La noche del pasado 26 de julio el Presidente Horacio Cartes dio un discurso de festejo por la victoria obtenida en las elecciones internas del Partido Colorado por su Candidato, el Diputado Pedro Alliana. Ese día se realizaron elecciones simultáneas de todos los partidos políticos para elegir candidatos a intendentes y miembros del Legislativo Municipal para las elecciones generales del 15 de noviembre. Pero el Partido Colorado también elegía a sus autoridades internas, convirtiendo esa elección en cuasi plebiscitaria al interior de la formación oficialista. Decía Cartes en su discurso, entre otras cosas, que estas elecciones las financió él mismo, que se había ganado ¨gracias a sus dinero¨, que ¨era la primera vez que no se usaban recursos del Estado para financiar unas elecciones¨. Y contestaba a sus adversarios internos que la victoria había sido clara y contundente, conminándoles a unirse todos bajo su liderazgo. Ese discurso con rasgos brutalmente ¨plutocráticos¨ lo único que hizo fue mostrar claramente el llamado ¨Nuevo Rumbo¨ de la política paraguaya.

Horacio Cartes, uno de los hombres más ricos y poderosos del país (cuya acumulación originaria estaría vinculada al negocio del cigarrillo, el juego cambiario con las crisis del ¨cruzado¨ y el negocio de frontera) había ganado las elecciones generales en abril del 2013, pero su protagonismo como ¨factótum¨ de la política nacional se volvió claro y determinante desde junio del 2012 cuando el ex Presidente Fernando Lugo fue destituido por un Golpe Parlamentario. Desde ese momento, ya daba la impresión de ser el gran rector de la vida nacional y su triunfo un par de meses más tarde lo único que hizo fue oficializar y formalizar un estado de situación ya asumido por muchos.

Cartes llegó al gobierno en 2013 con una agenda claramente posicionada en lo que se conoce como ¨la nueva derecha latinoamericana¨, con asesores externos que habían formado parte de equipos políticos que en el continente impulsaron procesos de instauración del modelo neoliberal. En el relato cartista se podía observar la reivindicación de la gestión y la tecnocracia, en oposición al llamado “discurso ideológico”. Prometía la continuidad de “ciertas políticas de contención social”, pero bajo esquemas de mayor eficiencia y como medidas coyunturales hasta que “el mercado se encargase de incluir socialmente a los excluidos”.

Decidió no modificar la Constitución Nacional (que data del año 1992, tres años después de la caída de la dictadura del Gral. Stroessner), pero veía claramente que necesitaba modificar al menos elementos centrales de la legalidad estatal para tener una vía expedida que le permitiera implantar su programa de una “revolución conservadora”; y es que la arquitectura legal del Estado Paraguayo mostró en los años del post-stroesismo estar al servicio de fracciones de clase dominante que tienen en el patrimonialismo su fuente de acumulación y recreación de riquezas y poder.

Vio claramente que las fuentes de inestabilidad política y de crisis de dominación del statu quo provinieron de las fratricidas disputas dentro de la propia oligarquía y no de la confrontación de clases entre burguesía y clases subalternas, aunque la propia inestabilidad del esquema de dominación oligárquica se ponía en riesgo y abría permanentemente vetas para la aparición de proyectos políticos anti-oligárquicos, tal es el caso del triunfo en el año 2008 de la llamada Alianza Patriótica para el Cambio, experiencia que como ya hemos dicho, termina abruptamente en junio del 2012.

En ese contexto, apenas iniciado su gobierno consigue la aprobación de un paquete de leyes que le garantizan un marco de coerción legal para ejecutar su programa. Entre otras, la Ley de Alianza Público Privada, que garantiza al capital privado y principalmente transnacional, la plataforma nacional y estatal para la optimización de tasas de ganancia montando sus procesos de acumulación sobre los activos nacionales, renunciando a porciones estratégicas de soberanía nacional. Y la Ley de Defensa Nacional y Seguridad Interna que permite al Ejecutivo la utilización de las Fuerzas Militares en conflictos internos sin necesidad de autorización del Congreso, ley ésta que aunque se monta sobre la coartada del “combate al terrorismo”, en realidad es una prerrogativa legal que muestra a las otras fracciones de la oligarquía dominante que cualquier intento de “desestabilización” será atacado incluso con poder de fuego.

A dos años del ¨Nuevo Rumbo¨

Cumplido ya el 40% del periodo constitucional, los niveles de insatisfacción y frustración social son cada vez mayores, insatisfacción que se refleja en la sociedad toda, pero también y con cada vez más fuerza dentro del propio partido de Gobierno, el Partido Colorado. Dicho malestar social es todavía contenido gracias a que el país todavía sigue en los últimos impulsos de esa década de crecimiento económico impulsada por el “boom de las commodities” y aunque para este año se anunciaba inicialmente un crecimiento del 4%, las correcciones a la baja de todos los organismos sean públicos o privados es un consenso.

En lo que también hay consenso es que el marco regional recesivo (Argentina y Brasil principalmente) la economía paraguaya altamente dependiente de la región, ya entraría en un ciclo de ralentizacion y estancamiento, lo cual podría exacerbar los niveles de insatisfacción social y movilización de la protesta a partir del año venidero.

