A pesar del éxito del programa de vacunación, el Gobierno se enfrenta a pronósticos nada favorables en materia económica y de seguridad social.

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Guillermo Lasso llega a sus primeros 100 días de gestión cobijado por las expectativas positivas de Gobierno entrante y aferrado a la opinión ciudadana favorable por los resultados de su plan de vacunación. La vertiginosidad de la vacunación del Gobierno de Lasso, que contrasta con la desastrosa gestión del Gobierno anterior, ha hecho que prevalezcan lecturas positivas de la misma incluso provenientes de actores críticos al Gobierno. Es pertinente saludar los aspectos positivos de este punto a favor de Lasso, no obstante, propongo aquí la sensible pero necesaria tarea de proveer elementos para una lectura crítica de su desempeño, sus límites (incluso a nivel de la opinión pública), sobre el rol de los gremios empresariales y las implicaciones futuras para la política pública.

Además de la vacunación, el otro aspecto clave en la gestión de la crisis ha sido la política económica. Las primeras decisiones (e indecisiones) económicas del gobierno permiten concluir dos cosas. En primer lugar, Lasso ha incumplido las ofertas del tramo final de campaña que presentó como urgentes para la recuperación y, como era de esperarse, no se alejará de la senda que Lenín Moreno empezó a trazar en los pasados cuatro años: ajuste, libre comercio, privatización y desregulación económica. Después de todo, Moreno puso en marcha varias de las reformas económicas que Lasso ha planteado durante los 12 años de su carrera política. En segundo lugar, la política económica se muestra carente de un plan estructurado y encuentra un límite en el saldo negativo de las primeras jugadas políticas de Lasso.

Vacunación: ¿una exitosa campaña empresarial?

El programa de vacunación de Lasso ha sido exitoso, incluso si no llegase a la meta de 9 millones de personas vacunadas con dos dosis en 100 días. De acuerdo a las últimas declaraciones de la ministra de Salud, Ximena Garzón, 8.4 millones de personas ya habrían sido completamente inoculadas. Las cifras del programa de vacunación brillan mucho más al lado de la desastrosa gestión que hizo el Gobierno de Moreno que será recordado por sus pobres resultados (superó a penas el millón de dosis) y por los privilegios a los círculos familiares del exministro de Salud de turno.

En campaña, Lasso anunció que su programa de vacunación se limitaría a las vacunas occidentales aprobadas por la agencia reguladora norteamericana FDA. Sin embargo, una vez en el poder tuvo que echar tierra encima de estas declaraciones y se abrió a todas las vacunas posibles. Esta fue una primera gran decisión que ha permitido que Ecuador disponga de una gran cantidad de vacunas. La gran disponibilidad de vacunas es la clave del éxito del programa de vacunación donde lo más destacable es la coordinación intergubernamental entre Ecuador y China. La gran mayoría de vacunas que se aplican en el Ecuador son las de la empresa china Sinovac, seguidas de lejos por las elaboradas por Pfizer y AstraZeneca. Al 31 de agosto de 2021, las dosis de Sinovac aplicadas en Ecuador alcanzaron los 11.2 millones mientras que las de Pfizer y AstraZeneca llegaron a los 5.1 y 1.9 millones respectivamente.

La contribución económica de las élites ha sido mucho menor de la anunciada originalmente. El fideicomiso privado “Unidos por Ecuador” ha tenido un rol más secundario al anunciado inicialmente y los anuncios de adquisiciones privadas de vacunas quedaron en la nada. Lo que sí se debe destacar del rol de las cámaras de producción y comercio es que facilitaron que sus empresas agremiadas organicen espacios y jornadas de vacunación para sus ejecutivos, empleados y sus familiares. Si bien esto replica las desigualdades de acceso propias de las redes empresariales y de otros actores clave como las universidades privadas, es innegable que esta coordinación ha permitido que las vacunas lleguen más rápidamente. No obstante, hay que poner las cosas en su debida dimensión sin ocultar que, sin la gestión intergubernamental para adquirir vacunas especialmente provenientes de China, no hubiesen existido las dosis para ser distribuidas rápidamente en una coordinación entre varios actores públicos (Ministerio de Salud, Fuerzas Armadas, Consejo Nacional Electoral) con el apoyo adicional de las redes de los gremios privados.

Asimismo, no debe confundirse la disponibilidad de los gremios empresariales para maximizar la aplicación de vacunas en un momento de crisis con un ejemplo exitoso de alianza público-privada que puede usarse como modelo para otros programas de Gobierno como lo posicionan los voceros del Gobierno y los medios de comunicación. Existen áreas dónde un esfuerzo similar puede ser útil pero no es equiparable a la mayoría de responsabilidades gubernamentales.

