I.  Los comicios

Las elecciones legislativas del pasado domingo en Colombia fueron el lanzamiento de la carrera presidencial. Los comicios en los que se eligió la composición del Senado y del Congreso de la República se dieron en un escenario de alta polarización, marcado por las consultas que se realizaron simultáneamente, en donde los sectores de la derecha y de la izquierda escogieron sus candidatos presidenciales, resultando electos Iván Duque y Gustavo Petro, tal y como estaba pronosticado.

Las consultas internas se convirtieron, además, en una primera medición de fuerzas entre los dos mayores aspirantes a presidente, aunque la verdadera campaña con todos los actores está apenas comenzado, porque ni Germán Vargas Lleras, ni Sergio Fajardo, ni Humberto de la Calle, realizaron consultas internas. Además de la polarización derechas-izquierdas de la consulta, existían pocas dudas sobre las preferencias del electorado, siendo Iván Duque “el elegido” de la maquinaria de Álvaro Uribe, y Gustavo Petro el candidato de izquierda con mayor peso dentro de la opinión pública.

La medición de fuerzas en estas consultas internas quizá fue una motivación para la participación ciudadana. Con más del 97 % de los votos escrutados, de 36.493.318 personas habilitadas solo 17.445.129 ciudadanos asistieron a las urnas, con un padrón electoral que creció en 3,6 millones de personas. El abstencionismo en la elección parlamentaria se redujo en torno a cinco puntos porcentuales respecto al 2014, pasando de 43,58 % en ese año, al 48,8 % en 2018, con una muy alta votación registrada para el Congreso como votos nulos (2.750.301) y votos en blanco (1.392.274). Mientras que la participación en la consulta fue del 26,37 % del padrón, es decir se  abstuvo el 73,13 %.

La interna de la derecha consiguió 6,1 millones de votos para  Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, y la interna de la izquierda llegó a 3,5 millones para Gustavo Petro y Carlos Caicedo. Se estima, no obstante, que las consultas sufrieron traumatismos por la insuficiente cantidad de tarjetones en las mesas electorales, lo que agitó -en unas pocas mesas- el fantasma del fraude electoral. Frente al mismo, la Procuraduría General de la Nación abrió varias investigaciones, mientras que la Misión de Observación Electoral (MOE) de la Organización de los Estados Americanos (OEA) insiste en la presentación de diversas irregularidades como la falta de entrega de tarjetones de las consultas en las mesas, la manipulación de votantes (especialmente de adultos mayores) y la presencia de material de propaganda electoral en los puestos de votación.

Esta penosa situación, sumada a las cientos de denuncias de irregularidades y delitos electorales, ha puesto una vez más la lupa sobre la legitimidad de los procesos electorales en Colombia y, en especial, preocupa de cara a las elecciones presidenciales del 27 de mayo. Sin embargo, es probable que el debate no trascienda y se salde con la destitución o una reprimenda al Registrador Nacional, Juan Carlos Galindo, sobre quien han caído las primeras críticas.

Las elecciones legislativas permitieron medir el músculo de las maquinarias electorales de los partidos: tal y como estaba pronosticado, las maquinarias clientelares y con aparato territorial son ostentadas por los partidos tradicionales: el Centro Democrático, Partido Conservador, Cambio Radical y Partido Liberal. Formaciones políticas que obtuvieron las mayores votaciones en ambas cámaras, resaltando que en el Senado el Centro Democrático y Cambio radical fueron los más votados, y en la Cámara el Partido Liberal siguió siendo la fuerza más votada.

El posicionamiento del exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, como cabeza de lista para la Alianza Verde, tuvo un efecto de empuje en el electorado indeciso con particular fuerza en Bogotá. Por otro lado, Germán Vargas Lleras midió fuerzas para su partido, aumentando su electorado, aunque no logró ser el partido más votado (como se esperaba), ni sacó una amplia ventaja del Partido Liberal y del Partido de la U, a los que esperaba arrebatar votación. También perdió visibilidad durante la campaña, producto de la polarización en la consulta interna de la ultraderecha.

