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Varios son los factores que permiten caracterizar estas elecciones en Brasil como singulares. Obviamente, el foco de la atención está puesto en la disputa presidencial y en el preocupante escenario político que ya se ha instalado. Los 147 millones de brasileños habilitados para votar este domingo deberán decidir entre dos formulas diametralmente diferentes, tanto en lo que respecta a sus propuestas de políticas públicas, posicionamientos geopolíticos, rol del Estado o extensión de derechos[1], como también en lo relativo a la construcción de una cultura política de la tolerancia, respeto y convivencia compartida. Al mismo tiempo, ocurrirán también balotajes en algunos Estados para definir gobernadores, dimensión del poder no menor en relación con la gobernabilidad futura y que completa un complejo mapa político para los próximos cuatro años en el país.

Cuenta regresiva en la puja electoral por la Presidencia

Los últimos sondeos de intención de voto (de IBOPE y Datafolha[2]) han mostrado un descenso genérico en la intención de voto por Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal, PSL) y una mejora en la performance electoral del candidato del Partido dos Trabalhadores (PT). También los índices de rechazo mejoraron para Haddad: la gente que jamás lo votaría pasó de 47% a 41%, según la última encuesta de IBOPE, y Bolsonaro aumentó su rechazo de 35% a 40%. Entre los posibles motivos que condujeron a este cambio en la percepción del elector pueden encontrarse la denuncia realizada contra Bolsonaro por el financiamiento ilegal de empresas a su campaña y los pretéritos dichos de su hijo Eduardo, recientemente electo diputado federal, amenazando con el cierre del Supremo Tribunal Federal, cuestión que le mereció un duro pronunciamiento en su contra por parte de los magistrados[3].

 

Intención de voto, segunda vuelta Brasil

Si bien el último sondeo de IBOPE estaría indicando que Bolsonaro ganaría el balotaje, todavía quedan algunas posibilidades para otra definición. Un elemento que confirmaría el triunfo del capitán retirado es que sigue contando con núcleos intensos a su favor, como, por ejemplo, el electorado masculino, mientras que en el electorado femenino habría un empate técnico, con 52% y 48% para Bolsonaro y Haddad, respectivamente.

En cuanto a las regiones, la única donde Haddad lidera es en el Nordeste, donde tiene el 61% de las intenciones de voto, frente al 39% del candidato del PSL. Por el contrario, es en el Sur donde Bolsonaro lleva la delantera con contundencia: 67%, frente a un Haddad, que recoge el 33%. Una de las regiones con más electores, el Sudeste, se ha inclinado mayormente hacia el excapitán, que se lleva el 64% de las intenciones de voto. Pero en este caso, debe observarse el siguiente detalle: la medición indica, por ejemplo, tendencias de reversión en la populosa ciudad de San Pablo, donde estaría venciendo el propio Haddad como efecto de la caída de uno de los que compiten por el cargo de gobernador, Joao Doria, identificado con Bolsonaro; habrá que ver si los efectos de esta caída se restringen a la ciudad de San Pablo o si, por el contrario, se extiende al resto del Estado, más tradicionalmente conservador en sus cambios políticos. En la región Norte y Centro Oeste la tendencia es similar a la del Sur: 60% para Bolsonaro y 40% para Haddad.

El mencionado retroceso general en la intención de voto para el candidato del PSL se observa en todas las regiones del país. Cuestión compatible con los números de la última encuesta de Datafolha: la mayor subida de Haddad, por su parte, fue en la región Norte, donde escaló 7 puntos porcentuales, y en la región Sur (4 puntos). En cuanto a inclinación por nivel de ingresos, según IBOPE, Bolsonaro lidera cómodamente entre la población de poder adquisitivo medio y alto, con 71% frente al 29% de Haddad. Y éste vence entre quienes perciben hasta un salario mínimo con 59% (frente al 41% de Bolsonaro). Asimismo, Bolsonaro gana entre la población más escolarizada: 65% entre universitarios y 62% entre quienes tienen estudios secundarios; ambos candidatos empatan técnicamente entre la población menos escolarizada.

Tal vez el dato más novedoso de los últimos sondeos sea que Haddad ha crecido sustancialmente entre el segmento más joven de los electores (de 16 a 24 años): pasó de 39% a 45% en la intención de voto, empatando técnicamente con Bolsonaro, que obtiene el 42% de las preferencias (con una reducción de 5 puntos porcentuales respecto de la anterior encuesta de Datafolha).

La fragmentación política y las elecciones estatales

Si bien es cierto que, por las características de la disputa electoral de este año, la escena política brasileña quedó fuertemente sobredeterminada por la competencia presidencial entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, no debe dejar de señalarse la importancia que tienen las disputas por los gobiernos estatales. Tanto por lo que representan respecto de la gobernabilidad en general como, incluso, para comprender por qué los votos para la Presidencia se proyectaron en el sentido en que lo hicieron. Al igual que en buena parte de los regímenes presidencialistas latinoamericanos, muchas veces lo que sucede a nivel subnacional tiene un peso político determinante en el caudal que terminan obteniendo las candidaturas presidenciales, una injerencia que no siempre es subrayada con la debida importancia. Más aún cuando, como sucede en Brasil desde 1994, hay cinco estados que concentran el 55% del electorado del país (San Pablo, Minas Gerais, Río de Janeiro, Bahía y Rio Grande do Sul).

El 7 de octubre (en simultáneo con la primera vuelta presidencial) se definieron las gobernaciones en 13 estados. Ese día el panorama estatal comenzó a definirse, con signos bien diferentes al mapa consolidado de las últimas décadas, con algunos datos llamativos. Por ejemplo, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), que hace 4 años obtuvo 7 gobernaciones, incluida la de Río de Janeiro, este año –y no habiendo obtenido ninguna el 7 de octubre- podría hipotéticamente tan sólo aspirar a 4 este próximo domingo 28, indicador claro (otro más) de la desastrosa elección realizada por la sigla este año (paradójicamente, en un período en el que el partido pasó a ocupar la Presidencia de la República tras el impeachment del 2016[4]).

