Por Guillermo Oglietti y Jhon Bigpear

 

Nadie sabe cuál será el verdadero rostro del gobierno económico de Moreno. En principio no hubo paquetazos. Tampoco hubo políticas expansivas ni desarrollistas. Ni se ha avanzado en las promesas de campaña. Una síntesis apretada sobre el gobierno económico de Moreno solo permite afirmar esto, no hubo noticias.

No news, good news?

Se puede afirmar que la falta de novedades en el frente económico es una buena noticia. De hecho, el país pudo superar los problemas derivados de la caída de los precios de sus exportaciones y mantuvo la recuperación que el Gobierno heredó de la gestión anterior. Hoy Ecuador muestra un sostenido avance del PIB cercano al 4 % anual, un resultado muy envidiable que parece justificar el optimismo.

Sin embargo, siguiendo el famoso refrán que dice que “el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas”, nada es mejor que basarse en la realidad para entenderla, por lo que es necesario analizar algunos indicios que nos muestran las preferencias económicas del gobierno de Moreno.

Hubo un importante recambio en el equipo económico, con la salida de figuras clave comprometidas con el proyecto desarrollista de la revolución ciudadana, como Patricio Rivera, entre otros.

Sabemos que desde el principio Moreno mostró sin complejos un discurso a favor del Estado mínimo anunciando reducciones salariales para algunos funcionarios y la intención de desprenderse de activos públicos como el traspaso al sector privado del dinero electrónico[1] y la venta del avión presidencial.[2]

Lenín también muestra un discurso de libre mercado, abrió la compuerta de las importaciones que están creciendo explosivamente igual que la deuda externa con la que lo financia. Esta tendencia es inconsistente y tarde o temprano demandará un ajuste. Sobre quién recaerá es aún una incógnita abierta a especulaciones, pero desde luego, no será sobre los importadores.

En el plano tributario también hay indicios de que se está desmontando la moderna estructura progresiva que tanto costó conseguir. Por ejemplo, con la exoneración del saldo de anticipo del impuesto a la renta para muchas empresas -que fue una de las bazas que permitió despetrolizar los ingresos del Estado ecuatoriano-  y con la apuesta por profundizar los incentivos fiscales “a las empresas que inviertan contribuyendo al cambio de la matriz productiva”[3] -a pesar de que los resultados mostrados por estos incentivos en Ecuador y en el mundo han sido nulos-[4]. La eliminación del impuesto a la tierra rural,[5] en un país donde la estructura “feudal” de la propiedad agrícola recomendaría hacer exactamente lo contrario, apunta en el mismo sentido. Lo mismo indica la propuesta de eliminar el impuesto a la plusvalía, que se fundamenta en el argumento falso de que perjudicará a los constructores cuando en realidad los beneficiará, ya que disminuye los precios de los terrenos, desalienta el uso financiero del suelo y abarata su uso productivo y residencial.

Las características de las reformas al Código de Trabajo, que se están filtrando antes de la consulta popular, también despiertan las alarmas. Básicamente se está proponiendo un plan de empleo basado en reducir la carga salarial para las empresas. De nuevo se interpreta al salario como un costo y no se tienen en cuenta los efectos expansivos que genera el consumo popular sobre el crecimiento. La ganancia de competitividad empresarial se logrará disminuyendo costos salariales a las empresas que en definitiva terminarán pagando el resto de la sociedad (el plan juvenil consistirá en que el Estado abonará la mitad del salario y con el plan Mi Primer Empleo el salario se pagará con deducciones al anticipo del impuesto a la renta). Se difundió que se crearán nuevas modalidades contractuales y si bien el Gobierno afirma que no implicarán retrocesos para los trabajadores,[6] el ministro Ledesma dijo que estas nuevas modalidades solo serán efectivas para los nuevos contratos y no para los preexistentes (al punto que las empresas que cambien la modalidad contractual de sus trabajadores preexistentes serán severamente sancionadas). Es inevitable pensar que si las nuevas modalidades no implicasen retrocesos en los derechos laborales serían extensibles a los trabajadores con contratos preexistentes, porque de otra forma se generaría un prejuicio a favor de los nuevos contratados, por lo que no es difícil prever que el gobierno de Moreno avanza por el mismo camino que llevó a la emigración de millones de ecuatorianos. Ledesma dijo que quienes los critican deben analizar  “qué hacemos con los desempleados en el Ecuador” y explicó que “no sirve” la modalidad de empleo indefinido,[7] a confesión de parte, relevo de prueba; el de Lenín no parece ser un gobierno para los trabajadores.

La realidad sugiere que habrá cambios significativos en la política económica de Ecuador. ¿Por qué estos cambios aún no se han realizado? Esa es la pregunta relevante.

Nuestra hipótesis es que hay algo que contiene las iniciativas del Gobierno: la amenaza del retorno de Rafael Correa. Si la consulta consigue el objetivo de proscribir a Correa, ese será el punto de partida de las políticas neoliberales en Ecuador. Si la consulta no consigue proscribir a Correa pero consigue aprobar la propuesta de darle a Moreno todos los poderes de contraloría del Estado, entonces la proscripción a Correa avanzará por la vía de las denuncias judiciales, a través de la conocida guerra jurídica o Lawfare[8] como están haciendo todos los gobiernos conservadores en América Latina.

Como en la película Matrix, desde que asumió Moreno los ecuatorianos se encuentran en una realidad virtual, bajo el encantamiento del diálogo y la unidad nacional, no son capaces de distinguir la realidad que se les aproxima. La consulta será un momento definitivo, el nacimiento del verdadero Gobierno de Moreno. Tenemos la certeza de cuál será el giro que tomará el Gobierno de Lenín tras la consulta, lo que no sabemos es si los ecuatorianos y ecuatorianas optarán por tomar la píldora roja de la realidad o la azul de la ignorante ilusión.

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[1] https://www.eluniverso.com/noticias/2017/12/27/nota/6542014/asamblea-nacional-aprobo-que-solo-banca-privada-cooperativas

[2] Llama la atención la obsesión de los dirigentes conservadores latinoamericanos por los aviones presidenciales. La propuesta de Moreno no es original, también le sirvió a De La Rúa en Argentina para ganar la elección que lo llevó a la presidencia, aunque de todos modos nunca lo vendió. Alan García en Perú también utilizó el mismo recurso y Macri, con un toque de originalidad, en su primer año viajaba en vuelos privados para mostrar su “austerifilia”, aunque al terminar el primer año de Gobierno, ya se sintió confiado como para dar rienda suelta a sus verdaderas preferencias anunciando que compraría un avión presidencial de USD 65 millones. Esta obsesión justifica un análisis psicológico profundo que no podemos desarrollar en esta nota.

[3] https://www.eluniverso.com/noticias/2017/11/13/nota/6479167/presidente-lenin-moreno-elimina-reforma-que-modificaba-deduccion

[4] Oliva, N. (2017). “50 años de incentivos tributarios en América Latina: ¿Mito o Realidad?”. https://www.celag.org/50-anos-incentivos-tributarios-america-latina-mito-realidad/

[5] https://www.eluniverso.com/noticias/2018/01/02/nota/6547150/2018-se-elimina-pago-impuesto-tierras-rurales-segun-ley

[6] http://www.ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=2818830868

[7] http://andes.info.ec/es/noticias/economia/16/ministro-de-trabajo-advirtio-que-se-sancionara-cambio-de-modalidad-contractual

[8] Vollenweider, C. y Romano, S. (2017). “Lawfare. La judicialización de la política en América Latina”.  https://www.celag.org/lawfare-la-judicializacion-de-la-politica-en-america-latina/