Los resultados palpables en las elecciones marcan la posibilidad de un escenario de alianzas para las elecciones presidenciales, las derechas entran a disputarse los apoyos del Partido Conservador, del Partido de la U, y del Partido Justo Libres (evangélicos) y en el ámbito de la izquierda se revive el debate sobre la necesidad de una alianza entre Fajardo y de la Calle. Tal y como manifestó Antanas Mockus en su primera entrevista, será más difícil encontrar coincidencias con Gustavo Petro por las resistencias que puede presentar en el liberalismo y en el Polo Democrático. Una de las  primeras preguntas es  cómo se posicionará Germán Vargas Lleras. Los resultados reflejan que no es una fuerza política que tenga amplias posibilidades de pasar a segunda vuelta sin una alianza estratégica. El Partido Liberal sigue abierto a alianzas -aunque tenga candidato- producto de la división interna liderada por César Gaviria, que al parecer tiene preferencias por Vargas Lleras. El Partido de la Unidad Nacional también es posible que lo acompañe, y no se sabe por cuál camino optará el Partido Conservador, a quién Vargas les ha ofrecido la Vicepresidencia.  Quedan por delante días claves para definir la configuración de fuerzas para el 27 de mayo.

II.  Los datos electorales

Estas elecciones legislativas retocaron el mapa político en el país, mas no lo cambiaron. La derecha se distribuyó las curules de ambas Cámaras entre sus seis partidos –Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de la Unidad Nacional, Partido Conservador, Partido Liberal (centro-derecha) y Opción Ciudadana-, llegando a 78 de 107 senadores[1] y 145  de 172 representantes a la Cámara Baja. En el Senado perdieron once curules respecto del 2014, y en la Cámara perdieron tres curules[2].

Los sectores progresistas y de izquierda, con sus partidos Alianza Verde, Polo Democrático, Lista por la Decencia, y MAIS (Circunscripción Indígena), llegaron a veinte escaños en el Senado, ocho más que los obtenidos en 2014. A estas se suman las cinco curules del Partido FARC, aprobadas como parte del Acuerdo de Paz.

En la Cámara, estas formaciones progresistas y de izquierda llegaron a dieciséis curules, seis más que en 2014. En las dos curules por circunscripciones de negritudes, ganaron grupos comunitarios sin afinidad ideológica reconocida, mientras que la representación indígena MAIS, de orientación progresista, se quedó con la curul correspondiente[3]. A estas dieciséis curules se suman las cinco del Partido FARC.

III.  El Senado       

Cuadro 1: Elaboración propia a partir de los datos de la CNE[4]

Este panorama en el Senado cierra por completo la posibilidad de ser cooptado por la hegemonía de alguna de las fuerzas políticas de la derecha como ocurrió durante el “uribismo” (2002-2010). Será un Congreso de disputa clientelar, siguiendo la dinámica del último cuatrienio de gobierno del presidente Santos, por lo que cualquier presidente tendrá que negociar la agenda legislativa y las decisiones estatales trascendentales que requieren de aprobación parlamentaria.

Un Senado dominado por las derechas, en facciones que distan mucho del concepto de “partido”, con la impronta de la débil democracia colombiana, caracterizada por el mecanismo de tranzar gobernabilidad a cambio del presupuesto nacional. El apoyo de los senadores se logra otorgándoles el control de Ministerios y de las grandes obras de infraestructura, para que mantengan la maquinaria clientelar que les sustenta[5].

