Un reciente informe de CELAG devela las múltiples falencias de estructura, metodología y principios que atraviesan al FMI.

Comparte:

Cualquier poder, sin control, es peligro. A mayor poder, mayor peligro. Y una garantía para que cualquier “cosa” peligrosa (ya sea un arma, un coche, un reactor nuclear o el FMI) se transforme en desgracia, es la falta de controles y responsabilidad.

Sabemos bien que el FMI tiene poder. Es capaz de provocar daños semejantes a los de cualquier guerra: pobreza, hambre, migraciones forzadas y muertes. Puede hacer daño directamente, rechazando un crédito, un desembolso o desconociendo un Gobierno (como hizo con Venezuela a pesar de que le pidió recursos para enfrentar la pandemia), pero le basta con redactar un “country report” (informes país) desfavorable, hacer declaraciones negativas o proyecciones pesimistas para que el sector financiero haga su trabajo sucio y desate una tormenta en cualquier país.

Lo que no sabíamos es que semejante poder no está bajo ningún control ni asume responsabilidades. El diseño institucional del Fondo está pensado para un staff de Carmelitas descalzas. Sin embargo, en una investigación reciente de CELAG (que lleva el mismo título que esta nota) encontramos que esta institución tiene tantos problemas de fondo que es necesario rehacerla desde sus cimientos.

En primer lugar, el Fondo no tiene principios democráticos. ¡Un tercio! de los 404 acuerdos de crédito otorgados a Latinoamérica se los concedió a gobiernos de facto. El Fondo ha financiado a casi todos los dictadores y después los pueblos tuvieron que devolver los préstamos. Es como recibir un porrazo y luego pagarle la porra al matón. De hecho, el primer crédito que el FMI concedió a la región lo hizo con un dictador peruano y también le prestó dinero a Batista. Le dio 9 créditos al Gobierno de Stroessner, 5 a Pinochet y a la dictadura argentina, pero el récord lo tuvieron los militares salvadoreños que recibieron ¡12! John Lipton, quien llegó a ser subdirector gerente del Fondo hasta 2011 ¡de joven fue el responsable de los préstamos que le diera a Pinochet!

En segundo lugar, las autoridades del Fondo tienen graves problemas de ética. En los últimos 30 años, 3 de sus 5 directores gerentes europeos fueron “condenados” por delitos que van desde la corrupción de Rodrigo Rato y la negligencia de Lagarde (condenada por pagarle 400 millones de euros de más a una empresa cuando era ministra del Gobierno del corrupto Sarkozy), hasta la conducta sexual reiteradamente impropia de DSK.

En tercer lugar, el FMI tiene serios problemas de agencia, también conocidos como puertas giratorias (revolving doors) o doble comando (double hat), porque no se sabe bien para quien trabajan sus directivos. En los últimos 30 años, 3 de los últimos 4 subdirectores gerentes estadounidenses apenas renunciaron pasaron a trabajar en altos puestos de grandes transnacionales bancarias (también lo hizo el español Rodrigo Rato). John Lipsky hizo dos puertas giratorias: dos veces trabajó en el Fondo y al renunciar, las dos veces se colocó en importantes posiciones de la gran Banca e incluso trabajó con el HSBC, el gran lavador de capitales británico. David Lipton, otro subdirector norteamericano, primero le concedió a Macri el préstamo más grande de su historia para financiar la fuga de capitales contra los estatutos del Fondo y ahora trabaja como asesor principal del Tesoro de EE. UU. y será uno de los determinantes de la posición que asuma este país respecto a la renegociación que pidió Argentina al FMI ¡Es difícil encontrar un mejor ejemplo para graficar qué significa ser juez y parte!

En cuarto lugar, el Fondo no asume responsabilidades. No hay sanciones suficientes para disuadir a quienes atiendan su propia agenda. La propia oficina de evaluación independiente reconoce que “carece de disposiciones disciplinarias claras” y, por difícil que parezca, la máxima sanción prevista es ¡el despido!, algo totalmente insuficiente para disuadir las malas conductas de quienes detentan tanto poder y pueden ganar tanto dinero corrompiéndose. El diseño permisivo del Fondo con sus funcionarios y directivos es sorprendente, porque contrasta con las exigencias de buena gobernanza y anticorrupción que pretende de los países que supervisa.

Por último, no está bien diseñado el reparto de poder, que es el reflejo de la geopolítica de 70 años atrás. EE. UU. se reserva la posibilidad de vetar cualquier decisión estratégica y con sus principados aliados puede tomar la decisión estratégica que desee. Ese reparto de poder es ofensivo y somete al resto del mundo, es impropio de una institución de servicio global como se diseñó originalmente el Fondo con la concurrencia del mismo Keynes. Un reflejo de ese mal diseño es la costumbre de nombrar siempre a un europeo como director gerente y a un norteamericano como subdirector. ¿Acaso no podían encontrar una forma de hacer un uso más arrogante del poder que discriminar por nacionalidad? Esta forma poco meritocrática de seleccionar sus principales directivos se extiende también al resto de funcionarios, porque todos tienen una formación económica neoliberal y por eso no sorprende que otro problema de raíz del Fondo sea la nula pluralidad y falta de ideas. El FMI condicionó su ayuda financiera a cambio de que se liberaran el comercio y el movimiento de capitales y estos dos principios hicieron el mundo más vulnerable. Desde que el FMI empezó a exigir estas reglas neoliberales de la globalización, el desembolso promedio que necesitaba hacer para estabilizar las balanzas de pagos aumentó 70 veces respecto al que era necesario antes de los años 90. Parece como si el objetivo del FMI no fuera estabilizar las balanzas de pagos como rezan sus estatutos, sino endeudar a mansalva y no hay que ser muy lúcido para imaginar por qué.

Las bienintencionadas ideas de la postguerra que inspiraron la creación del FMI fracasaron con el FMI. Es indispensable otro Bretton Woods y rehacer esta institución desde sus cimientos, porque es necesario que el Fondo se ponga al servicio de los pueblos, que rinda cuentas y sea responsable de sus actos, que se sancione el negocio de las puertas giratorias, se pluralicen sus ideas y democratice su poder reflejando los equilibrios geopolíticos actuales. El planeta necesita un Fondo, pero no éste.

Comparte:

Guillermo Oglietti

Dr. en Economía Aplicada (UAB). Sub Director de CELAG (Argentina)

Guillermo Oglietti es doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), postgraduado del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires y licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC, Argentina). Dirigió el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio, Economía y Sociedad de la Sede…

Lisandro Vergara

Lic. en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). Actualmente se encuentra realizando el Posgrado en Estructura Económica Argentina de la Universidad Nacional de Avellaneda.