Lenín y la restauración neoliberal en Ecuador

Análisis Político
Lenín y el retroceso neoliberal

En casi dos años, Lenín Moreno ha retrotraído al Ecuador a las épocas más autoritarias y antipopulares de su historia; sin embargo, la sociedad demuestra su descontento con el retorno a ese pasado.

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Lenín Moreno no cesa sus acciones regeneradoras del modelo político y económico neoliberal y oligárquico. En sólo dos años ha impulsado al Estado ecuatoriano de vuelta a los años ’90, demoliendo los importantes avances democráticos de la Constitución Política (2008). Sin embargo, a diferencia de un pasado no tan lejano, se enfrenta a una sociedad más politizada; una sociedad que conoció otra manera de gestionar lo público. La Revolución Ciudadana -liderada por Rafael Correa- sacó al país de la postración, la pobreza y el ostracismo internacional. Un sector importante de la sociedad está del lado del correísmo, manteniendo la disputa ante la oleada neoliberal en la región. Se trata de un sustrato político-social defensor del correísmo que desafía el método fracturador, antidemocrático y violento elegido por Moreno para continuar y mejorar el progreso popular logrado entre 2007 y 2017.

Tras perder las elecciones provinciales realizadas en marzo pasado, Moreno ajustó su estrategia restauradora basándose en tres ejes: a) Iniciando un proceso destituyente (ilegal y autocrático) desde el poder estatal tratando de disolver o negar al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), elegido democráticamente[1]; b) Profundizando la guerra judicial en contra del expresidente Rafael Correa (y todo lo que refiera a “correísmo”), amplificando el radio de persecución hacia los principales referentes de la Revolución Ciudadana[2]; c) Unificando su gestión (muy debilitada ante la sociedad) con los partidos tradicionales liderados por Jaime Nebot y Guillermo Lasso[3].

Todos estos ejes están avalados por factores externos que facilitan, con su tolerancia, las transgresiones constitucionales del Gobierno; el sistema interamericano de justicia no se pronuncia por ninguno de los casos de alto impacto mediático y político, lo que en el fondo supone un apoyo irrestricto de los EE. UU. a la versión ecuatoriana de intento de restauración neoliberal.

Moreno, el destituyente

Ecuador está entrando en una faceta estatal que recuerda a su última dictadura y, cada vez más, se aleja de la democracia consolidada en el proceso de cambio vivido a partir de 2008, luego de la debacle neoliberal gestada por las élites tradicionales desde los años ’90. Se asemeja a una situación que invoca la idea de que “el autoritarismo es el remedio infalible cuando el capitalismo atraviesa por una crisis y teme un colapso”[4].

El Gobierno de Moreno está conduciendo al Estado (los poderes y las instituciones) a practicar acciones destituyentes desde arriba, que desconocen las decisiones tomadas en los ámbitos legales de consenso social constituido por el poder primario. Moreno y sus aliados, pertenecientes de la vieja derecha ecuatoriana liderada por Jaime Nebot y Guillermo Lasso, están decididos a desconocer las elecciones en las que fueron elegidos democráticamente los integrantes del CPCCS. Se trata de una institución novedosa en el Ecuador y la región que, desde el 2008, trabajó por construir la democracia participativa. Sin embargo, hasta que el presidente Moreno decidió resquebrajarla desde que asumió su mandato en 2017.

En las elecciones seccionales y del CPCCS del 24 de marzo pasado, Lenin Moreno perdió de forma estrepitosa[5], al no lograr ninguna gobernación, ni alcaldía, y ningún consejero o consejera del CPCCS con su partido, la facción de Alianza País que decidió acompañarlo en la ruptura de los planteamientos progresistas con el que fue creado. Luego que el nuevo CPCCS, elegido por voto popular, se posesionó -y su distribución de fuerzas resultó no corresponder a los intereses de los poderes económicos y políticos de los sectores dominantes-, se inició un proceso de disolución y de destitución de los consejeros.

