Bolivia: los números de una elección reñida

Análisis Político

La pasada elección en Bolivia arrojó un resultado favorable al MAS, sin embargo se le abren nuevos desafíos de gestión para crecer en los grandes distritos.

El domingo 20 de octubre Bolivia acudió a las urnas en una elección que prometía ser, como analizamos en un informe anterior, la más disputada desde los comicios de 2002. En aquella oportunidad -con otro sistema electoral- el Congreso Nacional consagraría a la fórmula Gonzalo Sánchez de Lozada-Carlos Mesa. 17 años más tarde, tras las renuncias tanto de Sánchez de Lozada como de Mesa y las posteriores victorias sucesivas de Morales, se reeditaría en parte aquel viejo pleito. De un lado Evo Morales, por el Movimiento Al Socialismo (MAS), y en frente Carlos Mesa, por Comunidad Ciudadana (CC).

Quienes tenían la responsabilidad de dirimir el pleito serían los 7.315.364 bolivianos habilitados para sufragar, que según indicó el cómputo definitivo[i] del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) se inclinaron en un 47,08% de los votos válidos por la continuidad del MAS contra un 36,51% que optó por un cambio de rumbo, encarnado en la figura del principal opositor Mesa. De este modo, tras haber conseguido superar el 40% y en más de 10 puntos porcentuales a su inmediato seguidor, como establece la Constitución boliviana, Morales revalidó su mandato para los próximos 5 años.

La definición se hizo esperar. Los primeros datos no permitían saber a ciencia cierta si debería disputarse por primera vez en el país un balotaje o si nuevamente Morales se impondría en primera vuelta. Cuando aparecieron los primeros resultados, con algo más del 83% de las actas cargadas, la distancia entre ambos contendientes marcaba que por muy poco (8%) no se alcanzaban los 10 puntos de diferencia necesarios para evitar la segunda vuelta: 45,71% el candidato del MAS frente a un 37,84% para el candidato de CC.

No obstante, la carga de datos no era uniforme, no estaba equidistribuida en el territorio y por tanto, a pesar del elevado número escrutado, no permitía marcar tendencias. El 16,3% de votos que faltaban cargar en el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) eran mayormente rurales, por ser los votos alejados de los centros urbanos los que más tardan en llegar o incorporarse a un sistema que precisa conexión telemática. Tratándose de zonas en las que el dirigente masista históricamente ha obtenido un apoyo muy superior en comparación al voto urbano, Morales, conociendo esta disparidad, llamó la noche del domingo 20 a esperar que termine el conteo, confiando en que esos votos rurales, como era previsible y finalmente sucedió, agrandarían la brecha y le permitirían consagrarse en primera vuelta.

Por otra parte es importante remarcar que la carga de datos en el TREP al famoso 83,7% en que se divulgaron los datos fue sumamente despareja a nivel departamental, en detrimento del MAS. Mientras que La Paz y Santa Cruz, los dos departamentos más poblados, recibieron una carga pareja cercana al 88% –el primero muy favorable a Morales y el segundo a Mesa-, había que observar lo que ocurría en los dos siguientes departamentos en densidad poblacional, Cochabamba y Potosí. En ambos casos se trataba de departamentos en los que Morales obtenía una gran ventaja por encima de la media y que no alcanzaban el 75% de actas verificadas. Especialmente importante en este sentido fue el caso de Cochabamba, tercer departamento más poblado, en donde Morales se imponía por más de 20 puntos y del cual faltaban cargar aún muchísimas mesas.

La combinación de estos dos factores de distorsión en la carga parcial del TREP significó a la hora de conocer los primeros porcentajes una diferencia menor a la que finalmente se intuía reflejaría con el 100% el escrutinio. Los votos rurales sumados al fuerte impulso que dio la masiva carga de Potosí y, sobre todo, de Cochabamba –en donde finalmente el MAS triunfó por 25,31% de diferencia por sobre CC- terminaron de acrecentar una diferencia que aún en un inicio con la mencionada carga dispar ya favorecía al oficialismo en casi 8 puntos y le había dado mayoría en Congreso y Senado. Finalmente, con la carga de las mesas faltantes la diferencia fue de 10,57%, porcentaje que por un margen ajustado permitió al oficialismo festejar sin necesidad de recurrir a la segunda vuelta.

¿Por qué no acertaron las encuestas?

