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@Sergio_MartinC

@ConverL

Ayer, en un mensaje televisado, el presidente argentino Mauricio Macri anunciaba el regreso de su país a la mesa de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su retórica de “volver al mundo”, que tanto calado electoral tuvo, se derrumbó finalmente. A pesar de la humillación frente a los fondos buitre y las buenas palabras, la “lluvia de inversiones” jamás llegó y la sequía en el financiamiento se agudizó. Los argentinos viven un flash back y vuelven a rememorar los temores desterrados gracias a las políticas económicas aplicadas por los gobiernos precedentes a Macri. El FMI vuelve a América Latina, aunque en realidad nunca se fue.

América Latina, el FMI y la insistencia en un matrimonio fracasado.

Tras la entrada en vigor del FMI en 1945, la región latinoamericana entró masivamente al organismo. Sólo dos países quedaron rezagados: Haití, que entró en 1953; y Argentina, que entró en 1956. Desde ese momento, las relaciones entre los diferentes países y el organismo con sede en Washington han pasado por diferentes etapas, donde el número de acuerdos, el monto del financiamiento, y las condicionalidades en cuanto a las reformas han ido modificándose. Igualmente, las relaciones con unos u otros países han ido variando a lo largo de los años y, a pesar de que en la primera década del siglo XXI la presencia del FMI en algunos países fue testimonial, lo cierto es que nunca desapareció por completo de la región.

Como se pone de manifiesto en la tabla 1, los destinatarios de los desembolsos han ido variando significativamente a lo largo de los años, alcanzando su máximo en la etapa entre 1989 y 2002. Posteriormente, los desembolsos han ido disminuyendo, principalmente por los cambios en la orientación de la política económica de buena parte de los países de Suramérica, siendo el último periodo (2008-2015) dominado por pequeños países del Caribe.

Sin embargo, y para dejar patente que la presencia del FMI fue continua, es necesario remarcar que, en función de los datos de Nemiña y Larralde (2018), el Fondo Monetario Internacional aprobó créditos entre 2009 y 2015 en la región por una cifra récord de 342.987 millones de dólares, siendo esta cifra dirigida casi en su totalidad a dos países tradicionalmente vinculados a las políticas de Washington, México y Colombia. Entre ambos países acaparan el 98% de los compromisos del periodo, a lo que ahora parece que se unirá Argentina.

Tabla 1- Desembolsos acumulados del FMI hacia la región por periodos (en millones de USD constantes de 2010)

Fuente: Nemiña, P. y Larralde, J. (2018). Etapas históricas de la relación entre el FMI y América Latina (1944-2015)

El principal factor que ha hecho que la relación entre el FMI y América Latina haya sido estrecha -en términos históricos- ha sido la restricción externa a la que recurrentemente se ven sometidas las economías latinoamericanas. La llamada “división internacional del trabajo” ha situado a la región en la periferia de la economía mundo, especializada en la exportación de materias primas y la importación de productos elaborados. Debido al deterioro de los términos de intercambio para los países exportadores de materias primas, en el largo plazo se producen crisis en la balanza de pagos, lo cual obliga a la región a la búsqueda de financiamiento externo. Ahí las opciones son varias; sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, el papel jugado por el FMI ha sido trascendental y los acuerdos suscritos entre el FMI y los países de la región han sido regulares -aunque diferenciados en función de las etapas de orientación económica de la región- como puede verse en la Tabla 2.

Tabla 2. Acuerdos suscritos por su periodo y desembolsos promedio anuales y por acuerdo.

Fuente: Nemiña, P. y Larralde, J. (2018). Etapas históricas de la relación entre el FMI y América Latina (1944-2015)

En términos de política económica, lo más relevante es que el financiamiento otorgado por el FMI va acompañado de unas condicionalidades marcadas desde el propio organismo. Desde la década de los ’70, éstas han reforzado el rol del mercado y del sector privado frente a las medidas de carácter contracíclico impulsadas desde el sector público. El fracaso continuado de las mismas no ha hecho cambiar la orientación de las exigencias del Fondo, y continúan aplicándose cuando un país (como ayer, Argentina) solicita financiamiento.

Si bien el interés puede ser inferior al de otras fuentes de financiación, las condicionalidades políticas, económicas y sociales son las que realmente hipotecan las capacidades futuras para hacer frente al cumplimiento de las obligaciones, y dan vía libre a la ampliación del poder económico del sector privado (privatización de los sistemas de pensiones, privatización de la enseñanza y la sanidad, reformas laborales que buscan el abaratamiento de las fuerzas del trabajo, reducción de la presencia estatal en los sectores económicos estratégicos, etc.).

El reencuentro (traumático) del FMI y Argentina.

