. Esto no termina aquí porque el 23 de Octubre de este mismo año tiene lugar las elecciones presidenciales.

El trono de Macri en la Capital

La cuestión central de las elecciones en la CABA era conocer si el antiguo presidente del equipo de fútbol Boca Junior, hijo de millonario y referente de la nueva derecha argentina, Mauricio Macri, con su partido, Propuesta Republicana (PRO), volvía a revalidar su gobierno en la capital argentina frente a la fórmula del Frente para la Victoria (FpV), partido del kirchnerismo: Filmus (candidato ya en las anteriores elecciones a la capital y ex ministro de Educación) y Tomada (ministro de trabajo del actual gobierno). La primera vuelta ya adelantó buena parte del desenlace final, y luego, todo se ratificó en la desapercibida segunda vuelta: Mauricio Macri volvió a vencer en la CABA de manera contundente (64,25% de los votos). Así se constataba que Macri no tiene rival a pesar de los numerosos escándalos que le han ido descubriendo (el más sonado, las escuchas ilegales a buena parte de sus adversarios políticos).

Los análisis políticos de estos resultados electorales son muchos y variados. Muchos se inclinan a creer que la elección del candidato (Filmus) no fue la decisión más acertada para derrotar a esta nueva derecha argentina. La propuesta kirchnerista parecía apostar a caballo perdedor por tratarse de un candidato que ya había perdido las elecciones pasadas, además de un ministro de educación de salida y con un perfil muy académico distanciado de las formas peronistas. La propuesta de Filmus, basada en un interesante debate acerca de la importancia del Estado en la nueva forma de hacer política, no pudo granjear votos de las clases más populares, ni de la clase media más acomodada, y mucho menos de los barrios más ricos. Más allá de la idoneidad del candidato, sí existe la duda acerca del papel de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), en torno a esta elección: unos sí creen que la Presidenta prefirió no perder una nueva pieza en unas elecciones que ya se antojaban muy complicadas para el oficialismo, y otros consideran que la Presidenta no tuvo fuerza en la capital para poner al candidato deseado y aceptaba así el pedido de sus bases capitalinas.

No obstante, este resultado electoral no puede ser explicado en exclusividad por las características del candidato elegido. Hay mucho más que decir acerca de la nueva estrategia de Macri, en las manos del asesor Durán Barba, basada en un cambio muy llamativo de estética, alejado de la vieja derecha conservadora (y proveniente de la oligarquía del campo argentino), procurando dar una imagen más “modernizada”, mostrada más como gestora distanciándose de cualquier discusión de lo que ellos llaman la “política”, y con un lenguaje que apelaba a la poca confrontación y mucho consenso. Esto fue acompañado de una estrategia fundamental de “venderse bien” entre todas las capas de la sociedad, manejando un discurso suficientemente vacío como para acomodarlo tanto a los sectores más enriquecidos como a la población más empobrecida.

Fue un golpe duro para el oficialismo por la importancia de la capital en la política nacional, y por la consolidación de una nueva oposición en un segundo periodo de gobierno, preparándose así para competir en las próximas elecciones de 2015. Macri, después de pensárselo durante un buen tiempo, decidió -con encuestas en mano- no competir con la Presidenta para octubre de este año, y sí abonar el terreno para las elecciones de 2015 a las que, según la actual constitución, la Presidenta, de ganar en éstas, no podría presentarse.

Santa Fe y la aparición del candidato-humorista

En esta otra provincia –uno de los principales bastiones del “campo” argentino- de importancia económica y poblacional, el oficialismo sufrió otro varapalo. El favorito ganó las elecciones (con el 38,7%); Bonfatti, que fue puesto a dedo por el antiguo gobernador, Binner, del Partido Socialista, venció tal como preveían todas las encuestas. La sorpresa estuvo en el segundo lugar; un humorista, Del Sel, candidato del PRO, obtuvo el 35% de los votos, arrebatándole esta posición al candidato kirchnerista, Rossi, quien fue presidente del bloque oficialista de diputados y una de las cabezas más visibles en la gestión del conflicto del “campo” de hace dos años y que supuso el momento más complicado en el periodo kirchnerista.