A esto se suma que a pesar de que Cartes consiguió un paquete de leyes que le permitirían implementar su programa de modernización económica vía transnacionalización, sus proyectos están paralizados por una combinación de impericia e incapacidad en la gestión estatal, combinado con la entrada en un ciclo de freno de los flujos de capital privado a la región. O sea, su “revolución conservadora” por la vía de la modernización capitalista vinculada al capital transnacional, que planteaba el ingreso masivo de divisas en pocos años, ha fracasado. Ese fracaso en el plano económico (si tuviéramos como parámetro las expectativas iniciales, el tiempo transcurrido de su gobierno y la coyuntura económica internacional) hace que su dominación política empiece a ser cuestionada cada día con más fuerza.

De esta manera, la clara hegemonía política obtenida en el 2013 empieza a tener una contestación cada vez más transversal (aunque sería ingenuo o pecaríamos de voluntarismos si planteáramos que la tendencia es irreversible). Es así que en las propias elecciones internas de su partido, el Partido Colorado los guarismos arrojaron con que de cada 10 electores 5 apoyaron al “cartismo” y 4 apoyaron al bloque de la disidencia colorada (encabezada por el sector más tradicional del Partido, incluso con figuras provenientes del stroesismo), resultado electoral que aunque le otorga la victoria, también muestra el enorme crecimiento de una disidencia interna y lo rápido de la dilapidación de ese capital político obtenido hace tan solo dos años.

Por otra parte, en el frente opositor reina la división todavía como herencia de la ruptura de junio del 2012, aunque a tres meses de las elecciones municipales, los procesos de convergencias y divergencias empezaron a colocar nuevos espacios de alianzas y acumulación política en el campo electoral. Por un lado, está el Partido Liberal, en el que todavía la tradicional dirigencia partidaria tiene mayoría, pero con sectores críticos e incluso de posiciones progresistas que ganan terreno; aunque existe una desorientación generalizada por el rumbo del partido, una desmoralización por el fracaso del 2013 y en ciertos sectores hasta un cierto “complejo de culpa” por el fracaso de la experiencia del gobierno de la Alianza Patriótica para el Cambio. Es así que el Partido Liberal, a pesar de ser claramente la segunda fuerza a nivel nacional, entiende que no puede presentarse como alternativa al Partido Colorado y que si quisiera volver al poder alguna vez, solo sería de la mano de una amplia alianza en la que los sectores de izquierda son necesariamente claves.

Por otro lado, una izquierda divida en dos espacios, una liderada por el ex Presidente Fernando Lugo con presencia fundamentalmente en el interior del país en zonas rurales y semi rurales, pero con escasa o casi nula presencia en la zona central del país, la capital y sus alrededores. Es justamente en este sector, la capital Asunción y sus alrededores, que el otro espacio de la izquierda, liderada por el periodista y ex Candidato Presidencial en el 2013 Mario Ferreiro tiene mayor presencia.

Elecciones Generales Municipales de Noviembre

Sin lugar a dudas, a pesar que las elecciones se desarrollan en todo el país, la “joya de la corona” se encuentra en la ciudad más grande del país y Capital de la República, Asunción.

A poco menos de noventa días para las elecciones, las encuestas de preferencia electoral muestran tendencias claras y que difícilmente podrían variar estructuralmente. Por un lado se encuentra Mario Ferreiro que en todas las mediciones figura con porcentajes de preferencia que oscilan entre el 40% y el 45%. Mario Ferreiro es apoyado por un amplio espectro político e ideológico que va desde fuerzas de izquierda como el Partido del Movimiento al Socialismo (PMAS), pasando por fuerzas de centro izquierda y centro derecha, hasta el propio Partido Liberal, que cuenta con el aparato de control electoral indispensable para cualquier proceso electoral.

Por otro lado, se encuentra el actual Intendente de la capital, el colorado Arnaldo Samaniego que se encuentra claramente identificado con el Presidente Horacio Cartes y es en definitiva la carta fuerte del Cartismo. Samaniego tendría entre un 30% a un 35% de intención de voto, pero cuenta con el formidable aparato colorado y con la incalculable fortuna del propio Horacio Cartes.

También existe una tercera candidatura, la de Ricardo Meyer, Decano de la Facultad de Arquitectura y apoyado por una alianza donde está Fernando Lugo y Partidos de extrema derecha que justamente fueron protagonistas de sus destitución, como el Partido Patria Querida. Esta candidatura es testimonial en términos de posibilidades electorales, en ninguna encuesta, supera el 5% de intención de votos.

Finalmente, existe un porcentaje de indecisos que como en todo proceso electoral que muestra una polarización, tienen a disminuir con el pasar de los días.

¿Qué se juega en noviembre?

La actual coyuntura de la situación económica regional, que tiende a deteriorarse con su influencia determinante en la economía local, podría exacerbar los niveles de descontento y frustración social impulsando así un renovado ciclo de movilizaciones populares. El debilitamiento de la hegemonía política de Cartes, tanto a nivel general como en su propio partido, y el estancamiento y empantanamiento de la aplicación de su programa de ¨Revolución Conservadora¨, lo colocan ante la urgente necesidad de renovar una gran victoria electoral que le permita recomponer su hegemonía. Es así que una victoria de Mario Ferreiro en las elecciones de noviembre sería en realidad una victoria plebiscitaria ante el gobierno de Cartes, abriendo un nuevo ciclo para la izquierda y los sectores democráticos del país que estarían ante un renovado escenario de construcción de una alternativa política de disputa del Gobierno Central con miras a las elecciones presidenciales de 2018.