Reforma económica: continuidad neoliberal con los límites de la gestión política

De la mano de la vacunación, la recuperación de la crisis exige decisiones económicas fuertes. La mayor parte del mundo, incluso en la línea de lo que han manifestado públicamente organismos internacionales como el FMI, han destinado ingentes recursos públicos a las economías y desplegaron tempranamente políticas de alivio financiero teniendo como eje la reducción de las tasas de interés. Moreno, por supuesto, fue en sentido inverso: aprovechó la crisis para profundizar los recortes en el sector público, retomar la flexibilización laboral y privilegiar el pago de deuda y de irresponsables apuestas especulativas en los mercados internacionales. Lasso no ha dado señales de querer hacer lo contrario. Para muestra de ello, en materia de alivio financiero, Lasso se ha limitado a exhortar a la banca a que reduzca las tasas de interés y facilite el acceso al crédito en vez de utilizar su capacidad regulatoria. En 100 días, los deudores de la banca tienen como respuesta un exhorto y los permanentes anuncios del Banco Central sobre un nuevo sistema de tasas de interés que se presentará en los próximos meses y cuyas características se desconocen. Quizá están esperando que se nombre la Junta Reguladora (supuestamente independiente del ejecutivo pero cuyos miembros son propuestos por Lasso) para decir que cualquier acción u omisión en esta materia es responsabilidad del Banco Central “independiente”.

Lasso ha incumplido las ofertas de campaña que parecían alejarlo de su ADN neoliberal. Por ejemplo, no se ha aumento del salario mínimo y los anuncios de su ministro de Trabajo apuntan a una mayor flexibilización de la contratación. No ha eliminado el agobiante impuesto del 2 % al ingreso de las microempresas que su propia bancada apoyó durante el periodo de Moreno. No ha puesto en marcha la política de crédito barato para el agro donde la conflictividad con sectores lecheros y arroceros ha despuntado por los incumplimientos de ofertas de campaña en materia de precios de sustentación. Asimismo, al sector agrícola le preocupa el avance de tratados de libre comercio, como por ejemplo con los países de la Alianza del Pacífico, donde se requieren protecciones a la producción local.

¿Deberían sorprendernos los anuncios y primeras decisiones de Lasso en materia económica? La verdad es que no. Aunque formalmente ya no figure como dueño de su banco, Lasso pertenece y defiende los intereses de los grandes grupos financieros y económicos. Más allá de la demagogia de campaña, de ello dan cuenta sus propuestas económicas plasmadas en doce años de carrera política y tres campañas presidenciales con sus respectivos programas de Gobierno: privatización, libre comercio y desregulación económica.

Analistas políticos y económicos reclaman al presidente Lasso la falta de un programa económico estructurado para superar la crisis, pero olvidan que el debilitamiento de la planificación es parte intrínseca del neoliberalismo. De hecho, sorprende que Lasso haya devuelto a la Secretaría de Planificación su estatus ministerial. En cambio, lo que no sorprende es que, a 100 días de gestión, el Gobierno no tenga un Plan de Desarrollo y que el titular de la cartera a cargo interprete la ley a su gusto y presente excusas vergonzosas al ser convocado por la Asamblea para explicar el vínculo del la recientemente presentada proforma presupuestaria con la planificación.

En el ámbito de la política económica que requiere reforma legal, Lasso tiene problemas por el saldo negativo de sus operaciones políticas en la Asamblea Nacional donde perdió su alianza con el Partido Social Cristiano (PSC) junto con la gobernabilidad que le ofrecía el correísmo (UNES). Optó en cambio por constituir una mayoría de arranque con el Partido de la Unidad Plurinacional Pachakutik (PK) y la Izquierda Democrática (ID). Con el PK las cosas son particularmente complicadas para Lasso quien tiene que lidiar con una agrupación política cuyos cuadros asamblearios se balancean entre sus agendas propias, la disposición a negociar directamente con el Ejecutivo y el hecho de ser representantes de un partido que se debe al movimiento indígena, su agenda progresista y su capacidad de movilización. El escenario en la Asamblea es complejo para Lasso. Aunque posee el margen de maniobra heredado por el las reformas de Moreno y dispone de los instrumentos del Ejecutivo, no ha logrado poner en marcha un proyecto de ley económico urgente en que plasme su propia impronta.

Al final de sus 100 primeros días, Lasso pone la gestión política en manos de una nueva ministra de Gobierno, Alexandra Vela, un viejo cuadro político de la Democracia Cristiana, enemigo histórico del del PSC histórico dentro de la derecha ecuatoriana. Con ello, se acerca aún más a las élites conservadoras serranas y se aleja del PSC y de la oligarquía de la costa. La política de Vela, retomando las viejas praxis de los años 90, parecería ser la de tensionar más las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Para ello le viene bien los últimos escándalos que se han destapado en el Legislativo sobre negociaciones de puestos que apuntan principalmente a legisladores del PK y la ID y sus equipos. No es menor la forma en que los medios de comunicación, aliados incondicionales del Gobierno, resaltan estos hechos en que la corrupción pareciera estar solo en el Legislativo cuando los puestos que se negocian están en el Ejecutivo. La nueva ministra se ha referido a la Asamblea como un espacio que bloquea y solo sirve para oscuras negociaciones de puestos y amenaza con la posibilidad de poner en marcha mecanismos de democracia directa como ya lo había anticipado el propio Lasso en su discurso de posesión.

