Brasil y sus relaciones con EE. UU.

La tercer entrega del Especial Brasil recorre los acuerdos y tensiones en las relaciones históricas del país con EE. UU.

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El proceso actual de acercamiento estratégico entre Brasil y Estados Unidos (EE. UU.) es uno de los eslabones más importantes para el capitalismo estadounidense en América Latina en un contexto de recrudecimiento de la disputa intercapitalista. En sus relaciones históricas con EE. UU., Brasil ha oscilado entre el rol de “socio privilegiado” y el de “principal competencia”; en tanto en la pugna por el liderazgo regional, Brasil ha ocupado la posición subimperialista caracterizada por una cooperación antagónica[1]

Una expresión de la compleja relación fue el Gobierno de Getúlio Vargas, quien mantuvo la proximidad con Washington como vía pragmática para profundizar el desarrollo nacional y acelerar el proceso de industrialización; por ejemplo en 1941, el Gobierno de EE. UU. aseguró un crédito de USD 20 millones para la construcción de la Compañía Siderúrgica Nacional.[2] En relación a los vínculos militares, el primer Gobierno Vargas (1937-1945) permitió la instalación de bases estadounidenses en territorio brasileño y durante su segundo Gobierno (1951-1954) se firmó el Acuerdo Militar con EE. UU. La corta Administración de João Goulart (1961-1964), en la que se ensayó una “desviación” hacia una economía nacionalista (no centrada específicamente en los intereses del mercado), tampoco logró una ruptura lineal con Washington, realizando varios intentos de aplicar planes conformes a las exigencias del FMI.

El Gobierno de Goulart devino uno de los principales problemas para la Administración de John F. Kennedy, que preveía un inminente “deterioro” de la situación de Brasil. Esta previsión no sólo se basaba en “estimaciones”, sino en la presión económica a través del recorte de créditos y la acción a través de operaciones encubiertas.[3] En caso de que fracasara el operativo de golpe de Estado montado por los sectores disidentes internos bajo la iniciativa de un importante sector de las Fuerzas Armadas liderado por Castelo Branco, EE. UU. intervendría con apoyo en armas y militares para asegurar los resultados esperados. Esto último fue denominado “Operación Brother Sam”, que si bien no fue llevada a cabo, demuestra el apoyo decisivo de EE. UU. al derrocamiento de Goulart en 1964.[4]

Instaurada la dictadura cívico-militar (la más larga del continente) Brasil presenta sus “credenciales anticomunistas” frente a Washington, convirtiéndose en “aliado preferencial” de EE. UU., abriendo la economía al capital extranjero y congelando la política de tinte latinoamericanista llevada a cabo por Juscelino Kubitschek (1956-1961), Janio Quadros (1961) y el mencionado Goulart. Durante la dictadura, entre 1964 y 1966, Brasil recibió 950 millones de dólares en el marco de la Alianza para el Progreso; otro ejemplo de los estrechos lazos es que entre 1976 y 1977, Brasil gastó 160 millones en la compra de equipos militares estadounidenses.[5] Ya en los últimos años de la dictadura la agenda bilateral se caracterizó por fricciones en lo que respecta a libertad de comercio, propiedad intelectual, tratados de no proliferación nuclear, etc.[6] Durante las administraciones de Fernando Collor de Mello (1990-1992) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) el “americanismo ideológico” fue la vía privilegiada para la nueva inserción internacional del país, y el desarrollo nacional quedó a merced de la implementación de las medidas de ajuste estructural bajo las recetas del Consenso de Washington.

Gobiernos del PT y la vigilancia permanente de EE. UU.

Durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), las relaciones con EE. UU. siguieron su curso, pero se implementaron restricciones y un alejamiento en política internacional. Brasil asume un liderazgo más cooperativo en la región distanciándose de la ambición estadounidense de implementar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), encabezando proyectos de integración regional (la creación de la UNASUR y el fortalecimiento del Mercosur) y la cooperación Sur-Sur (BRICS). Es en ese contexto que el gigante suramericano deja de ser visto como “socio privilegiado” por la política exterior estadounidense y pasa a ser concebido como la principal competencia en la geopolítica regional.

