“Pero enseguida advertí que mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, quien lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad: yo pienso, por lo tanto soy era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando”

                                                           René Descartes

Aquella clásica premisa de la filosofía cartesiana “pienso, luego existo” tiene interpretaciones y valoraciones discutidas, que van desde su verdad gnoseológica, pasando por su traducción literaria, su sentido práctico, hasta su propia significación existencial. Algunos intérpretes sostienen que más preciso que enunciar “pienso, luego existo”, sería “yo pienso, por lo tanto existo”, esta discusión que pareciera ser cuasi literaria, recluyéndola así al campo de las letras y su acomodo interpretativo, tiene en realidad una repercusión que condiciona la dirección y los resultados prácticos de la premisa. Pero, con seguridad, a esta altura el lector se preguntará, ¿si es que en estas líneas estamos discurriendo en el trascendental mundo de la filosofía, qué tienen que ver el título del presente artículo con el cuerpo que lo acompaña?

¡Y no me animaría a contradecirlo si considerara que de una especie de “disociación mental” se tratara! Veamos entonces…

Curuguaty  y el Mito fundacional

El 15 de junio del 2012 se produce la llamada “Masacre de Curuguaty”, la adjetivación de masacre se da porque en aquel episodio mueren 17 personas. Mueren 17 personas en un operativo policial-judicial que nominal y formalmente no se trataba de un operativo de “desalojo”, sino más bien de un allanamiento que tenía como misión buscar arsenales de guerra y prófugos de la justicia. No se trataba del “desalojo” de una propiedad privada, pues esas tierras que para la Fiscalía se llaman “Campos Morombí”, haciendo referencia directa a que la propiedad es de la familia Riquelme (1), aunque para el Estado paraguayo son tierras públicas en litigio de titulación hasta el día de hoy, por lo cual se conocen esas tierras como “Marina Kué”.

Y aunque murieron 17 personas, el sistema judicial paraguayo solo investigó la muerte de 6 personas, los policías…bueno, investigó sería el adjetivo que se utilizó en el discurso de la Fiscalía. Porque lo que sí fue evidente es que se teatralizó algo a lo que denominaron “investigación”. No obstante, aunque no se trataba de una “invasión a una propiedad privada”, los campesinos fueron condenados por “Invasión de Inmueble Ajeno”. Que según la legislación positiva paraguaya no podría configurar dicho tipo penal. Es así que de 17 muertos y de una propiedad pública usurpada por un personero del aparato político-económico de la ANR, el sistema judicial concluyó que solo murieron 6 personas y que de una propiedad privada se trataba.

La figura del “Mito Fundador” se basa justamente en eso, en un “Mito”, en una historia fantástica de personajes, tiempos y lugares que solo existen en el relato justificador de un grupo que al imponer su poder por la fuerza, va construyendo su discurso ideológico para justificar una relación de dominación determinada. Así como en la tradición judeo-cristiana tenemos nuestros “mitos fundacionales”, para la oligarquía paraguaya “Curuguaty” y más específicamente la “Masacre de Curuguaty” se constituye en el Mito fundacional de la operación de Restauración conservadora que concluyó el 22 de junio del 2012 con la destitución de Fernando Lugo por la vía de un Juicio Político, que fue en realidad la denominación formal que quisieron dar al Golpe Parlamentario que se acababa de consumar.

Los sectores económicamente dominantes tuvieron que soportar una anomalía de 4 años, pues entre el 2008 y el 2012 aunque no perdieron ni un ápice el poder, si tuvieron que soportar algunos funcionarios gubernamentales que no cumplían los deseos de los “dueños del Paraguay”. Con el Golpe del 2012 restituyen la normalidad y la tranquilidad en el nombre de Dios, la Patria y la familia. Según este “Mito fundador” el Paraguay estaba caminando de manera clara y directa al caos social, a la destrucción de las más sagradas tradiciones que hicieron tan gloriosa la historia nacional, se estaba a punto de instaurar una dictadura bolivariana y la llegada del Apocalipsis zombi era cuestión de días, la misión de recuperar la Patria de las garras de los los “bolches” era más que urgente, era de una ineludible responsabilidad histórica. Es en este contexto que la “Masacre de Curuguaty” fue la piedra de toque que anuncia el “diluvio universal” que se encargaría de inundar todos los tiempos y traer un Arca de Noé que pudiera surcar esa gran inundación para poder salvar la República con un elegido Capitán de a bordo.

