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Ayer, 22 de enero, se celebró el Día del Estado Plurinacional de Bolivia. En esta fecha, el presidente realiza su Informe ante la Asamblea Nacional, las distintas autoridades del Estado, el cuerpo diplomático, los movimientos sociales y la ciudadanía en general. Junto con la rendición de cuentas, el Informe del presidente sirve para dar inicio al nuevo período legislativo y marcar las pautas por las que transitará el Gobierno en los próximos años.  En la rendición de cuentas, los datos sobre los cambios acaecidos en el país en los últimos doce años inundan el texto, dejando evidencia de la transformación política, social y económica del país durante el Gobierno de Morales. Pero además, el Informe contiene las pautas que definen la senda por la que transitará la gestión de Gobierno en los próximos años y es lo que se revisa en el presente texto.

Una idea quedó clara en el trazado de la ruta: Bolivia nada a contracorriente de la marea neoliberal que parece inundar la región en la última época. Argentina, Brasil, Paraguay y también Ecuador, con el presidente Moreno, cambiaron de rumbo en los últimos años; mientras que Chile o Perú han redoblado su apuesta por la salida a la derecha. Bolivia sigue el rumbo que hace más de doce años le indicó el pueblo y que tantos éxitos –en lo económico y en lo social- ha llevado, mejorando significativamente las condiciones de vida de la gran mayoría de la población.

La opción de Bolivia es clara: seguir fortaleciendo la economía nacional como mecanismo de ampliación de derechos sociales y económicos. Frente a la apuesta de los países vecinos por la apertura comercial descontrolada, Bolivia redobla la suya por la producción nacional y la industrialización. Frente a la dependencia de la Inversión Extranjera Directa, Bolivia apuesta por la Inversión Pública. Frente al crecimiento exógeno de la economía, fortalecimiento de la demanda interna. Frente a la arremetida privatizadora que recorre la región, más soberanía y gestión pública de los recursos estratégicos del país.

Los cinco grandes desafíos anunciados ayer dejan claros los pilares sobre los que se debe seguir construyendo el modelo de desarrollo boliviano:

  • El primero de ellos es la industrialización, que se constituye como el principal eje que articula al resto. En este sentido, ya se ha avanzado en proyectos como los referentes a las primeras fases de la industrialización de recursos evaporíticos, o aquellos ligados al sector de los hidrocarburos, pero aún queda camino por andar en la industrialización de los recursos nacionales.
  • El segundo gran eje se refiere al mercado laboral, y en concreto a la necesidad de mejorar tanto las condiciones laborales como las posibilidades de acceso de los jóvenes al empleo, mediante programas de capacitación y orientación.
  • El tercer eje va relacionado con la mejora del sistema de salud, mediante la construcción de nuevos hospitales, el fortalecimiento de la capacitación y la puesta en marcha del Seguro Universal de Salud. Una vez más, queda clara la divergencia con el trazado marcado por países vecinos, que están apostando por la privatización a gran escala de los sistemas de salud.
  • El cuarto eje es el de la educación y el objetivo de elevar su calidad y la tecnificación.
  • Por último, el quinto eje enuncia el objetivo de lograr una justicia ágil, gratuita y transparente.

Esa es la vía de Bolivia para seguir construyendo su modelo de desarrollo económico y social. Seguramente hoy los economistas ortodoxos de páginas color salmón se echarán las manos a la cabeza por la apuesta del presidente Evo Morales y su equipo económico, pero olvidan –conscientemente- que la economía boliviana no es solo la más inclusiva de la región, sino que también, en las grandes variables macroeconómicas, es líder indiscutible desde hace años. El éxito de la apuesta no puede ser discutido a tenor de los resultados alcanzados. Bolivia nada a contracorriente, pero lejos de pactar con su verdugo, redobla la apuesta que tanto éxito le ha dado en los últimos años.