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El objetivo de este texto es explicar los determinantes del tipo de cambio en América Latina. Entender el funcionamiento de esta variable es fundamental para comprender mejor nuestras economías y sus problemáticas.

Las principales características de nuestras economías se ven reflejadas en el comportamiento que tiene el tipo de cambio. La evolución del tipo de cambio es la expresión de cómo los países se insertan a nivel comercial y financiero en el mundo. Asimismo, las variaciones en el tipo de cambio tienen importantes efectos sobre la economía. En una coyuntura como la actual, donde las tensiones cambiarias se han recrudecido, resulta de suma importancia comprender el concepto de tipo de cambio y su funcionamiento.

En la primera sección del presente artículo se explicará el concepto de tipo de cambio nominal y sus determinaciones más generales. En la segunda sección se abordará el concepto de tipo de cambio real. En la tercera se introducirán algunos aspectos particulares de la determinación del tipo de cambio nominal y real en América Latina. Sobre este último punto se continuará trabajando en las próximas entregas.

La determinación del tipo de cambio nominal

¿Qué es el tipo de cambio nominal?

Técnicamente, el tipo de cambio nominal es el número de unidades de moneda nacional que hay que entregar para obtener una unidad de moneda extranjera. Usualmente, cuando hablamos de tipo de cambio nominal nos estamos refiriendo a cuánto cuesta un dólar en moneda local. Por ejemplo, el precio de un dólar en Argentina está en 37 pesos argentinos, en Colombia en 3.000 pesos colombianos y en Brasil en 3 reales. Cada una de estas cifras representa el tipo de cambio nominal de cada uno de estos países.

Los tipos de cambio suelen mirarse en relación al dólar porque se lo considera una moneda fuerte, estable y de aceptación a escala global. El predominio de su uso en términos internacionales convierte al dólar en una divisa.

¿Cómo se establece el valor del tipo de cambio nominal?

Existen mecanismos de oferta y demanda que determinan el precio del dólar, algunos de carácter coyuntural y otros estructurales. A la vez, el Estado tiene herramientas para influir en ese precio.

¿De qué dependen la oferta y la demanda de dólares?

La oferta de dólares refiere a los dólares que ingresan al mercado. La forma más típica de ingreso es a través de las exportaciones. Otras vías que incrementan la oferta son el turismo receptivo (turistas extranjeros que ingresan al país), las remesas de trabajadores en el exterior, la remisión de utilidades de empresas locales en el exterior, y la deuda externa, entre otras.

Todas estas partidas de ingresos de divisas tienen su contrapartida como salida. En el caso del comercio exterior son las importaciones, y así sucesivamente. Cuando los ingresos superan a las salidas tiende a haber una abundancia de dólares que aprecia la moneda, y en el caso inverso hay una escasez que provoca una depreciación.

¿Qué es el balance de pagos?

En el balance de pagos se contabilizan todas las entradas y salidas de divisas del país. El mismo se divide en dos partes: la cuenta corriente y la cuenta capital y financiera. La primera partida incluye la balanza comercial (exportaciones e importaciones de bienes y servicios) y todo tipo de rentas (intereses de deuda externa, remisión de utilidades de empresas, remesas de trabajadores y regalías). La segunda incluye los movimientos de capital e inversiones reales (deuda externa, inversión de portafolio, inversión extranjera directa, dolarización de ahorros, entre otros).

Si la cuenta corriente y la cuenta capital y financiera ofrecen un saldo positivo (superávit externo) el país registrará una acumulación de dólares. Los mismos engrosarían las reservas internacionales del banco central. En caso contrario, cuando el saldo es negativo (déficit externo) la salida de divisas que no logra ser cubierta con los ingresos se financia a con reservas internacionales, lo que implica una desacumulación de las mismas.

Si bien el superávit externo se podría alcanzar vía un saldo positivo en la cuenta corriente o en la cuenta capital y financiera, no es indiferente según en cuál de las dos cuentas ocurra. La segunda, a diferencia de la primera, tiene contrapartidas a futuro. Es decir, todo ingreso de deuda, inversión extranjera, de cartera, entre otros, son ingresos que en un futuro saldrán del país en forma de pagos de capital, intereses o remisión de utilidades. En este sentido, los superávits en la cuenta de capital incrementan el ingreso de divisas en el presente, pero también aumentan la vulnerabilidad externa del país por las futuras salidas.

¿En qué consiste una apreciación y una depreciación?

Si la oferta de dólares tiende a superar a la demanda derivaría en una abundancia de dólares que reduciría su precio. En este caso, estaríamos frente a una apreciación de la moneda local, ya que con ésta se podrían comprar más dólares que antes. Inversamente, si los demandantes superan a los oferentes, los dólares tenderán a escasear, por lo que su precio subirá. En ese caso estaríamos frente a una depreciación de la moneda doméstica ya que con ésta se podrán comprar menos divisas que antes.