El Honor de Noé

Yavhé observó que los hombres se estaban multiplicando sobre la faz de la tierra y la violencia y la maldad crecía en ellos. De hecho, la violencia era tanta que, a los ojos de Yahvé o Jehová, la Tierra estaba arruinada, por lo que decidió destruir esa generación.

Génesis 1:28-6:11

¿La Masacre de Curuguaty fue la coartada perfecta que estaban buscando ya hacía bastante tiempo los “dueños del Paraguay” de tal manera de tener una justificación que les permita dar un golpe de timón y restaurar el “orden natural de las cosas”? Para esas fechas era como que un espectro se hubiera abalanzado sobre el país y contra ese fantasma se habían conjurado en Santa Jauría todos los poderes del viejo Paraguay: la Conferencia Episcopal, los Partidos Tradicionales y algunos Partidos de “Centro”, la Asociación Rural y la Unión Industrial, Aldo Zucolillo y perifoneros de poca monta.

No había quien no fuera tratado con el estigmatizante epíteto de legionario, zurdo o bolivariano si intentaba salirse de la explicación mitológica de esos tiempos. En aquella era de diluvio universal, apareció en el horizonte un Arca de salvación que anunciaba la entrada en escena de un gran líder capaz de capear los tiempos tormentosos. Apareció con todo su esplendor Horacio Cartes como el gran timonel destinado a conducir el Arca a puerto seguro.

Hasta junio del 2012 Horacio Cartes no tenía el control hegemónico del Partido Colorado, es más, todavía las elecciones internas del Partido marcadas para diciembre del 2012 tenían un resultado incierto, pues a Cartes se sumaban otros competidores más vinculados históricamente al aparato partidario y con muchas ventajas políticas. Recordemos que Lilian Samaniego era la Presidenta del Partido y tenía un relación amplia y extendida con el gobierno de Lugo, de quien se beneficiaba con una amplia cooperación que iba desde la manutención y protección de su clientela en el aparato gubernativo, pasando por accesos a contratos públicos ventajosos, hasta el punto que incluso el último Ministro del Interior nombrado por Fernando Lugo, fue el ex Fiscal General de Estado, el colorado Rubén Candia Amarilla. Elementos estos fundamentales en la disputa del poder al interior de un Partido moldeado históricamente como Partido-Estado de base clientelar y prebendaria. También estaba Javier Zacarías IIrún, gran caudillo de la zona este del país y con un importante aparato económico construido al abrigo de los cálidos negocios de frontera.

Un frente “anti-Cartes” era una posibilidad cada vez más cierta, hasta que la Masacre de Curuguaty apareció en la liturgia como el momento de sacrificar el cordero y hacer un extendido ajuste de cuentas con propios y extraños.

Ajusto Cuentas, luego existo

En la misa del gran consenso de los sectores dominantes y su representación política con control hegemónico del Parlamento(2) ya se había acordado aclamar y proclamar el Mito fundador elevándolo a la categoría de historia oficial. Para los dueños del Paraguay, sus grandes medios de comunicación y sus representantes parlamentarios era claro todo lo que había pasado. Los campesinos eran culpables de los más viles delitos de “lesa estabilidad republicana” y la condena ya estaba escrita antes incluso de cualquier proceso judicial.

Es así que Horacio Cartes, devenido en el Noe de ese Arca a la deriva, consigue varios objetivos que con el correr de las semanas van quedando patentes. Por un lado, elimina toda posibilidad de continuación de un espacio político que había triunfado electoralmente en el 2008 producto de una amplia alianza electoral. Pensar en la reedición de una alianza electoral entre liberales y sectores progresistas era un imposible, con lo cual el Partido Colorado recuperaba sus chances de victoria. En el frente interno, por otro lado, consigue aplastar toda oposición logrando una rápida capitulación de sus competidores, que quedaron en “off side” por el affaire con el aparato luguista, alineando rápidamente a cuanto dirigente de ese viejo y tradicional Partido Colorado pretendiera salirse de la nueva horma.

Se muestra ante los sectores económicamente dominantes como el más genuino jugador destinado a ocupar el papel de Capitán de equipo con el objetivo de completar la tarea de la Restauración conservadora con un triunfo electoral al año siguiente. Finalmente, el 21 de Abril del 2013 Horacio Cartes triunfa electoralmente y con su conquista, se legaliza el gran diluvio universal acaecido con la “Masacre de Curuguaty”. Su victoria es la “Gran Victoria Patria”, representa la aparición del “arco Iris” en el horizonte histórico de las clases dominantes que nuevamente pueden empezar a respirar tranquilas. El peligro de la hecatombe bolivariana había quedado como un ingrato recuerdo de tiempos ya idos.

