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Por Esteban De Gori


Xiomara Castro nació en 1959, perteneció al Partido Liberal y actualmente es la candidata, con mayores chances, para lograr la presidencia de Honduras en las elecciones de noviembre de 2013. Es esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya, pero su trayectoria política no tiene relación con ese vínculo filial. Xiomara Castro no es una outsider, sino una dirigente que se ha “hecho” en diversas disputas y coyunturas

Organizó –en 2005- un espacio de mujeres del Partido Liberal desafiando al machismo político y fue una activa militante para lograr que Zelaya arribe a la presidencia. A su vez, con el golpe de 2009, Xiomara Castro se sumó a la organización del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), el cual fue integrado por diversos movimientos sociales, por miembros del Partido Liberal descontentos con el golpe y por un conjunto de ciudadanos y ciudadanas –centralmente, jóvenes y mujeres- fatigados por un régimen político y económico excluyente. Construyó su liderazgo en la resistencia al golpe y en la articulación de diversos descontentos sociales contra un orden neoconservador. Fundó, en 2011, el Partido Libertad y Refundación (LIBRE), lo cual provocó la redefinición del sistema político y estableció una novedad histórica y radical: el Partido Libre se introdujo entre los actores que compiten por la presidencia. Es decir, a diferencia de lo que ocurrió con Aristide en Haití y Lugo en Paraguay, los actores que sufrieron el golpe, lograron conducir y “capitalizar” la crisis y resistencia que ese hecho suscitó. Construyeron una fuerza política y nuevas dirigencias.

Xiomara se transformó en un “liderazgo inesperado” –al igual que Zelaya- para la elite empresarial y política de la cual provenía. Ambos consolidaron sus figuras en las críticas al bipartidismo (uno de los más largos de América Latina) y a las corporaciones que representa; al elitismo político poco afecto a la participación ciudadana; al alineamiento con los Estados Unidos y a las maneras de comprender el conflicto social que había legado la Doctrina de Seguridad Nacional y que fue reactualizada para asociar a Zelaya con un “juguete” del chavismo. El debate que el Partido Libre y Xiomara Castro proponen en la campaña electoral no está ceñido a la “agenda securitista”, sino a la refundación de un Estado capaz de intervenir en la economía para lograr mayores cuotas de igualdad (en uno de los países más desiguales de la región) y de regular flujos de capitales que empujan a la concentración de tierras, al desempleo rural, al empobrecimiento y a la financierización de la economía. Se ha sustituido el debate sobre las maras –tan propio de las agencias del Norte-, por la necesidad de establecer una Asamblea Constituyente que instaure otra sociabilidad política. Si bien las derechas golpistas que controlan el Partido Liberal y el Partido Nacional creyeron que el derrocamiento de Zelaya “volvería a equilibrar” el sistema político, lo único que lograron fue su contrario. El golpe de Estado cerró el ciclo de “estabilidad” inaugurado por la llamada “transición a la democrática” (1982) y develaba –de manera acelerada- las desafiliaciones al sistema político y al viejo bipartidismo que la “brutalidad” neoliberal había provocado. De hecho, la poca confianza al sistema político se articuló con un mayoritario rechazo el golpe de Estado.

Xiomara Castro es parte de proceso que transita del rechazo al golpe al establecimiento de un proyecto político. En éste estableció un repertorio discursivo que se sustrae de las agendas neoliberales y geoestratégicas hegemónicas, que se anima a resignificar memorias de lucha –como la huelga del banano de 1954- y que –pese al golpe y a su deseado disciplinamiento- se inscribe en el ciclo de cambios políticos y estatales que abrieron el chavismo y los gobiernos progresistas para América del Sur.


Publicado en Portal del Sur

Fecha: 03/07/2013

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.

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