El kirchnerismo tampoco logró consolidar a su candidato y articular todos los espacios oficialistas de esta provincia en rededor de su figura. Todo parecía indicar que el “campo” pasaba factura a la Presidenta. Aparecía con fuerza fuera de la capital, como segundo partido en importancia, el partido macrista, afianzándose aparentemente como proyecto nacional en el horizonte 2015. Si bien parecía encontrarse en el “campo” la única explicación del voto a Del Sel, también podemos observar que la reafirmación de la autonomía provincial frente al gobierno nacional fue un plusvalor de significación para comprender las formas de interpretación que el Gobernador de Santa Fe estableció en su conflicto con el Gobierno Nacional. Forma de interpretación que fue apropiada por Del Sel y por algunos sectores del peronismo que apoyaron su candidatura.

En Córdoba, más de lo mismo

De la Sota volvió a ganar las elecciones en la segunda provincia en importancia del país. El jefe del peronismo cordobés, no alineado con el kirchnerismo, ni tampoco con la disidencia, volvió a arrasar en las elecciones con un 47,13% de los votos; en segundo lugar quedó el representante del radicalismo (Unión Cívica Radical, UCR); y el tercer lugar fue para Juez, el candidato del Partido Socialista. En este caso, el kirchnerismo no presentó candidato renunciando a una provincia determinante en la vida política del país, y que sigue en manos del peronismo más de derechas.

Desde la Casa Rosada se seguía con una apuesta no ganadora en esta provincia, sin querer mostrar ninguna carta que pudiera ser derrotada por el viejo peronismo conservador de la provincia en manos de De la Sota. A su vez, este candidato no forzó en su campaña ningún enfrentamiento con CFK, y “cordobizó” al máximo todas sus intervenciones. Después de sentirse abrumadoramente ganador, sí fueron muchos los que quisieron pescar en esa red de cara a las elecciones presidenciales; De la Sota no guiñó el ojo a ninguno, y no es descartable que sea otro de los candidatos para el 2015. Todos siguen siendo muy conscientes del apoyo masivo a la Presidenta para este octubre a pesar que el kirchnerismo no haya sabido descentralizar este apoyo hacia otros candidatos en provincias muy importantes.

Nuevamente, en esta elección, debe advertirse el “peso” de una identidad regional y provincial construida al calor del conflicto con el Gobierno Nacional. Conflicto, en el que, como observamos, salió beneficiado el oficialismo. Su lejanía de CFK, no sólo debe entenderse como una distancia ideológica, sino el distanciamiento simbólico de la capital del país y territorio de residencia del Gobierno central.

Elecciones PASO: el triunfo de Cristina

Las elecciones PASO, en su formalidad, elegían a los candidatos para ser presidente y vicepresidente dentro de cada partido, además de candidatos a diputados y senadores en algunas provincias. Estas elecciones también eran válidas para elegir al candidato a la provincia de Buenos Aires (diferenciada de la capital federal) que supone –nada más y nada menos- que el 37,5% de todo el padrón electoral nacional. Estas elecciones PASO obligaban a participar a todos los ciudadanos, y sólo podrían elegir a un candidato de entre todos los partidos. Aspecto éste que fue desvirtuado porque ningún partido presentó alternativas, y cada uno ya había decidido internamente a su candidato eliminando cualquier carácter de primaria de dichas elecciones. Esto fue el tema más controvertido de estas elecciones, unido al establecimiento del umbral del 1,5% de los votos que se exigía superar por cada partido para participar en las elecciones presidenciales del 23 del octubre del 2011. Muchos hablaban de unas elecciones con más espíritu de encuesta que otra cosa: para la Presidenta, para saber en qué porcentaje aventajaba y si podía ganar en primera vuelta; para los opositores, para conocer cuál era su apoyo en cada caso, y determinar al “opositor” de la Presidenta para forzar una posible segunda vuelta.

