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Las próximas elecciones generales de Paraguay se desarrollarán en un contexto de alta polarización donde el Partido Colorado –oficialismo- y la Alianza GANAR –que une al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y el Frente Guasú (FG)– se disputarán los cargos de vicepresidente y presidente[1]. En un escenario que apunta a ser inédito, las formas habituales de definición de la elección están perdiendo impacto.

Por una parte, el músculo del oficialismo ha ido menguando en sectores tan importantes como el funcionariado, donde en 2008 llegó a tener un potencial electoral que rondaba el 66 %[2]. Ello debido a la fuerte estigmatización que este sector sufrió durante el Gobierno de Cartes[3]. A la reducción del contingente funcionarial se suma el desgaste que arrastra el oficialismo, manchado por distintos escándalos de corrupción, que han mermado su credibilidad en la ciudadanía. Esta situación se visibilizó en el proceso de elecciones primarias internas, donde el candidato cartista, Santiago Peña, apenas logró sumar el 43,31 %, frente a su contrincante Mario Abdo que aglomeró el 50,93 % del voto interno.

Durante la campaña de las primarias, Mario Abdo quiso deshacerse de la incómoda herencia de su copartidario, lo que lo ubicó en la “disidencia” del imaginario colorado. Sin embargo, con el avance de la campaña presidencial, Abdo ha reducido el enfrentamiento con el cartismo, consciente de que apelar a la división interna solo podría debilitar a su formación política. Por ello, recientemente, están llamando a la unidad del partido y marcando cercanía con Cartes, sacrificando así el “voto independiente” o “voto crítico”. Los resultados de las primarias internas evidenciaron este hecho: la participación de colorados alcanzó 1.044.925, perdiendo 60.051 votos respecto del total de votos obtenidos en las pasadas elecciones presidenciales.

Por su parte, desde Alianza GANAR la dupla Alegre – Rubín ha logrado capitalizar el mensaje de cambio, impulsando un discurso de contraste frente al Partido Colorado, cuyas grandes debilidades son: 1) tener un candidato que reivindica la dictadura de Stroessner y 2) cargar con el lastre de la Administración Cartes.

El discurso del cambio orientado a la movilización de los más jóvenes, puede catapultar la Alianza, toda vez que, del total de 4.260.816 paraguayos habilitados para sufragar en los comicios, el 54 % son personas entre los 18 y los 39 años y que, de ellos, los jóvenes[4] de 18 a 24 años (un total de 894.366 personas) representan la porción más grande del padrón: el 20,73 %. En las elecciones de 2013[5], los votos de los No Afiliados se concentraron mayoritariamente entre los electores Muy Jóvenes que sumaron casi 70 % de los más de 400.000 votos de los No Afiliados, eso es casi la misma cantidad de afiliados al PLRA (409.347) que votaron en los comicios pasados. Ahí juega un papel clave el Frente Guasú que puede aportar un caudal nada despreciable de votos.

Si bien el electorado del PLRA es menor en cuanto a cantidad de afiliados, tiene una mayor capacidad de movilización del votante indeciso, esta capacidad de movilización tiene que ver con que la mayor parte del electorado indeciso (sin afiliación) es Muy Joven, razón por la cual es menos permeable al discurso de la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), cuyo mayor contingente electoral se encuentra entre los adultos mayores de 41 a 65 años, que acumularon alrededor de 245.000 votos entre los 897.338 afiliados a la ANR.

La variable sexo también es relevante. En las elecciones de 2013 se observó que tanto para la ANR como para el PLRA hubo una mayor votación relativa de mujeres Muy Jóvenes en todos los departamentos, con excepción de Canindeyú. Sin embargo, en el PLRA la mayor cantidad de votos de mujeres se restringe exclusivamente a la franja etaria de los Muy Jóvenes, pues en todas las demás, se registró una mayor cantidad de votos de hombres. Atendiendo a las regiones (Gráfico 1), se observa que en las zonas metropolitanas la participación es más amplia (aunque con una tendencia descendente) y que particularmente las zonas ganadera extensiva, occidental y campesina tradicional tienen la menor participación.

Fuente: elaboración propia a partir de Preferencias electorales en Paraguay 2017

En estas circunstancias, todavía no se tienen pronósticos fiables sobre cómo ha quedado la situación de los candidatos luego de las primarias, aunque comenzado el período de propaganda es de suponer que la competencia bipolar se acentúe y retroalimente a ambas opciones. Hay un detalle no menor: ha ganado notoriedad como tema de agenda “el fraude del ‘92”, cuestión que si bien es de discusión en el microclima político (haciendo opinar a casi todos los políticos de esa generación) puede llevar a una presencia simbólica del “fraude” que, si bien en un primer momento puede generar una bronca genuina y despertar consciencias, en un segundo momento puede “desincentivar” la participación por “apatía” “indiferencia” o bien “desprestigio” de los resultados de un escrutinio, lo que golpea en las posibilidades de la alianza GANAR. En el marco de este escenario, es importante ver la acción de algunas figuras claves.

Efraín Alegre: su desempeño depende de varias circunstancias impredecibles; por un lado, en qué medida será el depositario de las “ansias de cambio” de la porción nueva y volátil del electorado de centro –eso implica reforzar algunas definiciones discursivas de enunciación– y, por otro lado, en qué medida logrará atraer al votante más crítico y de izquierda, dejando de lado el estigma de haber sido ministro de Lugo y sustento de su destitución.

Leo Rubín: el periodista será el factor clave en lo que queda de la campaña; si bien no hay datos más recientes de cómo están posicionados los candidatos de cara a las elecciones, él tendrá a su cargo incentivar el crecimiento de la Alianza GANAR, pues es sobre quien cae la responsabilidad de expandir el discurso. Por ejemplo, denunciando el intento de fraude de integración de las Juntas Cívicas o, por el contrario, calibrando bien las impugnaciones a las candidaturas de Cartes y Nicanor al Senado, porque se puede volver un boomerang en tanto aquellos se victimicen por ser impedidos de participar.

Mario Abdo: arrastra con los problemas del Partido Colorado, un techo demasiado difícil de traspasar. Su capacidad de apelar al voto independiente (con las posiciones respecto de Stroessner y con la “herencia” gubernamental) se dificulta. Además, la forma cómo se procesaron las diferencias internas no dejaron “compacto” al partido. En contrapartida, el acompañamiento de los medios es muy fuerte, al igual que la potencia de los recursos públicos para hacer campaña.

[1] También se eligen senadores, diputados, gobernadores, concejales y asambleístas del Parlasur.

[2] http://www.abc.com.py/edicion-impresa/politica/quieren-controlar-voto-de-funcionarios-publicos-como-si-fuesen-unos-esclavos-1058849.html

[3] http://www.ultimahora.com/cartes-sataniza-funcionarios-publicos-segun-senala-marito-n1112026.html

[4] De los 6.709.730 habitantes que señala la Encuesta Permanente de Hogares 2013, de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC), 1.869.100 son jóvenes de entre 15 y 29 años; es decir, el 27,9 % de la población.

[5] Consultar los datos electorales citados en http://desarrollo.org.py/noticia.php?id=497

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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