Hojeando el Nuevo Testamento

“No se aparte el libro de esta Ley de tu boca. Antes con atento ánimo estudiarás en el día y la noche; para que guardes y hagas todo conforme aquello que está en él escrito. Porque entonces harás próspero tu camino, y te gobernarás con prudencia”.

Josué 1:7

Un camino próspero y un gobierno de prudencia era el ofrecimiento del llamado “Nuevo Rumbo”. La entrada en escena de una “Selección Nacional” de técnicos y especialistas que harían de las artes del buen gobierno su día a día conduciendo de manera indubitable al nuevo Edén nacional. Pero todo “Nuevo Testamento” requiere de ese “Hilo de Ariadna” que lo conecte con su pasado, haciendo que el presente sea una consecuencia natural de un tiempo pretérito que lo condiciona y lo proyecta al futuro. ¿Cómo cerrar la historia oficial de la Masacre de Curuguaty? ¿Cómo clausurar toda posibilidad de reinterpretar la historia pasada y evitar así un cuestionamiento al “Nuevo Testamento”?

Según este nuevo relato, el “pecado Original” estuvo en la “invasión a la sagrada propiedad privada” por parte de unos campesinos radicalizados que querían impulsar la lucha de clases con métodos violentos y radicalizados, apoyados estos por un Gobierno que estaba claramente enmarcado en un proyecto totalitario que quería subvertir el buen orden republicano apelando a la confrontación entre paraguayos y alentando el atropello a los paraguayos trabajadores y de bien. Estos campesinos radicalizados que sólo buscaban desestabilizar el sistema, invadieron tierras y mataron policías. Todo esto por una predisposición genética del ADN subversivo que conforma su ideología ya pasada de moda.

Es así que en esta historia oficial, que es presentada con autoridad legal en la lectura de la Sentencia del 18 de julio del 2016 (aunque la comunicación de la Sentencia ya se hiciera el 11 de julio, una semana antes de conocer los fundamentos ), queda claro que para este “Nuevo Testamento” cuando un gran propietario usurpa tierras públicas no se trata de una invasión, más bien se trata de un “litigio judicial”; queda claro también que cuando campesinos son asesinados en un procedimiento fiscal/policial se trata de “consecuencias colaterales” y que sus muertes no deben ser investigadas. Asimismo queda claro que si se trata  de campesinos, trabajadores o hijos del pueblo, organizarse en una comisión vecinal puede ser parangonable como una “asociación criminal”.

En este relato, Blas N. Riquelme no usurpó tierras públicas, sino que los campesinos se organizaron con el único objetivo de actuar criminalmente, y cuando la policía mató a 11 campesinos  en realidad lo único que hizo fue aplicar el protocolo oficial. Cuando de un gran propietario de trata se aplica el “Fuero Civil”, cuando de un campesino se trata se aplica el “Fuero Penal”. Multa para el usurpador latifundista, cárcel para el campesino luchador.

Quedaba reescrita así la crónica del “pecado original”, ya quedaba claro quién mordió la “fruta prohibida” y atentó contra la paz y el orden en el otrora “Jardín del Edén”

Condeno, por lo tanto existo

La historia de las luchas por el poder, y en consecuencia las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta.

El saber no entra en ello: eso no debe saberse.

Michael Foucault

Ya en el poder del gobierno y sin una oposición agitando las calles, la pregunta que surge es ¿para qué condenar a pobres campesinos con tanto encono y ensañamiento? ¿Se trataba de una disputa por la convicción argumental ante la sociedad? ¿O de una simple escenificación para cumplir con los ritos formales de la parodia judicial?

La lucha campesina por la tierra y la reforma agraria se vienen desarrollando en el Paraguay desde el establecimiento del nuevo orden de post Guerra contra la Triple Alianza (1865-1870) y el modelo bipartidista colorado-liberal de dominación. Diferentes gobiernos colorados o liberales, civiles o militares se encargaron históricamente de gerenciar un Régimen Oligárquico dependiente del capital trasnacional, gerenciamiento que colocó históricamente el problema de la tierra como un tabú cuya protección de todo tipo de contestación siempre estuvo más allá de los cambios de gobierno.

Los campesinos que estaban ocupando las tierras de Marina Kué con el objetivo de obtener un pedazo de tierra donde trabajar y poder salir de esa perversa y paradojal forma de incluirlos en el modelo de desarrollo nacional por la vía de la exclusión más absoluta, esos mismos campesinos que fueron condenados como los criminales y victimarios, fueron las primeras víctimas, antes incluso de la propia ocupación de esas tierras. Los campesinos de Curuguaty fueron las víctimas del modelo histórico de desarrollo en el que grandes extensiones de tierra son concentradas por unos poquísimos grandes propietarios, a la vez que inmensas cantidades de campesinos y campesinas son excluidas. Esa intrínseca dicotomía solo se explica cuando se entiende que son las dos caras de una misma moneda.