Todo se dilucidó de manera muy rápida y esclarecedora, al menos para la Presidenta, quien ganó arrasando con más del 50% de los votos. Algo que no sucedía desde la época del general Perón. La Presidenta no dejó ninguna duda de su liderazgo y su hegemonía en todo el territorio nacional, ganando en votos en todas las provincias del país, salvo en San Luis. La Presidenta superaba así cualquier vacilación que pudiera haberse suscitado sobre ella después de la gestión del conflicto del campo y posteriormente a la muerte de su marido (Nestor Kirchner). Estos resultados daban un vuelco a muchas predicciones y análisis intencionados que procuraron cuestionar a CFK después de la ola de secuelas de las elecciones a nivel provincial. La Presidenta se constituye así de manera incontestable en la máxima favorita para las elecciones presidenciales ganando en primera vuelta [3] .

La estrategia de CFK fue simple: centrarse en destacar todo lo hecho hasta el momento con una especial mención a la estabilidad política proporcionada al país después de la crisis política entre 2001 a 2003, sin renunciar a marcar el rumbo de todo lo que aún falta por hacer. Para ello, el elegido como candidato a la vicepresidencia es el actual ministro de economía Amado Boudou. Este hecho era algo fundamental después que el anterior vicepresidente Cobos fuera uno de sus máximos opositores durante su gestión. El candidato a vicepresidente daba signos permanentes de lealtad a CFK. Boudou había destacado por haber sido uno de los grandes artífices de la recuperación para el Estado de los fondos de pensiones para los jubilados en Argentina cuando fue director del ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social). No obstante, este joven economista tiene una formación de corte fuertemente neoliberal, y muchos también han interpretado esta elección como una suerte de guiño a eso que muchos se jactan en llamar los mercados internacionales; en los últimos meses, Amado Boudou ha sido el encargado de manejar toda la cuestión de la deuda con el Club de Paris.

La Presidenta ha sabido tejer alianzas con un amplio espectro de organizaciones sociales. Las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo se han constituido como uno de los principales aliados del actual gobierno. El kirchnerismo ha tenido esta política y bandera desde sus primeros pasos; en ningún momento le tembló el pulso a la hora de luchar por la memoria como uno de los mejores cimientos para construir el presente y el futuro. Son muchos los juicios, y no menos importantes los gestos que ha llevado a cabo el FpV para superar la transición basada en la ley de punto final, y así construir una nueva institucionalidad del Estado sin el andamiaje de la dictadura.

Por otra parte, están la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Confederación General del Trabajo (CGT) para las cuales el kirchnerismo entabló durante el último tiempo una compleja relación. Con el sector más cercano al Gobierno Nacional de la CTA, el kirchnerismo construyó un vínculo fundamentado en la participación de este actor sindical en la discusión sobre el salario, mínimo, vital y móvil. Si bien en términos reales la capacidad de la CTA está menguada por su quiebre político (hay que recordar que el otro sector de la CTA primero se implicó con Pino Solanas y actualmente está relacionado con el espacio de Binner), aun es un actor simbólicamente significativo, ya que representa la central alternativa a la CGT. En relación con las elecciones, sus dirigentes, entre ellos Hugo Yasky, alentó la continuidad de Cristina Fernández y colaboró en la resolución de posibles conflictos sindicales.

La CGT, a sabiendas de su poder y capacidad, siempre mantuvo con la Presidenta una relación en tensión. Ésta no sólo se baso en la puja distributiva, sino en la incorporación de dirigentes de la CGT en las listas para diputados y senadores. CFK apostó por las dirigencias políticas frente a las dirigencias sindicales. Y ello se debe a que la reconstitución de la política y del Estado ha reafirmado las dirigencias políticas sobre las dirigencias corporativas. Es decir, restó lugares de presión, tanto a la CGT como a corporaciones empresariales, en el próximo escenario parlamentario. La estrategia para suavizar la tensión entre la CGT y el Gobierno podría iniciarse con la incorporación de algunos dirigentes sindicales en el próximo gabinete nacional (fundamentalmente en el Ministerio de Trabajo).

Sabatella (Nuevo Encuentro) y D´Elia (MILES, Movimiento de Integración Latinoamericana de Extracción Social) son otros ejemplos de alianzas para la ampliación del espectro político del kirchnerismo. Si bien el espacio de Sabatella tiene mayor capacidad y construcción que MILES, no debe dejarse de lado que ambos espacios son agrupamientos que acompañan críticamente al Gobierno y que tienen incidencia en algunos ámbitos claves de los que se nutre simbólicamente el kirchnerismo. La lucha por el electorado de la provincia de Buenos Aires por Nuevo Encuentro, como su intervención electoral en muchos municipios, da cuenta de un espacio político que va creciendo y ampliando sus formas de participación y adhesión.

