América Latina comenzó a despertar de la pesadilla del neoliberalismo a finales del siglo XX. Los resultados de las elecciones presidenciales de Venezuela en 1998 cuestionaban por completo la afirmación del politólogo estadounidense Francis Fukuyama que vaticinó 6 años antes “el fin de la historia”, o lo que es lo mismo, la “incuestionable” supremacía cultural y política de los Estados Unidos. El despertar latinoamericano se produjo democráticamente ganando en las urnas a los poderes capitalistas tradicionales que vendían la región al mejor postor. Después de Venezuela fue el turno de Argentina, del Brasil de Lula, de la Bolivia de Evo, del Ecuador con Correa al frente, de Paraguay, Nicaragua, El Salvador, Honduras… los pueblos se unían y desalojaban del poder a los partidos tradicionales. Los pueblos de América Latina decían no a la colonialidad y dependencia de Washington, no a la dependencia de Fondos y Bancos controlados por las oligarquías extra regionales. América Latina comenzaba a cerrar las duras heridas tras demasiados siglos con las venas abiertas.

La paulatina llegada de Gobiernos de izquierdas a diferentes países de la región tuvo también su claro reflejo en las dinámicas de integración regional. En 2005 se enterraba el ALCA en Mar del Plata. Mientras, surgían nuevos procesos de integración de carácter post-neoliberal como el ALBA-TCP o la UNASUR, o se producía una reorientación de algunos ya existentes, como el Mercosur. La región vivía un vuelco político de carácter post-neoliberal, sostenido en el enorme apoyo electoral de las propuestas contra-hegemónicas y de construcción de soberanía. Esto se ha traducido en una reducción de la pobreza y de la desigualdad sin precedentes en la región. Atrás quedaron las políticas de (des)ajuste y (des)estabilización propias de la década anterior.

Estas victorias electorales han dejado en fuera de juego a la derecha regional, que aún no es capaz de definir una clara estrategia para enfrentar las contiendas electorales. Tras la muerte del Presidente Hugo Chávez, la derecha venezolana y regional vio la posibilidad de arrebatar el poder político en las elecciones de Abril de 2013 a través de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Los intentos de “restauración conservadora” pretendían comenzar a imponerse en el mismo país donde comenzó el giro contra-hegemónico en la región. Sin embargo, Nicolás Maduro fue electo por la mayoría de los venezolanos. El fracaso en la contienda electoral llevó a la MUD, motivada por las presiones extra regionales, a activar su “golpe blando” a través de la guerra económica. Las elecciones regionales de diciembre de 2013 confirmaron, a pesar de los intentos desestabilizadores, que el apoyo al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) había aumentado.

Caso diferente es el de Bolivia, donde las fuerzas conservadoras no consiguieron aunar sus esfuerzos en una candidatura unitaria y el instrumento político del Movimiento Al Socialismo volvió a arrasar con más del 60% de los apoyos. En Brasil el “Huracán Silva” quedó en nada, y la derecha fió todas sus posibilidades en Aécio Neves. A pesar de todo el apoyo internacional, Aécio perdió las elecciones frente a Dilma Rousseff, dándole al Partido de los Trabajadores su cuarto mandato consecutivo.

Además de éstas, también vivimos elecciones presidenciales en Colombia, Costa Rica, Honduras, Panamá y El Salvador; estamos aún atentos a la segunda vuelta de las elecciones uruguayas donde el Frente Amplio parte con ventaja. 2014 ha sido un año de elecciones presidenciales y los resultados de las mismas marcarán el acontecer futuro de toda la región latinoamericana. Es por esto, por lo que la Escuela de Relaciones Internacionales “José Peralta” del IAEN, junto al Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), organizarán el próximo jueves 13 de Noviembre en horario de 17:00 a 20:00, y el viernes de 9:00 a 13:00 un Seminario Internacional donde los diferentes ponentes invitados harán un “Análisis de la coyuntura electoral en América Latina” de este año 2014. El lugar del evento será el Auditorio del IAEN y representará una magnífica oportunidad para debatir y reflexionar sobre los procesos políticos y electorales de Nuestra América y sus perspectivas a futuro, prestando especial atención a lo ocurrido en Brasil, Bolivia y Centroamérica, lo que puede suceder en Uruguay, y plantear el escenario electoral para el próximo año en Argentina y Venezuela.

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