En esos años, se apostó por las empresas estatales como Petrobras (hidrocarburos) y Embraer (desarrollo de tecnología de aviación civil y militar), ambas con un rol primordial en la estrategia de defensa articulada en torno al desarrollo de la industria de defensa nacional (liderada por civiles) y fundamentales para impulsar el liderazgo del país tanto a nivel regional como internacional.[7]

Lo cierto es que por lo menos desde el 2005 (momento en que se descubren las reservas de hidrocarburos del PreSal) diversos documentos apuntan la centralidad del territorio brasileño tanto en términos geopolíticos y geoestratégicos, como la importancia insoslayable del mercado brasileño para la economía estadounidense.[8] Los documentos de la Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU. (NSA), filtrados por Edward Snowden en 2013, muestran a Brasil como “enemigo” no solo de EE. UU. sino de la OTAN en su conjunto. Entre otras cosas, se advierte el peligro de la cercanía con China. También a partir de estos documentos queda en evidencia que una de las motivaciones del espionaje fueron Petrobras y el rol de Brasil en el mercado mundial de hidrocarburos. En sus comunicados al Departamento de Estado las petroleras estadounidenses advertían ya en 2006 sobre el difícil clima para la inversión y los negocios en Brasil: “Mientras hacer negocios en Brasil es más fácil que operar en Bolivia, nos han comentado que en muchos aspectos las condiciones para invertir son peores que en Venezuela”.[9]

Esas “preocupaciones” por la “dificultad” para los negocios y “advertencias” sobre inestabilidad política hacen recordar en forma y contenido las expresadas por el Departamento de Estado en el momento preparatorio del golpe de abril de 1964 recomendando “mantener un clima favorable en Brasil para las inversiones estadounidenses, y para asegurar la máxima participación de capital norteamericano en los programas de la Alianza para el Progreso implementados en Brasil”.[10]

En definitiva, la participación de EE. UU. en la guerra contra la corrupción en Brasil en el marco de la operación Lava Jato como herramienta de guerra híbrida[11] responde al hecho de que Brasil es uno de los objetivos prioritarios de la política hemisférica del Gobierno estadounidense y del sector privado articulado a estos intereses.[12]

Eje Washington-Brasilia reloaded

Consumado el golpe contra Dilma, los vínculos vigentes desde hace décadas han sido aceitados por el Gobierno ilegítimo de Michel Temer (quien, además de informante de la embajada estadounidense, facilitaba información al Comando Sur de EE. UU.)[13] y profundizados por el actual Gobierno de Jair Bolsonaro.

Ofensiva en el sector de hidrocarburos e infraestructura

Las empresas de hidrocarburos estadounidenses estuvieron interesadas desde un inicio en tener acceso a los yacimientos del Presal, que hasta el Gobierno de Rousseff estuvieron bajo monopolio de Petrobras. Después del golpe, Brasil llevó a cabo uno de los ajustes económicos más contundentes de la región, acompañado de la apertura energética con la presencia de las principales petroleras del mundo, incluidas las estadounidenses Chevron, Exxon y Shell. La ronda de licitaciones de marzo de 2018 dejó una inversión de USD 5 mil millones para los siguientes años. En junio del mismo año, la inversión comprometida por la ronda de licitación fue de USD 818,5 millones.[14] A inicios de 2020, Brasil puso a la venta refinerías de Petrobras y contrató a Citigroup para vender el 50% de su capacidad de refinación (1,1 millones de barriles por día),[15] comprometiendo ampliamente la seguridad energética nacional.

Las empresas estadounidenses están cobrando relevancia en la extracción de hidrocarburos, en la venta de gasolinas y la construcción de infraestructura energética; pero también en puertos, carreteras y aeropuertos.[16] La mayor presencia en el rubro de infraestructura, con megainversiones de Overseas Private Iinvestment Corporation (OPIC) y la incorporación de Brasil a la Iniciativa América Crece se enmarcan en los vacíos dejados por Odebrecht y en la competencia china.[17]

Profundización de vínculos comerciales

En el marco de la visita de Bolsonaro a Florida (marzo de 2020) Donald Trump reiteró el apoyo a la adhesión de Brasil a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Los mandatarios acordaron agilizar las medidas para la incorporación de Brasil en el programa Trusted Trader en 2021, que supondrá un aumento del intercambio comercial bilateral. En estrecha sintonía, el Brazil-U.S. Business Council afirma que la alianza económica entre EE. UU. y Brasil es “una de las asociaciones geopolíticas más importantes de América Latina”, por lo que define las prioridades para el año 2020:

  • Iniciar un diálogo hacia un acuerdo comercial integral basado en reglas con aranceles significativamente más bajos y una reducción de las barreras no arancelarias.
  • Iniciar negociaciones formales sobre un tratado fiscal bilateral entre EE. UU. y Brasil que elimine la doble imposición y ofrezca beneficios mutuos.
  • Establecer un tratado bilateral de inversiones (TBI) que promueva la cooperación económica y estimule el flujo de capitales.[18]

Estabilidad regional (contra Venezuela)

La alianza de Brasil con EE. UU. a nivel hemisférico tiene importantes repercusiones en la política regional. En este sentido, es fundamental considerar el liderazgo que ha asumido Brasil (junto con Colombia) en la ofensiva contra Venezuela, siempre bajo las directrices del Gobierno estadounidense. En un comunicado del Departamento de Estado se “aplaude a Brasil por su liderazgo en el apoyo a la restauración de la democracia y el fin de la crisis humanitaria en Venezuela, así como por el firme apoyo de Brasil a la democracia en Bolivia y Nicaragua”.[19] Es preocupante que la nueva versión de los documentos de Defensa de Brasil se considera oficialmente, por primera vez desde la Guerra del Paraguay (1864-1870), la posibilidad de involucrar a las Fuerzas Armadas brasileñas en la solución de crisis regionales. Aunque no citan a Venezuela, es señalada como punto crítico de la región.

El “liderazgo” frente a la “crisis venezolana” trae consigo el incremento de fondos de asistencia para el desarrollo. En el mes de enero, se inauguró el programa “Integración Económica de Naciones Vulnerables a Venezuela” auspiciado por USAID y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que incluyó USD 4 millones en el marco del programa brasileño destinado a la asistencia de venezolanos. Desde el año fiscal 2017, EE. UU. ha proporcionado USD 46 millones a Brasil destinados a atender a venezolanos,[20] a los que se suman fondos adicionales por USD 30 millones, recientemente anunciados.[21]

Sector de Defensa

En testimonio ante el Congreso estadounidense en enero de 2020, el Comandante del Comando Sur, Craig Faller, destacó el estrecho trabajo que vienen realizando con Brasil en una serie de misiones prioritarias.[22] Según apreciaciones del Departamento de Estado, la cooperación bilateral en Defensa está en el nivel más fuerte que ha tenido en muchos años, y se viene ampliando “para abordar desafíos como el narcotráfico y el tráfico de armas, el terrorismo, los delitos cibernéticos y el lavado de dinero”.[23]

Durante el Gobierno ilegítimo de Temer se concretaron acuerdos de gran envergadura, como el Acuerdo de Intercambio de Información sobre Investigación y Desarrollo (MIEA) y se apostó por el fortalecimiento del comercio bilateral de Defensa a través de mecanismos como el “Diálogo entre las Industrias de Defensa de Brasil y EE. UU”. Con Bolsonaro las relaciones se profundizan aún más incluyendo, entre otras cosas, la firma del Acuerdo de Salvaguardias Tecnológicas, asociado a la participación de EE. UU. en lanzamientos espaciales desde la base de Alcántara[24] y un Memorando de entendimiento en materia nuclear.[25] También destaca el acuerdo sobre investigación, desarrollo, prueba y evaluación de productos de Defensa (RDT&E) firmado durante la visita de Bolsonaro a la sede del Comando Sur.[26] Es fundamental el hecho de que este compromiso empezó a discutirse en 2017 bajo el Gobierno de Michel Temer y fue facilitado a partir de la designación de Brasil como un aliado extra-OTAN realizada por Trump en junio de 2019..[27]

Vínculos militares

En lo que se refiere a la profundización de vínculos netamente militares, destaca la asociación con la Guardia Nacional de Nueva York (marzo de 2019), entrenamientos de operaciones psicológicas y entrenamiento con la Fuerza de Tarea Aérea-Marítima de Propósito Especial del Cuerpo de Marines (SPMAGTF) y eventos tales como la Operación América Unida (realizada en noviembre de 2017 en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú con la participación de estos tres países y de EE. UU.)[28] y el ejercicio multinacional UNITAS en Río de Janeiro, organizado por el Comando Sur en agosto de 2019.[29] A la realización de “megaeventos” militares se suman diversas actividades de bajo perfil, como las misiones médicas fluviales con miembros de la Marina estadounidense en la Amazonía.[30]

