El último domingo en Guatemala dejó en evidencia cómo las reglas del tan mentado juego “democrático” actual fuerzan a entrar en su lógica, muestran de qué manera éste, como un campo minado en algunos países de nuestro continente garantiza la perpetuación de un cierto statu quo, maquillando con un “cambio de personajes claves” la continuación de un orden particular: el de la élite oligárquica empresarial. En este sentido, volviendo al domingo en la cintura del continente, las elecciones no se tornaron esa posibilidad para que el pueblo elija romper con la hegemonía política y militar, cuestión que parte de la ciudadanía (en su mayoría de los sectores urbanos) viene reclamando desde hace cuatro meses. Desde esta recuperación del “espacio público” con la movilización ciudadana hacia y en las calles -que no es un evento más en un país como Guatemala- se cuestionó la corrupción, pero también, se llegó a resquebrajar la legitimación del binomio del ejecutivo al punto álgido que entre los carteles de los manifestantes se podía leer “Yo No Tengo Presidente”. El contenido de este mensaje si bien se nutre de múltiples vertientes políticas, no estaba vacío, como propuesta emergía la necesidad de una reforma de la ley electoral y, por ende, el pedido de aplazo de las elecciones del 6 de septiembre. Lo que se estaba solicitando era un nuevo pacto entre ellos/as y el Estado para volver a legitimar uno de los bastiones democráticos: la elección de quienes gobiernan para profundizar la representación en el gobierno. Visto desde lejos, esas plazas llenas se tornaron ese espacio de la comunidad, que en términos de Weber, es esa “relación social basada en el sentimiento subjetivo (emotivo o tradicional) de constituir un todo”.

Sin embargo, las elecciones llegaron en un escenario que contuvo diferentes escenas en simultáneo. Por un lado, como mencionáramos parte de la población urbana proponiendo la abstención, por el otro la campaña electoral con 14 partidos políticos en la contienda, pero con una clara disputa entre LIDER, UNE Y FCN-NACIÓN. El representante del primero (Libertad Democrática Renovada): Manuel Baldizón es abogado y destacado empresario en las actividades de transporte y turismo. Se incorpora al “mundo político” – si se considera el campo de lo electoral- como diputado en dos legislaturas y como candidato presidencial en las elecciones de 2011 cuando es derrotado en el balotaje por el ya ex presidente Otto Pérez Molina. Su campaña se caracterizó por contener “desaciertos” como una sanción por incurrir en una campaña anticipada y, entre otros elementos, la investigación que orientó la CICIG1 (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, institución dependiente de la ONU) por corrupción sobre algunos de los candidatos que lo acompañaban en la fórmula. A su vez, fue uno de los principales hombres que sostuvieron a Otto Pérez Molina hasta el último minuto de su mandato.

La representante de UNE (Unidad Nacional de la Esperanza), Sandra Torres Casanova, fue alcaldesa del municipio Melchor de Pencos del departamento de Petén, de donde es oriunda. En 2011 quedó fuera de la contienda presidencial a la que pretendía postularse debido a su condición de parentesco (ex-esposa) con el ex-presidente Álvaro Colom (2008-2012). También, se ha encontrado atravesada por denuncias de malversación de fondos. Y, por último, quien gana las elecciones en primera vuelta es Jimmy Morales –con un resultado parcial del 23,85% de los votos.

Lo primero y rápido que surge analizar es que la política como ese “mundo de lo posible”, de las contradicciones pero – también – de los oportunistas, da lugar a que estos personajes se vuelvan presidenciables y elegidos. Morales es un actor, sin experiencia en la función pública, aunque sí se ha presentado en el año 2011, cuando se postuló como alcalde del municipio de Mixco, uno de los más grandes de Guatemala y donde perdió contra Otto Pérez Leal, hijo del ex presidente Molina. Se postula como representante por el partido Frente de Convergencia Nacional-Nación de corte nacionalista. Y acá es necesario detenernos unas líneas, porque aquello que parece ser ese mundo de lo posible, asume su congruencia en el relato histórico de un país como Guatemala. El Partido Frente de Convergencia Nacional (ahora Nación) fue fundado y conformado por militares retirados responsables de las operaciones contrainsurgentes que tomaron la posición más dura al interior del Ejército; quienes, se resistían a una negociación para finalizar el conflicto armado interno, ya que se consideraban “ganadores” y no estaban dispuestos a moverse de sus privilegios e intereses de élite militar. Grupo, que para entonces (1995) fundó la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (AVEMILGUA).

Estos tres partidos fueron los que centralizaron la mayoría de los votos. El resultado que arroja el Tribunal Supremo Electoral (TSE) es incierto con el segundo lugar, aún no se sabe quien enfrentará a Morales en el balotaje previsto para el 25 de octubre. La demora en el escrutinio definitivo se origina en las audiencias de revisión que están teniendo lugar a raíz de las denuncias de irregularidades registradas en los comicios. Con el 99,07% de las mesas escrutadas, los resultados preliminares arrojan que Sandra Torres (UNE) obtuvo el 19,76% de los votos y le sigue, muy cerca, Baldizón que de favorito en las encuestas quedó en tercer lugar con 19,65%. El “destape” de la defraudación del caso “La Línea” trajo aparejado algunas consecuencias como esta caída del representante del Partido Líder. Una estructura con cambio de piezas tras una crisis de gobernabilidad, pero no de hegemonía, puede ser un factor que explique el ascenso de Morales.

Según el TSE preliminarmente votó el 71,3% del padrón; el 90,80% fue válido; el casi 10% restante se repartieron entre los blancos y nulos: el 5,03% y el 4,18% respectivamente. La participación fue mayor que en otras elecciones, por ejemplo, en las elecciones presidenciales del año 2011 la participación fue de un 69%. Se puede constatar un constante aumento desde el año 1995 hasta los últimos comicios del día domingo.

Al finalizar las elecciones, no se hizo esperar el llamado de la Casa Blanca, por intermedio del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden felicitando al recién asumido Alejandro Maldonado por la realización de las elecciones. El objetivo del país del norte estaba cumplido: desde que comenzó la crisis en Guatemala se mostraron siempre interesados en que se realizaran los comicios. Como también, manifestaron por medio de una nota su compromiso de “apoyar las instituciones de Guatemala, luchar contra la corrupción y promover la transparencia”, y garantizar el buen funcionamiento de las instituciones democráticas en el país centroamericano. Respecto al rol de EEUU en la crisis política que atraviesa el país, en el día de ayer el propio Otto Pérez Molina manifestó en una entrevista a CNN en español desde la cárcel que su gobierno “se volvió incómodo para EEUU” y acusó al país del norte de utilizar a la CICIG para acometer un “golpe suave” en su contra. En este conflictivo y dependiente campo institucional la democracia en Guatemala se encuentra en disputa y en tensión … y estas palabras contienen una sensación “gatopardista”, pero apostando a que se pueda comenzar a escribir un nuevo pacto en el país de la eterna primavera.

1La CICIG es un órgano independiente. Su mandato se origina en un acuerdo entre el Gobierno de Guatemala y la Organización de las Naciones Unidas; para apoyar al Ministerio Público, la Policía Nacional Civil y otras instituciones del Estado tanto en la investigación de los delitos cometidos por integrantes de los cuerpos ilegales de seguridad y aparatos clandestinos de seguridad, como en las acciones que tiendan al desmantelamiento de estos grupos.