Otro dato a contramano de las trayectorias anteriores fue la pobre perfomance estatal del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con el dato llamativo de San Pablo: por primera vez desde el 2002, su principal bastión político (no sólo electoralmente, sino también como fuente de recursos partidarios, financieros y políticos) se dirimirá en un segundo turno, con chances serias de que Joao Doria, su candidato, pierda con Marcio França, del Partido Socialista Brasileño (PSB). Una derrota en San Pablo y/o en Minas Gerais, donde disputa el balotaje con desventaja contra el candidato del partido NOVO, -más el revés sufrido en el número de diputados propios obtenidos este año- colocaría al PSDB en una crisis de la cual difícilmente puede recuperarse. Una consecuencia nada secundaria, siendo que fue el partido que, desde 1994, ha centralizado uno de los polos de la competencia política nacional.

Este domingo 28 candidatos disputarán sus respectivos segundos turnos en las elecciones a gobernador en 13 estados y en el Distrito Federal[5]. Siendo que en Bahía el PT venció en el primer turno para el cargo a gobernador por un amplio margen –una victoria que ha sido fundamental, también, para equilibrar ‘desde el Nordeste’ las chances del propio Fernando Haddad a la Presidencia– en los otros 4 distritos ‘fundamentales’ habrá segundas vueltas, aunque allí no se observa la polarización PT-PSL de la elección presidencial. De hecho, el PSL no disputa ninguno de estos distritos claves y, si bien tiene chances de obtener las gobernaciones en Roraima, Rondonia y Santa Catarina –con coroneles y comandantes como candidatos-, puede también que suceda que no obtenga ninguna gobernación (lo que no es improbable), y se daría la particularidad de un presidente sin gobernadores de su propio partido.

Salvo el caso de Rio Grande do Sul, donde Eduardo Leite (PSDB) disputará el balotaje contra el actual gobernador Ivo Sartori (MDB), los segundos turnos en Río de Janeiro y Minas Gerais están permeados por la sorpresa de quienes quedaron como primeros colocados. Tanto Wilson Witzel, del Partido Social Cristiano (PSC) –que enfrentará en Río de Janeiro a Eduardo Paes, de Demócratas (DEM)– como Romeu Zema (NOVO) –que enfrentará en Minas Gerais a Antonio Anastasia (PSDB)-, son candidatos que han cultivado un perfil electoral desde un lugar ‘independiente’, lo que les ha permitido traccionar para sí a nivel estatal parte del discurso (supuestamente) apartidario que enarbola Jair Bolsonaro. Y viceversa: el partido de Jair Bolsonaro se ha recostado en estos candidatos para poder lograr cierto cuerpo electoral en estos distritos, sin los cuales no podría haber obtenido la proyección nacional lograda. En San Pablo, por el contrario, el PSL se apoyó en las dos siglas que compiten en el balotaje para gobernador, el PSDB y el PSB: en la identificación que el propio Joao Doria buscó con Jair Bolsonaro, y en el ‘antipetismo’ explícito de Marcio França.

Segunda vuelta en los estados, Brasil

Reflexiones finales

Esta es una elección especial, por varios motivos diferentes; entre ellos, por los contenidos de lo que vienen a proponer los candidatos y por la forma a partir de la cual lo han hecho. Más allá de las implicancias que representan para la calidad de la democracia, también es importante ponderar los elementos del sistema político por separado, pues serán éstos quienes determinen las características de la mecánica y funcionamiento consecuente.

El rol de los gobernadores en la política nacional es muy relevante: organizan buena parte de los recursos políticos disponibles –derivados del Gobierno federal, o de sus propias competencias fiscales- en la construcción y empoderamiento de los diferentes factores que marcan el equilibrio de poder en el país; todavía más en aquellos (cinco) Estados distinguidos: en esas dimensiones se agregan los reclamos, se articulan las corporaciones y se delinean los programas con los distintos intereses, que marcarán la agenda política del país.

En una situación de gran fragmentación partidaria en el mapa político estatal y legislativo, sumada a la enorme polarización político-ideológica que supuso la instalación de Jair Bolsonaro, la gobernabilidad de quien gane la Presidencia no será sencilla. Todo lo contrario. Los ejercicios de articulación serán muy complejos y difíciles, consecuencia de un sistema político que, desde el impeachment a Dilma Rousseff, viene descomponiéndose de forma acelerada. Nada indica unos próximos 4 años auspiciosos para la República Federativa del Brasil[6].

 

 

[1] https://www.celag.org/proyecciones-economicas-propuestas-haddad-bolsonaro/

[2] https://g1.globo.com/politica/eleicoes/2018/eleicao-em-numeros/noticia/2018/10/25/pesquisas-ibope-e-datafolha-comparativo-da-evolucao-de-intencao-de-votos-para-presidente-no-2o-turno.ghtml

[3] https://g1.globo.com/politica/eleicoes/2018/noticia/2018/10/23/mais-dois-ministros-do-stf-condenam-fala-de-filho-de-bolsonaro.ghtml

[4] http://agenciabrasil.ebc.com.br/politica/noticia/2018-10/em-13-estados-e-em-brasilia-havera-segundo-turno

[5] https://www1.folha.uol.com.br/poder/2018/10/so-31-dos-candidatos-consegue-virar-no-2o-turno-nas-eleicoes-estaduais.shtml

[6] https://www.bbc.com/portuguese/brasil-45559767