En informe sobre las relaciones bilaterales con Brasil realizado para el Congreso de EE. UU. se advierte que “si bien los acuerdos bilaterales recientes y la designación estadounidense de Brasil como un importante aliado no perteneciente a la OTAN han sentado las bases para estrechar los lazos militares, la trayectoria a largo plazo de la relación de defensa puede depender de consideraciones geopolíticas más amplias. Por ejemplo, los funcionarios estadounidenses han advertido que la cooperación militar y de inteligencia bilateral podría estar en peligro si Brasil permite que la compañía china de telecomunicaciones Huawei participe en la red celular 5G de Brasil.[31]

 

 

[1] https://www.redalyc.org/jatsRepo/3476/347659220006/html/index.html,

[2] http://www.amersur.org/SocEdyTrab/Bandeira0701-2.htm

[3] Moniz Bandeira, L.A. (2004). Argentina, Brasil y estados Unidos. De la Triple Alianza al MERCOSUR. Buenos Aires: Norma. pp. 329-330.

[4] Fico, C. (2008) O grande irmão: da Operação Brother Sam aos anos de chumbo. O governo dos Estados Unidos e a ditadura militar brasileira. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira. pp. 101

[5] https://www.celag.org/bolsonaro-eeuu-union-dos-grandes/

[6] http://ojs.uc.cl/index.php/rcp/article/view/8006

[7] https://www.celag.org/brasil-for-sale-bolsonaro-y-estados-unidos/

[8] https://www.celag.org/brasil-y-el-cono-sur-en-la-geopolitica-estadounidense/

[9] https://www.celag.org/estados-unidos-y-brasil-lo-que-oculta-el-lava-jato/

[10] https://ibero.mx/iberoforum/13/pdf/espanol/5_ROMANO_VOCES_Y_CONTEXTOS_NO13.pdf

[11] https://www.brasilwire.com/hybrid-war-why-is-sergio-moro-still-free/

[12] https://www.celag.org/eeuu-avanza-sobre-el-brasil-de-temer/

[13] https://wikileaks.org/plusd/cables/06SAOPAULO30_a.html#efmAJZAKWAKfAK-ARrASHAS1ATbCf0Cf9CgLCgZDOLDOVDWDDX7EGjEHl

[14] https://www.celag.org/eeuu-avanza-sobre-el-brasil-de-temer/

[15] https://www.larepublica.co/globoeconomia/petrobras-contrata-a-citigroup-para-realizar-la-venta-de-ocho-refinerias-2879997

[16] https://www.wilsoncenter.org/blog-post/brazils-infrastructure-sale-2020

[17] https://www.celag.org/iniciativa-america-crece-america-latina-para-eeuu/

[18] https://www.brazilcouncil.org/task-forces-working-groups/

[19] https://www.state.gov/the-united-states-and-brazil-partners-for-a-prosperous-hemisphere/

[20] https://www.state.gov/the-united-states-and-brazil-partners-for-a-prosperous-hemisphere/

[21] https://www.celag.org/pompeo-en-america-latina-para-cercar-a-venezuela/

[22]https://www.southcom.mil/Portals/7/Documents/Posture%20Statements/SASC%20SOUTHCOM%20Posture%20Statement_FINAL.pdf?ver=2020-01-30-081357-560

[23] https://www.state.gov/the-united-states-and-brazil-partners-for-a-prosperous-hemisphere/

[24] https://www.state.gov/u-s-brazil-technology-safeguards-agreement/

[25] https://br.usembassy.gov/u-s-secretary-of-energy-visits-brazil-to-co-chair-the-u-s-brazil-energy-forum/

[26] https://www.celag.org/brasil-for-sale-bolsonaro-y-estados-unidos/

[27] https://www.celag.org/eeuu-y-brasil-defensa-seguridad-subordinacion/

[28] https://www.celag.org/operacion-america-unida-presencia-militar-permanente-eeuu-america-latina/

[29]https://www.defesa.tv.br/marinha-do-brasil-e-forca-aerea-brasileira-se-preparam-para-o-exercicio-unitas-2019/

[30]https://www.southcom.mil/MEDIA/NEWS-ARTICLES/Article/1754899/navy-doctors-join-brazilian-hospital-ship-mission-along-the-amazon-river/

[31] https://fas.org/sgp/crs/row/R46236.pdf

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Tamara Lajtman

Mg. en Estudios Latinoamericanos (UNAM) (Brasil)

Tamara Lajtman es magíster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y licenciada en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ). Actualmente realiza el Doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA) como becaria del Consejo Nacional de Investigaciones…