Sabatella, como D´Elia, expresan las corrientes profundamente antineoliberales de los apoyos a CFK. Son espacios que están dispuestos a defender al Gobierno y a insistir en que éste amplie los horizontes de posibilidad. Ambos también han manifestado su rechazo por algunos gobernados, como Daniel Scioli o Gildo Infrán, el primero por su mirada conservadora –fundamentalmente, sobre el problema de la “inseguridad” en la provincia de Buenos Aires- y, el otro, por haber realizado una represión contra las comunidades indígenas en la provincia de Formosa.

La Provincia de Buenos Aires, Scioli y el kirchnerismo

El principal enclave electoral del país (37,5% del total) quedó en manos del candidato oficialista, Scioli, con un abrumador 48% de los votos. El Gobernador Scioli, aliado privilegiado del gobierno nacional, incorpora algunas tensiones y fricciones al interior del proyecto kirchnerista. Scioli, ante ello, ha intentado conducir las distintas perspectivas políticas que habitan el complejo universo kirchnerista de la Provincia de Buenos Aires. Una política pragmática con diversos sectores y actores, una astuta adhesión al proyecto nacional y una discursividad escurridiza han caracterizado su forma de ejercicio del poder político en la provincia más importante de Argentina. Los importantes recursos aportados por el presupuesto nacional y las políticas de bienestar desarrolladas desde el Gobierno Nacional y un creciente aumento de los recursos fiscales de la provincia le han permitido a Scioli ampliar las políticas sociales.

Si bien el gobernador Daniel Scioli ha construido una imagen moderada en el kirchnerismo, ante la importante elección primaria de CFK, ha entendido que las formas de enunciación y gestión política desarrollada por la Presidencia no sólo tienen carácter respiratorio en términos sociales, sino que poseen una efectividad electoral muy significativa. Ello, en parte, lo acerca a la Presidencia y a los resultados que se abrirán en el futuro. En relación con la Presidenta, el caudal electoral obtenido por ésta y Scioli los coloca a ambos en una situación de paridad. Esta situación, fundamentalmente, beneficia a la Presidenta sobre todo por la contundencia de su triunfo en casi todas las provincias del país. Pero esta paridad puede desgranarse si a partir del segundo gobierno de CFK se abre una lucha por la sucesión presidencial. Para contener dicha disputa, la Presidenta logró incorporar a la lista del Gobernador al candidato a vicegobernador (Gabriel Mariotto, uno de los funcionarios más implicados en la nueva Ley de Radiodifusión) y a los primeros candidatos para la lista de diputados nacionales por la Provincia de Buenos Aires.

La no oposición

Los resultados de las elecciones PASO provocaron un seísmo en el amplio conglomerado de la oposición política. El 12% de votos obtenidos tanto por el segundo, Ricardo Alfonsín (por la Unión Cívica Radical), como por el tercero, Duhalde (vicepresidente con Menem, ex presidente y fuerte representante de la derecha peronista) dan cuenta de la percepción de los ciudadanos y ciudadanas sobre la oposición política. También al interior de dichos espacios políticos comenzaron a vislumbrarse críticas, fisuras y fragmentaciones. Fundamentalmente porque el resultado de CFK se experimentó como una sorpresa absoluta frente a sus percepciones. Es decir, los opositores construyeron una mirada y un diagnóstico muy pobre a la hora de evaluar las estrategias de socialización y de adhesión política construidas por el kirchnerismo. Apostaron estos dirigentes, como Pino Solanas y Carrió, a que la ofensiva mediática de Clarin y La Nación lograra erosionar al oficialismo y en esa espera apostaron a suplir sus propias estrategias por las brindadas por estos grupos mediáticos.

