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En Brasil comenzó la actual ofensiva neoliberal que recorre América Latina y el Caribe. Primero, fue a través de las presiones sufridas por el Gobierno de Dilma Rouseff durante el comienzo de su segundo mandato; cuando está se negó a seguir dando juego a la agenda neoliberal, el siguiente paso fue su destitución.

Una vez Rousseff fuera de juego y alzado Temer en la Presidencia, el siguiente paso fue socavar la buena imagen del ex-presidente Lula da Silva, acusándolo de corrupción para que finalmente acabara en la cárcel. Sin embargo, lejos de socavar su popularidad, han sido muchos los brasileños que han visto la falta de transparencia durante todo el proceso y sus apoyos no han hecho más que crecer en los últimos meses. La última encuesta realizada por CNI-Ibope y publicada el pasado jueves muestra que Lula da Silva lidera la misma con el apoyo del 33% del electorado, mientras que sus más inmediatos contrincantes -Jair Bolsonaro (15%) y Marina Silva (7%)[1]- quedan a mucha distancia.

El objetivo último es evitar cualquier posibilidad de que un Gobierno progresista vuelva a ganar las elecciones presidenciales, en octubre de este año, y para esto es necesario eliminar la candidatura del ex-presidente Lula. La esperanza de que vuelva el orden democrático a Brasil y todos los candidatos puedan ejercer su derecho a ser elegidos aún no está perdida, aunque está claro que las oligarquías económicas harán todo lo posible para evitarlo.

Los años de (des)gobierno de la derecha han supuesto la destrucción a gran velocidad los avances sociales alcanzados durante los gobiernos del Partido dos Trabalhadores (PT) dejando claro que resulta imprescindible establecer marcos institucionales diferentes para profundizar las reformas democráticas y construir irreversibilidad relativa de los avances. El neoliberalismo retornó a Brasil con gran fuerza y fue punta de lanza para su fortalecimiento en el resto de la región.

Las reformas económicas y sociales de estos años dejan un panorama desalentador en un país que maravillaba al mundo debido a los buenos resultados en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. También aquel país que en el plano de las relaciones internacionales colocaba un nuevo eje desde el Sur -liderando la cooperación Sur-Sur, la integración regional postneoliberal o participando en la construcción del nuevo orden multipolar con su participación en los BRICS (junto a Rusia, India, China y Sudáfrica)-.

En pocos años, Brasil se ha convertido en referente por la ruptura del orden democrático y líder en las nuevas prácticas de judicialización de la política (lawfare) que avanza sin contemplación por la región. En el plano económico y social la situación no es mejor a la situación política. En estos años se han aprobado numerosas reformas económicas y sociales que han convertido a la economía brasileña en el puesto de mando avanzado de la ofensiva de políticas neoliberales en la región.

Desde el cambio constitucional, aprobado en 2016, que puso techo a la inversión y al gasto público por 20 años (anteriormente la constitución establecía un piso para el gasto público), se han ido sucediendo una serie de reformas que sitúan al mercado sobre el Estado, la inversión privada sobre la pública, y los intereses del capital sobre los intereses de las grandes mayorías. La caída de la inversión y del gasto público, unidos al deterioro de las condiciones laborales resultado de la Reforma Laboral (Consolidação das Leis do Trabalho, aprobada en julio de 2017) han llevado a que en 2017 la pobreza extrema aumentara en un 11,2% (contrastando con los 36 millones de brasileños que abandonaron la extrema pobreza durante los años de gobierno del PT[2]).

Además de eliminar derechos y aumentar las condiciones de explotación de los trabajadores, la reforma sigue destruyendo empleo, y el que continúa lo hace en peores condiciones. Los datos de desempleo del primer trimestre de 2018 muestran un nuevo incremento del mismo hasta el 10,5%, nivel máximo, y cerca del doble del que había en el año 2014 (5,5%). La situación se agrava, además, con el mega plan privatizador “Programa de Alianzas de Inversión” que mantiene en su mira a 57 servicios públicos, de los cuales buena parte ya se han privatizado.

Estas reformas dirigidas por el interés del capital privado prometían, desde el mantra neoliberal, una esperada “lluvia de inversiones”. Sin embargo, tal y como está ocurriendo en Argentina -país que aplica un programa económico con la misma orientación- la lluvia de inversiones nunca llega y la sequía se alarga. Durante el primer trimestre de 2018 la inversión extranjera productiva en Brasil bajó un 30% respecto al mismo periodo del año anterior, según datos del Informe del Banco Central de Brasil “La Inversión Directa en el País”[3].

Por otro lado, la presión de las calles sí consiguió finalmente frenar la reforma sobre las pensiones. Sin embargo, esta reforma sigue estando en la agenda de la derecha brasileña, que en este punto se ha replegado tácticamente dada la debilidad del actual Gobierno de Temer y la alta insatisfacción en las calles. El objetivo es retomar el plan tras las elecciones y para ello, el mayor obstáculo es la candidatura de Lula y su probable victoria si concurre a las elecciones.

Brasil fue el primer paso para que el neoliberalismo retomara posiciones en la región. Mañana son las elecciones de México y, según las encuestas, parece que la candidatura de López Obrador cuenta con una clara ventaja sobre el resto. La ofensiva neoliberal encontrará un fuerte freno en este 2018 si el cambio llega a México (mientras AMLO mantenga buena parte de sus promesas de campaña y México comience a mirar más al Sur) y si Lula puede presentarse a unas elecciones que hoy ganaría. Una alianza geopolítica entre las dos economías más grandes del continente y la constatación del fracaso del modelo neoliberal (ampliamente consolidado en México y reflotado a marchas forzadas en Brasil) abriría un nuevo panorama en el continente latinoamericano para los próximos años.

En Brasil comenzó la última ofensiva neoliberal en la región, en Brasil puede quedar enterrada.

 

 

 

 

[1]La encuesta se puede consultar en: https://oglobo.globo.com/brasil/pesquisa-cniibope-aponta-bolsonaro-na-frente-com-17-no-cenario-sem-lula-22830260. La misma también pregunta sobre el escenario en el que no pudiera concurrir el ex-presidente Lula. En esa situación sería el ultraderechista Bolsonaro el que lideraría las encuestas con el 17% de los apoyos, seguido de Marina Silva (13%) y Ciro Gomes (8%).
[2]Es cierto que no hubo grandes cambios estructurales, pero el Estado se sirvió de su rol redistributivo para prestar atención a los más desfavorecidos con programas sociales como Brasil Sin Miseria, la Bolsa Familia o el programa Hambre Cero.
[3]Visto en América Economía: “Bajan 30% inversiones extranjeras en Brasil”. https://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/bajan-30-inversiones-extranjeras-productivas-en-brasil