En números podríamos decir que si con 3 reales brasileños se compraba 1 dólar y ahora se necesitan 4 reales para realizar esta compra estamos frente a una depreciación. Si, por el contrario, ahora con 2 reales alcanza para obtener 1 dólar estaríamos delante de una apreciación.

¿Cuál es la capacidad del Estado de influir en el tipo de cambio?

Como mencionamos en los puntos 2 y 3, el tipo de cambio nominal se determina por la oferta y la demanda de dólares en un momento dado. Si la demanda supera a la oferta esto tenderá a encarecer el precio de la divisa, lo que implicaría una depreciación de la moneda local. En el caso contrario ocurrirá una apreciación.

Sin embargo, un banco central tiene herramientas para intervenir en este proceso. Básicamente sus dos mayores armas para influir en la cotización del tipo de cambio nominal son las reserva internacionales y la tasa de interés.

Supongamos que el banco central pretende abaratar el precio del dólar (apreciar la moneda). Para que eso suceda la oferta de divisas debe superar a la demanda, lo cual la autoridad monetaria puede lograr vendiendo dólares de sus reservas internacionales. El mismo mecanismo puede implementarse si hay una tendencia a la depreciación de la moneda que quiere evitar. En ese caso la demanda estaría superando a la oferta y, para equilibrar, el banco central podría inyectar parte de sus reservas internacionales para aumentar la oferta y satisfacer la demanda al precio dado.

Otro mecanismo muy utilizado por los bancos centrales es la tasa de interés. Siguiendo con el ejemplo de que la autoridad monetaria busca apreciar la moneda (o evitar una depreciación), otra forma de lograrlo es mediante el aumento de la tasa de interés local. Esto incrementaría el rendimiento de los activos en moneda local, lo que generaría que los agentes reduzcan su demanda de dólares o, incluso, se desprendan de los mismos para comprar moneda doméstica e invertir en activos locales que ofrezcan la rentabilidad dada por la nueva tasa de interés.

Ambos mecanismos funcionan a la inversa. En caso de que el banco central quiera promover una depreciación (o evitar una apreciación) podría intervenir en el mercado cambiario comprando dólares o reduciendo la tasa de interés.

Los bancos centrales eligen entre tres tipos de esquemas cambiarios y actúan en consecuencia: tipo de cambio flexible, tipo de cambio flotante o tipo de cambio fijo. El primero implica dejar que la moneda fluctúe libremente en función de la oferta y demanda del mercado. El segundo consiste en dejar que la moneda fluctúe entre una cota inferior y una cota superior; cuando el tipo de cambio perfora estas bandas el banco central interviene para devolverlo a los valores deseados. El tercero significa que el banco central interviene para mantener el tipo de cambio en un valor fijo.

Cabe aclarar que la capacidad del banco central para intervenir en el mercado de cambios no es ilimitada. Depende de la cantidad de reservas internacionales que disponga y del grado de confianza en los activos domésticos.

El rol del tipo de cambio real

¿Qué es el tipo de cambio real?

El tipo de cambio real indica la relación entre los precios de los bienes y servicios de distintos países. Si quisiéramos comparar precios entre países para ver cuál es más caro poco nos diría el tipo de cambio nominal. Por ejemplo, el tipo de cambio nominal en Colombia es de 3.000 pesos colombianos mientras que en Argentina es de 37 pesos argentinos. Otra forma de verlo es que 1 peso argentino equivale a 81 pesos colombianos. Nada nos dice esto sobre qué país es más caro, para eso debemos analizar los precios vigentes en cada país y, para hacer posible la comparación, debemos mediar por el tipo de cambio entre estos dos países.

Supongamos que un café saliese 3.000 en Colombia y 60 en Argentina, utilizando esta fórmula obtendríamos que[1]:

El resultado que obtenemos al comparar ambos tipos de cambio real es que el colombiano sería más alto que el argentino, por tanto Colombia es un país más barato o relativamente más barato para los extranjeros.

El tipo de cambio real se puede calcular de manera bilateral (compara los tipos de cambios nominales entre dos países y sus respectivos precios) o multilateral (compara los tipos de cambio de los distintos socios comerciales y sus respectivos precios).

¿Qué rol juega el tipo de cambio real en la economía?

El tipo de cambio real juega un rol relevante en términos de competitividad entre países. Un tipo de cambio real alto (depreciado) abarata los bienes producidos en el mercado doméstico tornándolos más competitivos a nivel internacional. De esta manera, contribuiría a incrementar las exportaciones y sustituir importaciones. A la inversa, un tipo de cambio real bajo (apreciado) encarece la producción local restándole competitividad a la exportaciones y favoreciendo la importaciones.