Las elecciones arrojaron otros resultados negativos para dos espacios que habían mantenido una significativa performance electoral en los últimos tiempos. Tanto Proyecto Sur (Pino Solanas) como la Coalición Cívica (Elisa Carrió) tuvieron una elección paupérrima. El 0.68% y el 3.23% logrado por estas agrupaciones respectivamente, las coloca al borde de la disgregación de su estructura, como de representaciones políticas. Y ello, en parte, no sólo se debe a sus planteamientos, sino a la incapacidad de articular una fuerza militante en todo el país y de combinar sus propias fuerzas con las fuerzas de otros espacios.

El Frente Amplio Progresista dirigido por Hermes Binner, integrado por el Partido Socialista, un sector de la CTA, Libres del Sur y el Partido Nuevo de Córdoba, se tornó una fuerza opositora obteniendo un significativo 10% (sobre todo entendiendo que era la primera vez que se presentaban de manera conjunta), y mostrando capacidad de ampliar para las elecciones de octubre. Las bases sociales aportadas por cada uno de estos espacios y una interpelación crítica más moderada hacia el kirchnerismo le granjeó ese buen resultado. Este agrupamiento combina diversas percepciones y discursividades que van desde la defensa abstracta del campo, la moralización de la política, así como la defensa de cierto autonomismo frente al poder central.

La apuesta de Mauricio Macri y del PRO de desentenderse del alineamiento con cualquiera de los candidatos a presidente le trajo aparejado cierto rédito. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no apostó por nadie, procurando así reservar su figura y su apoyo para otras batallas electorales. No enfrentó a CFK, por lo cual no transitó el desgaste necesario que supone una derrota electoral.

En síntesis, la crisis del centro derecha como articulación discursiva y apuesta política ha sido develada por las elecciones PASO. Éstas dieron cuenta de la profundidad de las transformaciones simbólicas y políticas que ha realizado, con diversas intensidades, el kirchnerismo. Las elecciones también mostraron la inviabilidad de los grupos económicos por conseguir un candidato (único) subordinado a sus intereses. Esto, de alguna manera, hace más vulnerables políticamente a las corporaciones empresariales, sobre todo a aquellas que apostaron directamente por forjar una propuesta opositora.

En términos generales, si bien el centro derecha hizo una excelente elección en la Ciudad de Buenos Aires y en Santa Fe, debemos advertir que ante la politización y sociabilidad emprendida por el kirchnerismo a nivel nacional, este conglomerado vio acotadas sus referencias nacionales y sus posibilidades como alternativa a sustituir a CFK.

Lo que la urna nos dejó, la politika

¿Por qué los ciudadanos y ciudadanas votaron a Cristina Fernández? La respuesta o respuestas a esta pregunta se encuentran en debate. La centroderecha y los sectores patronales del campo –fundamentalmente, el Presidente de la Sociedad Rural- comienzan a plantear que el voto a Cristina se explica por la situación económica. Es decir, para estos actores lo que funcionó fue el voto-económico.

Ahora bien, esta respuesta no sólo es pobre, sino que intenta vincular la masividad del voto a Cristina con los votos que le dieron la reelección a Carlos Menem (el cual fue explicado como voto-cuota). Por lo tanto, la asociación del triunfo de Menem con el de Cristina no es ingenua sino que busca desgastar –bajo cualquier forma- la figura de la Presidenta. Ante cualquier logro electoral de la Presidenta o del legislativo, la figura de Menem aparece siempre como plausible de ser asociada por parte de la oposición política a las estrategias del kirchnerismo.

Entonces, una respuesta más o menos compleja tendría que considerar aquello que logra combinar un conjunto de motivaciones que llevan a millones de personas a votar por Cristina Fernández. Un aspecto que logró combinar todas esas motivaciones, en principio, tiene que ver con la construcción de un nuevo horizonte de expectativas. Es decir, el kirchnerismo, no sólo repolitizó el presente sino que en ese mismo momento repolítizó la posibilidad cierta de futuro. De esta manera, el kirchnerismo comienza a transformarse en una narratividad con densidad temporal e histórica y en una forma singular de ejercer la ampliación de derechos ciudadanos y sociales.