El proceso judicial que termina condenando a los 11 campesinos de Marina Kué no pudo demostrar, según los parámetros del propio y más elemental derecho liberal, la vinculación fáctica, directa y clara de la responsabilidad de estos 11 paraguayos en la responsabilidad de ninguno de los tipos penales por los cuales fueron condenados judicialmente. De lo que se trataba, pues, no era de construir sólidos argumentos factuales para sostener una condena legal. De lo que se trababa era de la manutención de esa disciplina del poder que por más de un siglo viene velando por la seguridad de la manutención del statu quo.

La manutención del poder requiere de una disciplina, la disciplina de una gimnasia y la gimnasia de la repetición ad-infinitum de una secuencia de ejercicios que moldean el músculo estatal y dan contenido a la conciencia social. Esta disciplina de mantener a raya cualquier tipo de cuestionamiento al orden de dominación, muestra que los campesinos de Marina Kué rompieron la disciplina y se constituyeron en un mal ejemplo que podría ser imitado por otros. Era entonces necesario poner en marcha esa gimnasia en la que el poder muestra que ser miembro de la Asociación Rural o de algún gremio de grandes propietarios significa ser el dueño y que ser campesino significa ser el servil y abnegado semi humano y cuasi animal a quien solo le toca la resignación y el agradecimiento. El Poder Judicial se mostró una vez más como el mejor dispositivo para repetir hasta doblegar la consciencia y la voluntad, ser pobre o ser rico es consustancial al destino, ser gran propietario o ser campesino pobre es una condición anti diluviana, intentar ir contra esa determinación será corregida con todo el peso del poder.

Con la Condena a los 11 campesinos de Curuguaty el “establishment” en el que confluyen grandes propietarios (terratenientes, ganaderos, sojeros, narcotraficantes, comerciantes e industriales), con dueños de los grandes medios de comunicación y élites de los grandes partidos tradicionales, consiguió mostrar quién manda y quién debe obedecer. Condenaron así no sólo a los que aparecen en la sentencia judicial, condenaron también a todos los y las luchadores y luchadores sociales por venir. Se aseguraron de escribir la Condena con mayúsculas, antes de la ocurrencia futura de otro episodio similar.

La Sentencia de Curuguaty también se encargó de condenar cualquier proyecto político alternativo que intente salirse del consenso histórico de las élites dominantes. Mostró a las claras que llegar al Gobierno no significa tener el poder. Mostró que el poder está fuera del gobierno e, incluso, preparado para tumbar gobiernos si éstos no responden a la agenda de los grupos que ostentan el poder.

La Condena de los campesinos de Curuguaty sirvió para cerrar ese mito fundacional en el que se basó la aparición de Horacio Cartes como el gran salvador nacional. Dicen que Cartes, no muy apego a los oficios del cultivo intelectual, esa noche en que en Tribunales se sentenciaba a los campesinos, se sentó en solitario en un rincón de la Casa de Gobierno y ante un gran espejo que data de la época de los López miró fijamente su imagen proyectada y con una sutil sonrisa, recordó al filósofo francés a quien transliteró diciendo, “Condeno, por eso existo”.

(1)Blas N. Riquelme; patriarca de la “familia Riquelme”, fallecido en el año 2.012, fue un multimillonario propietario de industrias, comercios y establecimientos rurales que tuvo una histórica vinculación con el Partido Colorado desde la época de la dictadura de Alfredo Stroessner, distanciándose de su régimen hacia finales de su gobierno. Y asumiendo un gran protagonismo en la conducción política colorada en toda la transición democrática paraguaya, siendo legislador hasta el 2008 y Presidente del Partido por muchos años. Riquelme es uno de los grandes herederos de esa burguesía que se forma y construye su acumulación originaria al amparo de la dictadura, la cual es totalmente blanqueada posteriormente en la “democracia” paraguaya.

(2)Acompañaron la destitución de Fernando Lugo el Partido Colorado, el Partido Liberal, el Partido Patria Querida, el Partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (Oviedismo) y el Partido Democrático Progresista. Formaron parte del Gobierno devenido, todos los Partidos citados, menos el Partido Colorado, aunque algunas figuras de origen colorado adornaron el Gabinete de tal manera a presentar la fachada de un gobierno de Unidad Nacional.