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Los países de nuestro continente que en relación con sus procesos políticos más cuestiones en común tienen son Bolivia y Venezuela. Gracias a la fuerza de sus movimientos sociales y sus líderes carismáticos, ambas naciones han emprendido en los últimos 15 años intensos procesos de cambio político, los más radicales en el continente, en sus dimensiones económica, política, social y cultural. Encabezados por líderes excepcionales como Evo Morales y Hugo Chávez, nacidos en el seno del pueblo, rápidamente plantearon con claridad el horizonte de época de sus proyectos: el socialismo. Así, a diferencia de otros países de América que también iniciaron en las últimas dos décadas procesos de cambio y búsquedas de alternativas al neoliberalismo como Argentina, Ecuador o Brasil, acá la ruptura se dio en el marco de una lucha por el socialismo como modelo alternativo frente a la dominación estatal clasista y al modo de producción capitalista existente.

Con un lenguaje claro, radicalizado y orientador, que no deja dudas acerca de la apuesta por un horizonte socialista, tanto los partidos políticos surgidos para esa tarea (Movimiento al Socialismo de Bolivia y Partidos Socialista Unificado de Venezuela), como los movimientos sociales que acompañan, los intelectuales, los medios de comunicación afines, etc., todos volvieron a hablar y a plantearse el socialismo como alternativa. Incluso las fuerzas reaccionarias se han visto obligadas a morigerar su lenguaje pro-capitalista y sus propuestas neoliberales para revitalizar su presencia, fuertemente disminuida en este nuevo ciclo.

Todo aquello ha ocurrido, además, en un contexto de democracia liberal. Ese es el marco en el que  la lucha por la acumulación de fuerza transformadora ocurre. Porque en la actual etapa, y tras la derrota militar de las fuerzas de izquierda en el siglo 20, la izquierda del siglo 21, incluyendo la más radical, como son la venezolana y la boliviana, asume la vía al socialismo a través de la vía electoral en democracia, inspirada y aleccionada por el ejemplo temprano que en esa dirección dio Salvador Allende con su “vía chilena al socialismo”. La democracia ya no sólo se entiende como una herramienta, sino también como un espacio de realización y de ampliación de la restrictiva concepción que el capitalismo tiene de ella. Un desborde radical de las prácticas democráticas se comienza a vivir en Bolivia y Venezuela, en la calle, el barrio, la universidad, en lo cotidiano que escandaliza a la derecha. En este contexto, las elecciones se convierten en un escenario de permanente de disputa y acumulación de fuerza.

Y en esta lucha por construir un modelo de sociedad alternativo que inician Evo y Chávez en sus respectivos países, desbordando lo democrático-burgués por un lado, y , por otro, extremando lo democrático electoral con una cantidad inédita de elecciones y de triunfos, a ambos les ocurre algo muy similar: en la cúspide de su liderazgo, tras ganar todas y cada una de las contiendas electorales desde el inicio de sus mandatos, pierden en un referéndum en el que está en juego lo mismo: un cambio constitucional a las Cartas Fundamentales aprobadas en sus gobiernos que abra la posibilidad de prolongar los mandatos, más allá de lo originalmente previsto. Chávez pierde la consulta popular en diciembre de 2007, justo un año después de ganar abrumadoramente las presidenciales (con el 62.8% de los votos); Evo pierde en febrero de 2016, a poco más de un año de haber triunfado también ampliamente en las presidenciales de octubre de 2014, con el 61.3%. Las derrotas en los referéndums ocurren pues breve tiempo después de haber logrado éxitos contundentes en comicios presidenciales. Ambas derrotas son, igualmente, por escaso margen, Chávez pierde el referéndum por 1.4 puntos y Evo por 2.6.

¿Cómo explicar eso? ¿Cómo se transita en un año, y de modos similares, del 62.8% al 49.3%, en el caso de Chávez, y del 61,3% al 48.7% en el de Evo? ¿Qué ocurrió en ese año? ¿Qué variables inciden en que el pueblo vote mayoritariamente por el líder que encarna y promete un horizonte socialista, pero lo frena cuando propone su continuidad personal a cargo de dicho proceso? Son preguntas que como izquierda radical estamos en la obligación de plantearnos radicalmente. Si creemos en la inteligencia de un pueblo politizado y movilizado, debemos saber interpretar revolucionariamente los veredictos mayoritarios, aun cuando nos duelan. ¿Será que el trauma de las dictaduras sudamericanas, aun frescas en la memoria continental, causan recelo frente a continuidades personales, y que en ese contexto las campañas de la derecha logran mayor efectividad?, ¿cómo explicar el apoyo contundente al liderazgo presidencial y, al año, el rechazo (no contundente), a la posibilidad de la continuidad? ¿Cuánto han sedimentado valores republicanos liberales, como el de la alternancia, en el imaginario popular? ¿Qué diferencia las campañas y la comunicación política empleada por la derecha en contextos de referéndum como estos de las que se usan en otros contextos electorales? ¿Por qué es más difícil para Evo ganar cuando se enfrenta a Evo, tal como le ocurrió al Comandante?

Son preguntas que surgen al constatar que los dos procesos más radicales de cambio en el continente, liderados por los más carismáticos líderes americanos, tropezaron con la misma piedra cuando llevaban ambos cerca de una década al mando. La diferencia es que Bolivia puede con este revés sacar conclusiones y lecciones que en Venezuela no se hicieron a tiempo.

Por último, una consideración final frente a aquellos discursos reaccionarios y derrotistas que quieren equiparar las recientes derrotas de Evo en el referéndum y la de Maduro en las parlamentarias. En Venezuela cambió la correlación de fuerza al constatarse un avance efectivo de la derecha en la conquista de poder institucional. La MUD hoy dejó de ser fuerza secundaria del proceso de cambio social, logrando el control total del poder legislativo, lo que le permite incidir en la aprobación y anulación de leyes, convirtiéndose así en un contrapoder efectivo. En Bolivia, la derecha no ha logrado alterar el equilibrio en la estructura estatal plurinacional, ni aun con este reciente revés de Evo. Por lo mismo, el MAS y todas las fuerzas de cambio revolucionarias tienen a su favor el tiempo y la experiencia comparativa que los venezolanos no tuvieron, para reflexionar autocríticamentre acerca de este episodio en la lucha por la construcción de una sociedad más justa, mas humanista y más solidaria, es decir, más socialista.