Según Macri, la llamada de ayer a iniciar negociaciones con el FMI busca “equilibrar el desastre que nos dejaron en nuestras cuentas públicas”. Según los datos, el desastre volvió con él. Los datos del propio Ministerio de Hacienda muestran que la deuda externa bruta del sector público no financiero y banco central, entre 2003 y 2015, aumentó un 8%. En contraste, sólo en 2016 (último dato oficial), el aumento fue del 21%. Esta misma fuente muestra que el Gobierno aumentó en un 62% su deuda externa entre fines de 2015 y fines de 2017, mientras entre 2006 y 2015 la misma aumentó 9%1.

Desechado el argumento de la “pesada herencia” con sus propios números, es necesario mencionar la dinámica que justifica -según el Gobierno- volver a pedir un préstamo al FMI. Con el inicio de la actual gestión, la regulación de las finanzas pasó a ser historia. La bicicleta financiera volvió con todo su esplendor y con muchos dólares prestados para repartir.

El 2018 marcó un freno a la posibilidad de endeudamiento externo irrestricto. Tanto la presión internacional sobre la acumulación de deuda del Gobierno como el aumento de la tasa de interés de la FED, marcó un parate. Sin embargo, el ritmo de fuga de capitales no cesó, y la liquidación del sector agropecuario se frenó previendo y aumentando la posibilidad de devaluación del peso. Aquella minoría con mucha capacidad de inversión financiera vio la posibilidad de un aumento instantáneo de sus ahorros y empezó a vender las LEBACS (Letras del tesoro) para comprar dólares, aumentando fuertemente la demanda de divisas y, por lo tanto, el precio del dólar.

Dada esta situación, el Gobierno decidió intervenir aumentando la tasa de interés de las LEBACS a 40% y generando así un incentivo extraordinario para volver a invertir en pesos e introduciendo algunas regulaciones. Sin embargo, la posibilidad de devaluación permaneció latente y el cambio abrió esta semana con una nueva devaluación.

Las reservas no son pocas y el riesgo de colapso no se encuentra cerca. Sin embargo, ante esta situación, la decisión no fue aumentar las regulaciones y cortar la bicicleta financiera sino la esperada2 vuelta al FMI, reafirmando la intención de reproducir el conocido ciclo de endeudamiento con una perspectiva cierta y demostrada de aumento de la tasa de interés internacional que prevé la repetición de la historia3.

Como se mencionó anteriormente, el acceso a este crédito se diferencia del resto del endeudamiento externo por los condicionantes que pone el organismo para su otorgamiento. Por esta misma razón, y dado el fracaso de la aplicación de las políticas económicas exigidas por el FMI en años anteriores, es que varios gobiernos de la región y del mundo decidieron cancelar su deuda con el organismo y aplicar políticas propias para solucionar la crisis económica existente.

Hasta el momento no se han anunciado los mandatos que condicionaran el crédito de 30.000 millones de dólares pedido por Macri, pero se pueden hacer algunas especulaciones con el último informe sobre el país presentado por este organismo ante la situación económica argentina4:

  • Reducir el déficit fiscal más rápido de lo programado

  • Hacerlo reduciendo el gasto público, particularmente en salarios, pensiones y transferencias sociales

  • Aplicar un ancla fiscal y mecanismos de aplicación más estrictos

  • Eliminar impuestos “distorsionadores” en una reforma tributaria que sacrifique ingresos fiscales a costa de un supuesto mayor crecimiento futuro

  • Señalaron que el aumento de la productividad y el crecimiento a largo plazo requeriría una reducción más acelerada de los aranceles de importación, la eliminación de la mayoría de las licencias de importación, la eliminación de barreras a la inversión y la entrada de empresas y medidas para impulsar la competencia interna”5.

Se ha oído mencionar que el FMI cambió porque las recomendaciones no serán las mismas que llevaron a la Argentina y a otros países al colapso. Sin embargo, reproducimos a continuación la traducción de un fragmento del informe emitido en mayo de 2001, 6 siete meses antes de la gran crisis que sacudió a la Argentina, que lo dice todo: “Estas iniciativas incluyen los pasos recientes para revertir el deterioro en el cumplimiento tributario, racionalizar y reformar la administración pública, abordar la solvencia del sistema de seguridad social, así como liberalizar el régimen comercial. Un progreso rápido y sostenido en estas áreas será clave para un éxito duradero del programa.”

1.https://www.minhacienda.gob.ar/datos/  Sector externo.

2http://www.celag.org/cambiemos-o-volvamos-la-politica-de-endeudamiento-externo-en-argentina-por-lucia-converti/

3http://www.celag.org/el-impacto-de-la-subida-de-la-tasa-de-interes-estadounidense-en-una-region-endeudada/

4http://www.imf.org/en/News/Articles/2017/12/29/pr17524-imf-executive-board-concludes-2017-article-iv-consultation-with-argentina#_ftn1

5Traducción textual del informe mencionado

6http://www.imf.org/en/News/Articles/2015/09/29/18/03/nb0144

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