Analizar la composición del Senado con mayor profundidad será clave para conocer las tendencias electorales de la primera vuelta presidencial del 27 de mayo próximo, la “bolsa de valores de votos” se empieza a mover y los candidatos tradicionales empezarán a pujar por los votos de las y los senadores de derechas. El Partido Liberal y el Partido de la U, formaciones cercanas a Santos, tendrán un papel muy importante en la definición presidencial y en la actividad parlamentaria, al obtener cerca de 2 millones de votos cada una, muy cerca de la votación del uribismo y de Cambio Radical (Vargas Lleras), muy alejados de la desaparición como fuerzas políticas.

Los sectores progresistas se encuentran distanciados por peleas individuales entre los candidatos. Obligados por un sistema electoral que les exige presentarse sin coaliciones al Senado (porque incurren en inhabilidades) llegaron a veinticinco senadores, representando el 20 % del Senado, lo cual les permite negociar en algunos temas con las bancadas del Partido Liberal y el Partido de la U.  tendrán más peso legislativo, pero no llegarán a tener capacidad de impulsar reformas sustantivas.

IV.  La Cámara de Representantes

Cuadro 2: Elaboración propia con datos CNE[6]

En esta corporación el Partido Liberal sigue siendo el más votado, aunque perdió cuatro curules respecto a la anterior elección, manteniéndose como fuerza deliberante y definitiva en los acuerdos de la cámara baja. Los grandes ganadores fueron Cambio Radical, que pasó de tener diecisiete representantes en 2014, a treinta en 2018. El Centro Democrático también creció de forma significativa, pasó de diecinueve representantes en 2014 a 32 en 2018. Todos ellos se fagocitaron las curules del Partido de la Unidad Nacional, liderado por el presidente Santos, que pasó de tener 38 representantes a veinticinco, y las del Partido Conservador que pasó de tener veintinueve en el 2014 a veintiuno en el 2018.

Las regiones con mayor densidad poblacional definen en buena medida esta configuración, Cundinamarca-Bogotá, Antioquia, Valle, los Santanderes y los municipios de la costa donde el Centro Democrático suma 1.574.642 votos, es decir el 62,65 % de su votación, y Cambio Radical el 55 % de su elección. Estas formaciones políticas aumentaron sus curules y su votación, por cuenta de la maquinaria electoral instalada en la relación de poder local, manejo de presupuestos y de las obras públicas, más la manipulación política y mediática del electorado que desde el sentido común de derechas les vota por la creencia en una imaginaria injerencia “castrochavista” en Colombia, que no es otra cosa que el “significante vacío” encontrado por la derecha (mezclado con el fantasma de las FARC), suficiente para ganar votos en ciudades y municipios.

Todo ello, enmarcado en denuncias ciudadanas y de los observatorios electorales, sobre la participación de candidatos relacionados con poderes ilegales en 287 municipios[7], delitos de compra-venta de votos, irregularidades en la transmisión de los datos, y con una enorme cantidad de dinero utilizado en las campañas de los políticos tradicionales que llegaron a los 24 mil millones de pesos (8 millones de dólares), superando los topes permitidos de 884 millones de pesos (250 mil dólares)[8].

La izquierda y el progresismo se quedan con muy poca representación en la Cámara Baja, debido a que los votos de opinión no son suficientes para arrebatarle el poder a las maquinarias regionales. Mientras los sectores de centro-izquierda y la izquierda no cuenten con fuerza municipal, que implica garantías de seguridad para sus militantes en los departamentos dominados por la derecha, no podrán disputar las mayorías parlamentarias. Los territorios los siguen dominando las maquinarias de derecha.

V.  Las consultas internas

Estas elecciones legislativas estuvieron acompañadas de dos consultas internas. Una de la ultraderecha, que fue denominada “la gran consulta por Colombia” entre el uribista Iván Duque, la conservadora Martha Lucia Ramírez, y el también conservador  Alejandro Ordoñez. Esta consulta alcanzó 6.130.300 votos, (16,79 % del padrón electoral), de la cual salió elegido Duque con  4.038.101 (67,74 %), seguido de Ramírez con 1.537.790 (25,79 %)[9]. En el discurso del ganador de la interna, se anunció la formula Duque presidente, Ramírez vicepresidenta.

