El 10 de Diciembre asumió en el gobierno Mauricio Macri en Argentina. Durante la campaña electoral sus asesores económicos fueron confesando algunas medidas económicas que tomarían en caso de llegar al gobierno basándose en el “sinceramiento de la economía”. Durante la campaña del ballotage, los asesores económicos desaparecieron, no se habló de economía y se acusó al kirchnerismo de hacer “campaña del miedo” por repetir críticamente lo que estos asesores habían adelantado que harían. Un mes después, el miedo dejó de ser parte de una campaña y se instaló en el pueblo Argentino.

Tal como lo habían anunciado o prometido, el gobierno de Macri avanzó con la liberalización de la compra de divisas. Esta medida implicó una devaluación instantánea del 35% del peso argentino que fue incrementándose con el correr de la compra y venta de divisas. Las devaluaciones sirven para compensar la restricción externa de divisas ya que se exporta más por el aumento de la rentabilidad de los exportadores y abaratamiento en el exterior de los ciertos bienes y por el encarecimiento de las importaciones, la cual provoca una baja de las mismas. Sin embargo, este no es el único impacto. Las devaluaciones traen aparejados aumentos de precios, que deterioran el salario real de los trabajadores, achicando aun más el mercado interno y las importaciones, generando más divisas pero a costa de una recesión.

Días después de asumir Mauricio Macri, anunció la quita de las retenciones a la exportación del maíz, la carne, productos regionales y la disminución de las retenciones a la soja. El efecto inmediato fue el aumento de precio de estos productos y sus derivados.

En el mismo sentido, el Ministro de Energía, anunció una quita en el subsidio del gas y la luz para marzo, lo cual implica un aumento que rondaría el 400%.

Tanto la quita de retenciones como la devaluación ya están teniendo un efecto importante en el bolsillo de los argentinos. Pero, es importante analizar también la otra cara de la moneda. Estas medidas son una clara transferencia de ingresos desde los asalariados al sector agropecuario. Empezando por la quita y baja de retenciones a los distintos productos mencionados, hasta la ganancia instantánea que significo el aumento del tipo de cambio.

Sin embargo, estas no fueron las únicas medidas económicas de este mes. El cambio de mando de la gestión del Banco Central de la República Argentina a manos de Federico Sturzenegger llevó a un cambio de orientación de esa institución revirtiendo algunas políticas adoptadas por el kirchnerismo para regular el tipo de cambio, el sostenimiento de las reservas y la ganancia y el accionar de los bancos.

En este sentido el BCRA fue el protagonista de la liberalización del mercado de cambios no sólo desde lo técnico sino mediante la negociación con los bancos para establecer la cotización del contado con liquidación una vez ocurrida la devaluación. En este sentido también, se liberó la tasa de interés a la que los bancos pueden pagar los plazos fijos a sus clientes, generando una ganancia extraordinaria entre estas, se liberaron los montos de las comisiones y se elevaron las tasas que cobran por las LEBACs (Letras del Banco Central), generando una fuerte ganancia a las entidades financieras.

Por otro lado, se avanzó en la desarticulación de la Línea de Inversión Productiva, creada por el kirchnerismo para fomentar que los bancos presten a baja tasa. La LIP establecía que los bancos presten semestralmente una cantidad determinada de dinero en inversión productiva, que tenía relación con la cantidad de depósitos con las que contaba cada banco, a una tasa determinada. El BCRA modificó esta política aumentando la tasa a la que se acceden estos créditos y delimitando la cantidad de créditos que tiene que otorgar cada banco a un saldo total y no un flujo semestral. Con esta medida dicta sentencia de muerte a la Línea de Inversión Productiva ya que muchos bancos ya tienen tomado el saldo, y no deben seguir prestando a la tasa determinada.

Por último y sólo para mencionar las medidas más relevantes adoptadas por esta institución, en este último mes se habilitó al BCRA a cambiar deuda interna por deuda externa con el aval de los títulos del tesoro nacional, lo cual puede leerse como la antesala a la toma de deuda externa por parte del Gobierno Nacional en grandes cantidades.

Las medidas y anuncios de este último mes dan un panorama bastante cierto de lo que buscará el PRO con su política económica. Restituir el modelo de acumulación financiera, primero recreando las condiciones institucionales, segundo beneficiando a los sectores que participan de este negocio como los bancos, el sector agropecuario y las grandes empresas.

Tanto la baja del salario real, como la liberalización del tipo de cambio y de las importaciones evidencian un mismo objetivo. El modelo de acumulación productiva reconstruido por el kirchnerismo, basado en el trabajo y la inclusión, en el fortalecimiento del mercado interno, la expansión del consumo y la inversión, comienza a entrar en crisis por las políticas llevadas a cabo por el nuevo gobierno. La reconstitución o no de los salarios reales en las próximas paritarias definirán el impacto del ajuste y la caída del mercado interno. Las primeras palabras del nuevo Ministro de Finanzas Alfonso Prat Gay, al referirse a la necesidad de ceder en salarios reales a fin de sostener el empleo, junto con las medidas concretamente adoptadas muestran una clara orientación contra los trabajadores y los sectores más vulnerables. El miedo a perder el trabajo, con fuerte predominio en los años del neoliberalismo en Argentina, es la estrategia de la derecha para disciplinar al trabajo.