Hace unos días realizábamos el ejercicio de tomar a aquellas encuestas que tuvieran mediciones urbanas y rurales –precisamente advirtiendo la mayor favorabilidad para el MAS en el ámbito rural-, proyectar sus intenciones de voto a votos válidos –es decir, sin blancos, nulos e indecisos- y calcular el promedio de todas ellas[ii]. Dicha proyección arrojaba un 46,5% para Morales frente a un 31,3% para Mesa. Ahora bien, es evidente que mientras la intención de voto proyectada de Morales ha estado sumamente cercana al escrutinio, no ha ocurrido lo mismo con la estimación de Mesa, la cual estuvo más de 5 puntos por debajo de los votos que efectivamente consiguió.

¿Cómo puede explicarse esta infrarrepresentación de la intención de voto a Carlos Mesa en el promedio de tantas encuestas distintas -15 mediciones de 7 firmas diferentes-? Más aún, ¿cómo es posible que absolutamente todas esas encuestas le hayan asignado porcentajes inferiores al 36,51% conseguido? Inclusive haciendo el ejercicio de proyectar a votos válidos no hay una sola encuesta con medición urbana y rural en la que Mesa alcanzara los votos que finalmente cosechó.

Pues bien, es sumamente probable que a último momento haya tenido lugar un trasvase de votos desde Óscar Ortíz, candidato que promediaba 9,7% en las encuestas hacia Carlos Mesa en calidad de voto útil. Efectivamente, en la última encuesta de CELAG ya podía observarse cómo el techo electoral de Ortíz era superior a su imagen positiva, un indicador claro de voto “anti”, ciudadanos que lo habrían votado a pesar de no tener buena imagen de él y que, finalmente, optaron por otro candidato al que apreciaban aún menos, Mesa, pero que cumpliría mejor su único objetivo: desbancar a Morales.

De este modo podría explicarse por qué Mesa obtuvo 5% más de lo que las encuestas le indicaban en promedio, mientras que Ortíz consiguió apenas un 4,24%. El deseo de Edwin Rodríguez de facilitar la concentración del voto opositor al renunciar a la candidatura vicepresidencial de Óscar Ortíz parece haber sucedido de facto en buena medida. Gran parte de quienes manifestaban que votarían por el senador decantaron por “aprovechar” su voto en el candidato que más posibilidades tenía de disputarle la Presidencia a Morales, es decir, que abandonaron estratégicamente a Ortíz para optar por Carlos Mesa.

Desagregando la votación a nivel municipal

Como podemos observar, en los 10 municipios más poblados de Bolivia en los que sufragaron más de 100.000 personas –mayormente las capitales de departamentos- se repitió sistemáticamente una notoria mejoría en las votaciones de Carlos Mesa, en detrimento de Evo Morales. En primer lugar se aprecia que Mesa gana en 7 de estos 10 municipios, más aún lo hace en 7 de los 8 con mayor cantidad de votantes -87,5%-, mientras que a nivel nacional tan sólo se impuso en 47 de los 339 municipios -13,9%-. Pero además, con la única excepción de El Alto, en los restantes 9 municipios Comunidad Ciudadana recibió en cada uno de ellos un nivel de apoyo mayor al de su promedio departamental –en promedio un incremento de 10,86%-.

Complementariamente, se puede observar que en estos 10 municipios Mesa cosechó más de un millón y medio de votos, más del 70% de todos los votos recibidos por CC a nivel nacional. Por el contrario, Morales recogió menos de la mitad de sus votos en estos grandes municipios, lo que da cuenta de un grado de apoyo más homogéneo a lo largo y ancho de todo el territorio. De este modo, una conclusión que podemos extraer al respecto es que claramente el votante de Mesa se concentró en los grandes centros urbanos, y que a éste se le dificulta conseguir importantes adhesiones por fuera de ellos. Está por verse qué, cómo y por qué la urbanización -posibilitada por el propio Gobierno de Morales- no viene acompañada de mejores resultados electorales. En cualquier caso, entre las problemáticas pendientes de identificar están sin lugar a dudas la dificultad de acceso a vivienda en entornos urbanos (cosa que no sucede en el ámbito rural) o la aún débil oferta de empleo de alta cualificación que demandarían los habitantes más escolarizados de las grandes ciudades.

En Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Potosí y Tarija, Comunidad Ciudadana triunfó en tan sólo 1 o 2 municipios de cada departamento -el resto de los municipios fueron para el MAS-. Pero en todos aquellos donde se impuso fue precisamente en las capitales departamentales, densamente pobladas. Disputas más reñidas, si bien aún favorables al MAS, se registraron en Oruro, Santa Cruz, Beni –con los únicos 3 municipios que no ganó ni el MAS ni CC sino Bolivia Dice NO (BDN)- y Pando. En total, el MAS quedó primero en el 85,3% de los municipios, pero precisamente la buena performance de CC en las grandes ciudades fue lo que emparejó la votación y no le permitió a Morales obtener un resultado más cómodo.