Esta consulta resultó una buena estrategia para el Centro Democrático que arrastró su elección al Senado y Cámara, y se mostró muy fuerte de cara a la elección presidencial. Tratarán de mostrar que parten de los 6 millones de votos en la contienda presidencial, una cuenta que no es tan real ya que por el Centro Democrático votaron 2.513.320, es decir 3.616.980 votos menos que lo registrado en la consulta. Es claro que otros grupos políticos influyeron en esta consulta, claramente el Partido Conservador, impulsado por el expresidente Pastrana, orientó votar por Martha Lucia Ramírez, y votantes de Cambio Radical, los grupos Evangélicos, y sectores del Partido de la U, como el liderado por Jimmy Chamorro –muy cercanos a Uribe- jugaron para Duque. No es definitivo que estos votantes de la consulta sean “fieles” a la candidatura de Iván Duque, ya que un sector del Partido Conservador, el Partido de la U, y los evangélicos, seguramente apoyarán a Germán Vargas Lleras[10].

La otra consulta, llamada “Consulta Inclusión Social por la Paz”, fue ganada por Gustavo Petro con una votación que midió muy bien para la opción de izquierda con 3.526.136 de votos (9,66 % del padrón electoral). Petro ganó con amplia mayoría, 2.849.331 (84,69 %), sobre el exalcalde de Santa Marta Carlos Caicedo 514.978 (15,30 %). Esta elección interna deja muy bien posicionado a Petro, sin embargo le ocurre algo similar que al candidato de la ultraderecha, Iván Duque, no es dueño de todo el caudal de votos que le acompañó en la consulta interna. La lista para el Congreso que impulsaron Petro y Caicedo llegó a 523.286, es decir 3 millones menos. Votantes del Polo, de los Verdes y algún sector del liberalismo votó por la consulta, y ellos tienen candidatos para las presidenciales.

Muchos medios de comunicación muestran como definitivos estos resultados para la definición presidencial, aunque no sea una proyección acertada de acuerdo a la realidad de los datos antes mencionados. La elección presidencial en Colombia la definen las maquinarias clientelistas, con mucha fortaleza como lo mostraron en la elección parlamentaria, los poderes locales ligados a intereses empresariales, y algunos a intereses ilegales[11]. También quedan pendientes las definiciones de los sectores de centro y centro-izquierda, que aún permanecen atomizados en cuatro candidaturas (Petro, Fajardo, De la Calle y Piedad Córdoba) y que tendrán muchas dificultades para colarse en la segunda vuelta, dejando un escenario sombrío como el del 2014, que marcó una disputa entre las derechas, Santos vs. Zuluaga, en la cual el electorado de izquierdas y de centro izquierdas tuvo que votar por el menos peor.

 

[1] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99SE/BXXXX/DSE99999.htm

[2] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99CA/BXXXX/DCA99999.htm

[3] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99CA/BXXXX/DCA99999.htm

[4] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99SE/BXXXX/DSE99999.htm

[5] http://fce.unal.edu.co/media/files/cuadernos/13/v10n13_uprimmy_1989.pdf

[6] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99CA/BXXXX/DCA99999.htm

[7] https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/defensoria-del-pueblo-alerta-sobre-riesgo-electoral-en-287-municipios-articulo-739337

[8] https://www.elespectador.com/noticias/politica/el-dinero-que-podran-gastar-las-campanas-politicas-para-elecciones-al-congreso-articulo-722231 http://www.semana.com/nacion/articulo/campanas-politicas-2018-inversion-en-dinero/559767

[9] https://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/htmlfijo/consulta.html

[10] https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/la-nueva-disputa-por-los-votos-cristianos-articulo-733714

[11] http://nuso.org/articulo/la-influencia-de-los-poderes-ilegales-en-la-politica-colombiana/