Frente al deterioro de las condiciones sociales, el avance de la pobreza y la indigencia, el desempleo, la desindustrialización, el autoritarismo creciente y la persecución de opositores en Argentina, ha surgido la genuina demanda de articular un polo opositor lo más amplio posible para derrotar al oficialismo en las elecciones del año próximo.

La opción que supone la integración -vía primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, PASO- de todas las variantes con alguna raíz en el peronismo, tiene una dificultad: si la condición del ‘peronismo dialoguista’ es la exclusión de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), no habrá unidad posible. La reacción lógica -pero peligrosa- frente a este escenario es limitarse al espacio kirchnerista como único instrumento opositor.

En un contexto tan dinámico, efervescente, en el que los sectores agraviados por las severas políticas de ajuste son cada vez más grandes, poner el eje en la afirmación identitaria tiene un riesgo: no conectar con las millones de personas que no son kirchneristas pero tienen una mirada crítica sobre el actual Gobierno.

En este contexto de búsqueda urgente de respuestas surge otra pregunta: ¿hay que buscar alianzas exclusivamente con dirigentes o tratar de construir una nueva mayoría social que interpele a millones que hoy no se sienten representadas/os por parte de la dirigencia actual?

A estos dilemas con que cuenta la oposición en Argentina, se le agrega otra cuestión: el ‘karma destituyente’. Frente a un cuadro socioeconómico cada vez más dramático, en el que las personas privadas de sus derechos básicos se multiplican por miles día a día, las respuestas no pueden quedar reducidas a candidaturas para el año que viene. Hay millones de personas que reclaman respuestas inmediatas frente a un Gobierno decidido a profundizar la recesión económica y el malestar social. Y si la dirigencia política sólo ofrece soluciones de largo plazo, puede poner en riesgo los lazos de representación con vastos sectores sociales que no pueden esperar hasta diciembre 2019.

La apuesta del establishment es que Mauricio Macri estabilice su modelo de ajuste, lo que supone que la caída del salario real por la devaluación se consolide, que no haya reapertura masiva de paritarias, que la pobreza no se traduzca en malestar social y que se genere un consenso en torno a la votación favorable del presupuesto.

Si el Gobierno estabiliza su programa económico, y disciplina a la mayoría de los sectores sociales va a tener vía libre para avanzar por los derechos que aún se conservan. Ese es el peor escenario, y el apotegma de “si al Gobierno le va bien, le va bien al país” es la peor de las trampas para el universo opositor.

Si falla este ‘Plan A’ del establishment -lo que tiene un alto grado de probabilidad- la variante que ensaya el llamado “círculo rojo” es que el ‘peronismo dialoguista’ se constituya en la alternancia al oficialismo.

De todos modos, esta descripción de los escenarios se da en un marco de incertidumbre, donde la posibilidad de planificar a más de treinta días parece un ejercicio filosófico.

Es de destacar, asimismo, que en este contexto están surgiendo nuevas subjetividades que alteran el paisaje político. La irrupción de fenómenos de masas novedosos como el feminismo, las organizaciones de la economía popular, nuevas camadas de dirigentes sindicales jóvenes a lo largo y ancho del país, el movimiento estudiantil que se manifestó en forma multitudinaria hace pocos meses, entre otros, provocan cambios drásticos y está haciendo envejecer a parte de la dirigencia.

En la Argentina se da la paradoja de que hay calles repletas de movilizaciones y locales políticos semivacíos. Pero esto no parece obedecer a un proceso de despolitización de la sociedad, sino a un desfase entre los nuevos fenómenos de la resistencia y las representaciones. En este marco surgen nuevas formas organizativas, nuevas comisiones internas, sindicatos, se fracturan organizaciones políticas, se producen corrimientos, realineamientos y se tejen alianzas antes impensadas.

La vigencia de CFK

Uno de los aspectos a destacar en la dinámica política reciente y que marcó un punto de inflexión de alto contenido simbólico fue la votación de Cristina Fernández a favor del aborto. Como es sabido, ella no impulsó durante su mandato la legalización del aborto porque su posición personal era contraria. Sin embargo, interpretó el mensaje del potente movimiento feminista votando a favor de la legalización y se resignificó en clave de representación.

Al mismo tiempo se dieron otros acontecimientos interesantes, uno de ellos fue el encuentro con los dirigentes de los sindicatos de camioneros y mecánicos, que hasta hace algún tiempo mantenían una relación amistosa con el oficialismo. Este acercamiento, seguramente, se debió a la existencia de condiciones para que suceda y acción política mutua para que se produzca.

Otra característica de la situación política actual es la conexión y el entramado de un nuevo tejido opositor que se va produciendo al calor del hostigamiento de Macri a quienes desafían el statu quo. Un hecho significativo en este sentido fue el acompañamiento a CFK a prestar declaración indagatoria por parte de dos dirigentes vinculados al Papa Francisco, uno de ellos dirigente de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). Este acercamiento no fue unidireccional, en tanto están confluyendo sectores claramente antimacristas pero no kirchneristas con CFK y, al mismo tiempo, una nueva valoración que la expresidenta hace de estas nuevas figuras, que muchas veces fueron miradas con recelo. Sin embargo, la predisposición de CFK a establecer contacto con los sectores que resisten no es nueva, ejemplo de esa inclinación fueron su visita a la cooperativa Tiempo Argentino y la reunión con delegados y delegadas de la empresa Pepsico después de la represión policial.

Estos movimientos reactualizan su liderazgo, que cobra más vigencia al calor del desastre económico perpetrado por Macri y, también, de la persecución judicial de la cual es víctima. Al mismo tiempo, sienta las bases simbólicas de un nuevo tipo de construcción que puede estar emergiendo en Argentina.

Es en diálogo con su figura, ya sea como candidata o referencia que será posible construir un polo opositor consistente que pueda edificar una nueva mayoría. Ello requiere seguir tendiendo puentes con sectores sindicales, sociales y políticos que no forman parte del núcleo duro pero que la tragedia macrista va acercando y, al mismo tiempo, sintonizar con un universo social heterogéneo, plural, diverso, donde el factor aglutinante sea la imperiosa necesidad de reconstruir una economía y un tejido social severamente deteriorados.

La Argentina posterior a Macri se parecerá más a la de la crisis de deuda de la década de 1980 que al 2003 en términos económicos, pero con un movimiento popular más robusto. La recomposición de una alternativa popular requiere no caer en la trampa de una unidad de imposible concreción con sectores que se parecen a Cambiemos ni en quedarse encallados en la zona de confort de minoría intensa. Y, por sobre todas las cosas, tener en cuenta que si no obtenemos algunas victorias en la dinámica del conflicto social se achican las chances de una victoria en las urnas.

Se debe romper la trampa de configurar a la oposición en torno al clivaje CFK: el elemento que debe marcar la línea divisoria es el FMI y su programa de aniquilamiento social. Sería interesante saber si los ‘opositores racionales’ van a acompañar el presupuesto diseñado por el FMI o se reeditará un escenario similar a la votación de la reforma previsional del año pasado. Lo que es cierto es que una alianza virtuosa entre el palacio y la calle puede marcarle la cancha al Gobierno, al FMI y forzar a la oposición condescendiente con Macri a definirse.

El arrollador triunfo de Jair Bolsonaro en primera vuelta, en Brasil, obliga a hacer algunos análisis. El más importante de ellos, aunque resulte obvio, es que la detención y proscripción del principal candidato es una herida mortal para las aspiraciones del campo popular. Esto, traducido al plano local, exige impedir que se repita esa experiencia. Lo que pase allá puede convertirse en un espejo para la Argentina.