Mención especial merece el desempeño electoral de Chi Hyun Chung (Partido Demócrata Cristiano, PDC) que, tras estar muy atrás en las preferencias de voto, alcanzó el 8,78 de los sufragios. Resulta interesante observar, además, que el pastor evangélico obtuvo sus mejores registros en los departamentos de Oruro (13,54%), Tarija (11,17%), La Paz (10,67%) y Potosí (10,44%), es decir, la zona andina junto al departamento más austral. También tuvo votaciones por encima de sus promedios departamentales en alguno de los grandes municipios mencionados anteriormente, como Sucre (9,47%) en el departamento de Chiquisaca o Sacaba (9,23%) y Quillacollo (8,93%) en Cochabamba, donde su media departamental fue bastante más baja (6,98%). Pero especialmente destacó la gran elección realizada en El Alto, donde alcanzó el 14,57%, casi 4 puntos por encima del promedio que registró a nivel departamental.

Composición de la Asamblea Legislativa

La distribución de escaños para la próxima Cámara de Senadores nos muestra que el MAS tendrá 21 legisladores, CC consiguió 14 y BDN de Óscar Ortíz su único senador en Beni. El reparto de las bancas fue de dos senadores para el MAS e igual cantidad para CC en la mayoría de los departamentos, con las excepciones de La Paz, Cochabamba y Potosí -tres senadores para el MAS y el restante para CC- y Beni, donde el MAS se quedó con dos bancas, CC con una y BDN obtuvo su único escaño senatorial. De este modo, el MAS consiguió el número de senadores necesarios para la mayoría absoluta, pero no dispondrá ya más de los dos tercios con los que contaba hasta el momento.

Para la Cámara de Diputados, el MAS barrió en la elección de diputados uninominales, ganando exactamente dos tercios de estos -42 de los 63- e imponiéndose en todos los departamentos, excepto por el empate de Tarija. CC triunfó en 17 diputaciones uninominales -27%- mientras que BDN lo hizo en 4. En tanto que en la distribución de los diputados plurinominales, CC se adjudicó 33, el MAS 19 y el Partido Demócrata Cristiano (PDC) 8. A ellos debemos sumar los 7 diputados de las circunscripciones especiales indígena originario campesinas, todos ganados por el MAS. De esta forma, el MAS totalizará 68 diputados, CC 50, PDC 8 y BDN 4.

En síntesis, el MAS contará también en Diputados con la mayoría absoluta pero, al igual que en el Senado, ya no con los dos tercios para los que era necesario revalidar 87 bancas. La segunda fuerza será CC en ambas cámaras, con casi el 40% de los legisladores en cada una. BDN contará con un sólo senador y cuatro diputados, mientras que el PDC, si bien gracias a la buena elección realizada por Chung no llegó a obtener escaños en la Cámara de Senadores, sí consiguió una representación importante en Diputados con ocho asambleístas.

A modo de cierre

Los bolivianos han demostrado, una vez más, su fuerte compromiso cívico. La participación ha sido altísima, como es costumbre desde 2005 a esta parte, ubicándose en esta ocasión apenas por encima de la registrada en 2014, con un 88,3%. Al mismo tiempo, se observa que el registro de votos válidos fue el más alto del siglo, ubicándose en el 95% y que los votos en blanco han sido los más bajos del período, con tan sólo un 1,45%.

El Gobierno de Morales revalidó desde los números, su triunfo fue contundente. Obtuvo cerca del 50% de los votos, más de 10 puntos de diferencia por sobre su inmediato competidor, se impuso en el 85% de los municipios y consiguió holgadamente la mayoría en ambas Cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Restará esperar ahora que, con los números en mano, el resto de las fuerzas políticas tengan el mismo compromiso que la ciudadanía a la hora de votar, aceptando los resultados, felicitando a los triunfadores y llamando a la responsabilidad. Para ganar, primero hay que saber perder.

 

[i] https://computo.oep.org.bo/

[ii] https://www.celag.org/rumbo-a-las-elecciones-en-bolivia/

Guillermo Javier González

Guillermo Javier González

Licenciado en Sociología (UBA) (Argentina)

Guillermo González es licenciado en Sociología con orientación en Diagnóstico Social y profesor en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente cursa la Maestría en Estudios Electorales de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).