Existe un amplio debate entre los economistas acerca de los beneficios y perjuicios de establecer un tipo de cambio real alto para alcanzar el desarrollo económico. A grandes rasgos, de un lado se ubican quienes plantean que con esta política se incrementará la producción y el empleo al promover exportaciones y sustituir importaciones. Del otro, quienes afirman que los efectos sobre la producción se verían matizados por el impacto distributivo a nivel local y enfatizan el carácter regresivo en la distribución del ingreso.

¿Cómo se determina el tipo de cambio real?

El tipo de cambio real está influido tanto por la evolución del tipo de cambio nominal como de los precios locales y extranjeros. En este sentido, los factores analizados en la sección anterior y los determinantes de los precios influyen en su determinación.

Nótese en la fórmula presentada anteriormente que un incremento del tipo de cambio nominal o de los precios extranjero elevan (deprecian) el tipo de cambio real, en tanto un aumento de los precios locales reduce (aprecia) lo aprecia. En otras palabras, incrementos del tipo de cambio nominal o de los precios en el resto de los países aumentan la competitividad local, mientras que el aumento de los precios locales la reducen.

Sin embargo, cabe aclarar que, si bien el tipo de cambio real fluctúa por estas variables, tiende a orbitar en torno a la productividad del país en cuestión. Si un tipo de cambio real alto, al abaratar relativamente los costos con el extranjero, favorece la competitividad, aquellos países que gocen de productividad más elevada (por capacidades tecnológicas y organizacionales) podrán ser competitivos a un tipo de cambio más bajo que aquellos menos productivos.

La inserción de América Latina en el mundo y su papel en la determinación del tipo de cambio

A continuación señalaremos tres factores fundamentales en la determinación del tipo de cambio que diferencian a América Latina de otras regiones. Se trata de particularidades asociadas al perfil de inserción productivo, comercial y financiero de la región en el mundo.

Alta dependencia de los precios internacionales de los commodities

Nuestra región se encuentra especializada en la producción de materias primas. Productos agropecuarios, petróleo, minerales, café, entre otros elementos primarios, caracterizan a nuestras exportaciones.

Una particularidad de este tipo de bienes es la elevada volatilidad de sus precios. Se trata de commodities, productos relativamente indiferenciados, cuyo precio se establece en el mercado internacional. El mismo es más volátil que el de los bienes industriales o los servicios, y está muy afectado por factores especulativos.

La volatilidad de los precios internacionales determina un ingreso extraordinario de divisas cuando se encuentran en niveles elevados, y fuertes restricciones cuando se encuentran bajos. Por lo tanto, la evolución de los precios de los commodities es uno de los factores distintivos que cobran enorme relevancia en la determinación del tipo de cambio en América Latina, favoreciendo apreciaciones de las monedas locales en contextos de auge y depreciaciones en momentos de baja.

Flujos de capital unilaterales

Así como en el plano comercial la región se inserta, fundamentalmente, como productora de materias primas, en el plano financiero lo hace como receptora de flujos de capital. Nuestros países se posicionan como receptores de divisas por la vía de la deuda externa, inversión de portafolio e inversión extranjera directa que fluyen mayoritariamente desde los países centrales y China.  En cambio, son prácticamente nulos los movimientos de capital desde la región a otros países. Como contrapartida, pagamos elevadas rentas en concepto de intereses, regalías y remisión de utilidades por estos ingresos de capital que presionan negativamente sobre el balance de pagos.

Esta cuestión también aumenta la volatilidad del tipo de cambio en la región al exponernos al ciclo financiero global. En contextos de auge del ciclo se registran ingresos crecientes de deuda externa, inversión en cartera e inversión extranjera directa que aumentan la oferta de divisa y tienden a apreciar la moneda. En cambio, en contextos de retracción del ciclo, esto flujos retornan a sus países de origen presionando a la alza al tipo de cambio.

Baja productividad relativa y estructura productiva desequilibrada

Por cuestiones de rezago tecnológico, la productividad de nuestros países es menor a la de los países centrales. Esto implica que, para poder competir en el mercado internacional con determinados bienes industriales y servicios, nuestros países necesitarían un tipo de cambio real más elevado.

A su vez, la mayor parte de la región cuenta con un sector primario altamente competitivo que puede exportar sin necesidad de un tipo de cambio real alto. Entre estos dos valores es que puede fluctuar el tipo de cambio.

El tipo de cambio constituye una variable fundamental que en América Latina enfrenta particularidades que incrementan su volatilidad. En las próximas entregas se profundizará sobre estos factores desarrollados en el apartado anterior, las consecuencias de los movimientos del tipo de cambio, su evolución reciente en la región, y las perspectivas a futuro en un contexto internacional cargado de incertidumbre.

 

[1] Este ejemplo constituye una simplificación ya que el cálculo del tipo de cambio real incluye todos los precios de la economía.