El último domingo, el ballotage se hizo presente en la Ciudad de Buenos Aires con un escrutinio que a medida que avanzaba tensionaba en igual proporción al búnker donde el PRO desde hacía varias horas tenía preparado el festejo como bien sabe hacerlo: globos de colores, música, baile, voluntarios, militantes y “vecinos” que forman parte del ya tan conocido show.

Finalmente, se dieron a conocer los resultados: el 51,64% de los votos fueron para la fórmula de Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli del PRO mientras que el 48,36% de los votos los concentró la otra fuerza que disputaba la jefatura de gobierno, ECO (una alianza electoral conformada por varios partidos del espectro progresista y la UCR, principal aliado del macrismo a nivel nacional). La diferencia tan estrecha, solo del 3,28%, dinamitó las expectativas que tenía el partido PRO sobre las elecciones del distrito que resulta bastión fundamental de cara a fortalecer la candidatura presidencial de Mauricio Macri para competir el 9 de Agosto a nivel nacional. Atrás parece haber quedado el ballotage del año 2011 cuando Macri junto a María Eugenia Vidal (próxima pre candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires por el PRO) logró obtener el 63,3% de los votos sobre el 35,8%, conseguidos por la fórmula kirchnerista, encabezada por Daniel Filmus. Cuando quedan apenas tres semanas para las primarias nacionales, esta diferencia tan acotada, sumada a la derrota en Santa Fé y en Mendoza, representa un debilitamiento para el macrismo siendo la Ciudad de Buenos Aires el único distrito que gobierna y que estuvo a punto de perder.

Lo llamativo de la reciente contienda electoral es que ambos candidatos comparten a nivel nacional la alianza que se propone hacerle frente al FPV, “Cambiemos” (integrada por PRO, UCR y CC), en la cual Macri –precandidato a presidente y líder del PRO- competirá en la interna con Ernesto Sanz –representante de lo que queda de la vieja Unión Cívica Radical y de Martín Lousteau a nivel nacional-. En este sentido, el ballotage, más que una verdadera elección para gobernador de una de las ciudades más importantes de la Argentina, fue una disputa local de dicha alianza.

El casi empate entre ambas fuerzas dejó a un Martín Lousteau y a su fuerza ECO con un gran caudal de votos -propios, prestados y regalados-, posicionados como segunda fuerza en la ciudad y manifestando “lo nuevo”. Esta victoria con sabor a poco generó en el PRO un rápido reordenamiento de las estrategias para mantenerse en carrera de cara a las presidenciales de octubre, lo cual se vio plasmado en el giro discursivo de Macri, quien al “celebrar” el triunfo subió al escenario despidiéndose de su alcaldía y acompañando al flamante gobernador.

A pesar de que Rodríguez Larreta manifestó que son “la esperanza del cambio” haciendo alusión a las aspiraciones que tiene el espacio político de que Macri gane las elecciones presidenciales, el discurso del líder del PRO fue motivo de análisis ya que tuvo que vetar la palabra cambio –idea eje de su campaña para diferenciarse de la propuesta oficialista a nivel nacional- e incorporar sin ambigüedades a su discurso los logros de la década ganada kirchnerista. Y es que cada vez más queda de manifiesto que los líderes de las nuevas derechas regionales ya comprendieron el mensaje de las urnas: no se puede disputar electoralmente el poder a los proyectos populares si no a partir de reconocer las políticas sociales y la recuperación de soberanía,  pues ya forman parte de los derechos conquistados por unas mayorías que no están dispuestas a rifarlos en una elección. En pleno discurso presidencialista, a Macri se le escuchó decir algunas frases como: “Aerolíneas seguirá siendo estatal, pero bien administrada”, “YPF seguirá manejada por el Estado”, “La jubilación seguirá en manos de la Anses” o “la Asignación Universal por Hijo no es un regalo que alguien nos pueda sacar. Vamos a trabajar para que el Congreso la apruebe” (sin considerar que ya había sido votada como ley por el Congreso Nacional hacía cuatro días). Este cambio discursivo mostró a Mauricio Macri con una brújula al revés y muchos se preguntaron si no estaría sufriendo de dislexia ideológica. Sin lugar a dudas la confrontación y la idea de cambio que venía manejando desde hace ya varios meses como leit motive de su campaña fueron dos estrategias que su equipo percibió que debía modificar y así es que morigeró sus palabras para comenzar a posicionarse (al menos discursivamente) en un centro no tan de derecha. Un cambio, pero sin tanto cambio.