Mientras se dilucida el escenario en la Asamblea, Lasso se ha volcado al uso de decretos y en pasarse por alto al Legislativo. Claro ejemplo de ello, y de la profundización de su agenda neoliberal, fue la decisión de volver a suscribir el Convenio del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) que había sido denunciado por el expresidente Correa doce años atrás por los perjuicios generados al Estado en materia de arbitraje y por su nula contribución a la atracción de inversión extranjera. El retorno del Ecuador al CIADI, que se hizo sin discutirse en la Asamblea Nacional como lo dispone la Constitución, tiene la clara intencionalidad de facilitar los flujos de capital para las privatizaciones que Lasso tiene previstas. En esta materia, Lasso arrancó con la liquidación de Seguros Sucre, entidad en manos del Estado que ocupaba una porción importante del mercado asegurador, sobre todo en el sector petrolero. Asimismo, vía decreto, dispuso la preparación para la privatización de la empresa petrolera Petroecuador.

El incremento de la participación del sector privado en el sector hidrocarburífero ha sido recurrente propuesta de Lasso en sus campañas. En este mismo ámbito, Lasso dijo estar de acuerdo con la eliminación de subsidios a los combustibles que arrancó con la política de bandas de precios puesta en marcha por Moreno y que ha provocado el incremento paulatino del precio de la gasolina y el diésel con sus respectivos impactos en los precios de bienes y servicios. Ante ello, organizaciones sociales lideradas por Confederación Nacional de Indígenas del Ecuador (CONAIE) anunciaron movilizaciones para exigir la derogatoria de los decretos ejecutivos que disponen la liberalización del precio de los combustibles. Lasso respondió al pronunciamiento, en el marco de un encuentro empresarial, manifestando que no aceptará desestabilizadores con fines protervos. Esta es la segunda vez que, como presidente, Lasso se refiere despectivamente a las organizaciones sociales. En el mes de junio, en un evento militar, se refirió a los sectores movilizados como anarquistas desestabilizadores a los que no tolerará. Anteriormente se había referido a las protestas populares de octubre de 2019 como anarquistas que se aprovechaban del descontento con las medidas económicas de Moreno que, a su criterio, no eran malas pero tardías. Volviendo al momento actual de las tensiones entre el Gobierno y las organizaciones sociales, éstas plantearon su apertura a dialogar, dejando sin piso los calificativos de Lasso y manteniendo vigente el pulso con el gobernante de turno.

Cierre

La opinión favorable que el Gobierno de Lasso ha tenido estos meses se explica por el efecto de las expectativas de Gobierno entrante y por los resultados de una rápida vacunación que contrasta fuertemente con la desastrosa gestión de su predecesor. La condición fundamental para el éxito del programa ha sido la disponibilidad de vacunas que, en gran medida se deben a la gestión intergubernamental entre Ecuador y China. Sin la gran cantidad de vacunas chinas, la red de vacunación empresarial o cualquier otro formato de distribución de vacunas a la población no habría servido de nada. Los voceros de Gobierno, los gremios empresariales y los medios de comunicación posicionan la vacunación como una exitosa alianza público-privada con el afán de empujar la participación privada en varios otros ámbitos de la gestión gubernamental. A pesar de las cifras exitosas, el sistema de salud pública no sale fortalecido fruto de esta cooperación que no es necesariamente viable ni deseable en todos los ámbitos de la política pública.

En materia económica, Lasso no ha tenido todo el margen de maniobra debido a los límites que le impone el saldo negativo de sus operaciones políticas en la Asamblea Nacional. De la mano con la mayor presencia de la Democracia Cristiana en su gabinete, su apuesta para el porvenir parecería ser exacerbar la conflictividad en éste y otros espacios. Mientras se dilucida lo que sucederá dentro de la Asamblea, Lasso ha dado algunos pasos que confirman que su Gobierno será la continuidad de la senda neoliberal. Lasso no da soluciones a los conflictos en el agro y sostiene la política de precios de los combustibles establecida por Moreno con sus efectos negativos en las cadenas de valor y la capacidad adquisitiva de las personas. Su primera respuesta ante los anuncios de movilizaciones lideradas por indígenas y trabajadores ha sido tensionar las relaciones y tacharlos de desestabilizadores. Las organizaciones no han caído en la provocación y han manifestado su apertura a un diálogo amplio e inclusivo dejando sin piso los calificativos de Lasso y manteniendo la tensión vigente.

En breve, la vacunación disminuirá su cadencia y con ello su efecto sobre la opinión ciudadana. Quedarán entonces al descubierto los graves problemas de desempleo, endeudamiento e inseguridad que viven los ecuatoriano y ecuatorianas, demandarán con más fuerza respuestas y soluciones y, de no hacerlo debidamente, fluirá más rápidamente la conflictividad social represada en la pandemia. Ese es el escenario que se abre al Gobierno ecuatoriano luego de sus primeros 100 días de gestión en que no podrá aferrarse más a sus iniciales condiciones.

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Andrés Chiriboga

Sociólogo por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Máster en Sociología Económica por la London School of Economics and Political Science (LSE) y máster en Finanzas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (TEC de Monterrey). Actualmente es investigador doctoral en Sociología Económica en el Max Planck…