Otro aspecto que está inscrito en este nuevo horizonte de expectativas es la propuesta de bienestar configurada por el kirchnerismo. Pero el bienestar no sólo es una categoría económica, sino una categoría integral que está compuesta por la consolidación del entramado de instituciones educativas, sanitarias y sociales iniciada en el 2003. Este bienestar y entramado de instituciones fue suscitando una subjetividad, a veces poco predecible, que ante la necesidad de decidir sobre su presente y futuro inmediato prefiere adherir y apoyar a un proyecto con bases sólidas.

A su vez, otra cuestión que articularon las motivaciones frente al voto fue la identificación con el liderazgo de CFK. Dicha identificación está asociada a las políticas desarrolladas, a la discursividad que suscitó en torno a los derechos sociales y al padecimiento que provocó la muerte de Néstor Kirchner. Pero dicho padecimiento no es compasión, ni búsqueda de la misma, sino que está relacionado con una compleja identificación de la muerte con el padecimiento de la pérdida que sufren los sectores populares. Es decir, el padecimiento por la muerte de Néstor Kirchner se ha transformado contingencialmente en un lenguaje corporal, gestual y político que posee una profunda identificación con los sectores populares.

El día después

En estos días de resaca aún electoral, los debates políticos también centran su atención en dos importantes desafíos: la sucesión electoral y la respuesta argentina frente a la crisis económica.

Las expectativas en las elecciones parlamentarias auguran una mayoría parlamentaria en la Cámara de Diputados, como de Senadores. Estas mayorías, además de acompañar las leyes del Ejecutivo, serán un actor clave en una discusión que comenzará tan pronto asuma CFK su segundo mandato: la sucesión presidencial. La sucesión presidencial se debatirá al interior del kirchnerismo. Una posibilidad es que CFK apoye a Scioli o bien que intente –con el conflicto político que esto generaría- la construcción de un candidato o candidata. Otra posibilidad es alentar una reforma constitucional que habilite por otros períodos a la propia Cristina. Si bien esta posibilidad no tiene mucho asidero en la actualidad, el sólo hecho de plantearlo como posibilidad abriría una profunda disputa al interior del kirchnerismo con consecuencias insospechadas. De hecho, las corporaciones mediáticas -La Nación y Clarín- han blindado esta posibilidad para intentar promover disputas al interior del kirchnerismo y, por ende, construir un escenario de clausura de cualquier reforma constitucional.

Por otro lado, en lo económico, Argentina se encuentra en una situación saludable en cuanto a los indicadores macroeconómicos, y a muchos indicadores sociales. En el periodo kirchnerista son muchas las medidas acertadas: la renegociación de la deuda en default, la ruptura con el FMI, la política de estatizaciones, el fin de las empresas privadas AFJP (Administradora de Fondos de Jubilaciones y Pensiones), la Resolución 125 de derechos de exportación móviles, la Asignación Universal por Hijo, la utilización de reservas para pagar deuda, la estrategia defensiva del empleo y la actividad interna frente a la reciente crisis internacional. El nuevo patrón de crecimiento ha revertido el déficit estructural de la balanza comercial; se pasó de un déficit a un sólido superávit a pesar de una preocupante transnacionalización de la estructura productiva que está implicando un importante giro al exterior de utilidades y dividendos.

El debate económico se inscribe en la polémica sobre el denominado “modelo de desarrollo” y sobre su viabilidad a largo plazo. El neodesarrollismo kirchnerista se enfrenta a varios desafíos: primero, mantener y ampliar la inclusión social para superar las desigualdades; segundo, ampliar las estrategias de inversión pública y privada; tercero, regular impositivamente la circulación de flujos financieros; cuarto, mantener una relación con el dólar que permita importar productos agroindustriales; y quinto, aumentar la regulación impositiva sobre la significativa rentabilidad de los productores agroindustriales. Ahora bien, todos esos desafíos suponen la consolidación y amplificación de una voluntad transformadora de largo alcance que adhiera o apoye estas medidas. Por lo tanto, el mayor desafío consistirá en construir un proyecto político-económico que ponga toda su reflexión y acción en la superación de las desigualdades sociales y en la consolidación de aquellos que se conoce como kirchnerismo.


Publicado en Rebelion.org

Fecha: 26/08/2011