El debilitamiento del Estado de derecho avanza a pasos agigantados. La mayoría simple de la Asamblea Nacional del Ecuador, con 84 votos sumados entre el Partido Social Cristiano (Jaime Nebot), el movimiento CREO (Guillermo Lasso) y Alianza País (Moreno), censuraron y destituyeron a cuatro de los siete consejeros del CPCCS, negando la voluntad popular de la sociedad ecuatoriana expresada en las urnas[6]. ¿Qué panorama se abre con ello? Lo que puede venir es la eliminación del CPCCS o su vaciamiento al dejarla sin funciones, como de hecho ya viene ocurriendo con la desvinculación del Consejo como representante del Ecuador ante la Convención Anticorrupción de la OEA[7]. Cualquiera de estos dos escenarios, de concretarse, habrán llevado al país de regreso al Estado de los ’90, cuando la Asamblea Nacional se repartía los órganos de control de manera alejada de los intereses de las mayorías como mecanismo de impunidad.

Agudización de la guerra judicial

La guerra judicial contra el expresidente Correa se inició apenas entregar el poder a Lenín Moreno; comenzó con el irregular desafuero al vicepresidente Jorge Glas y su posterior encarcelamiento, y recientemente se ha dictado la prisión preventiva a Rafael Correa, lo que le impide regresar al país[8]. Tal persecución se profundizó a partir del triunfo del correísmo en las elecciones provinciales y del CPCCS en marzo pasado. Moreno y la coalición de derechas que gobierna el Ecuador, desarrolló un contraataque destinado a mellar la credibilidad del expresidente ante la sociedad, en una disputa pensada para conseguir un triunfo en el terreno de la hegemonía, que claramente está en disputa.

La intención de los sectores de poder tradicional es la instalación en el sentido común social la idea de que Rafael Correa y sus seguidores son corruptos y antidemocráticos. La persecución se ha intensificado a niveles insospechados; el mejor ejemplo es la judicialización iniciada contra los líderes de la Revolución Ciudadana, como el caso del excanciller Ricardo Patiño por ejercer su derecho político a la crítica y el llamado a la resistencia pacífica contra el Gobierno, como en una dictadura militar.

Para lograr tal objetivo, el Gobierno reforzó el cerco mediático. De tal modo, se puede afirmar que los monopolios comunicacionales cogobiernan junto con la banca y los demás grupos económicos. Este poder de facto ha sido capaz de alterar la realidad y mantener a la sociedad entretenida con la estrategia de guerra judicial mientras las estructuras instituciones del país se destruyen volviendo a la fisonomía clientelar de la partidocracia tradicional. De hecho, ha sido una ayuda central para impedir visibilidad de los escándalos de corrupción cometidos por el actual Gobierno, particularmente en aquellos episodios en los que el presidente es protagonista, como el caso INA Papers[9]. En resumen, se ha librado una guerra judicial que comprende el ataque judicial y mediático a los opositores y la impunidad judicial y mediática para las castas tradicionales.

Moreno y la coacción de las derechas

En las elecciones de marzo pasado, como ya se ha dicho, el correísmo mostró que es una fuerza electoral que está en la centralidad política del país. Mucho más si consideramos que fueron elecciones provinciales en las cuales se hace difícil compactar discursos, preferencias e identidades, y sin un partido claramente definido al negarse la recolección de firmas para la constitución del partido de la Revolución Ciudadana (y con todo el andamiaje mediático en contra). En esas elecciones, Correa demostró que sigue liderando las preferencias electorales[10].

Tal situación que obligó a Lenín Moreno a develar el pacto con las derechas tradicionales, las representadas por Lasso y Nebot. Hoy los tres políticos representan los mismos intereses y desarrollan la misma estrategia; es decir, son una sola fuerza. Buscan coaccionar a una parte de la sociedad como mecanismo de desequilibro hegemónico para constituir un proyecto a largo plazo, con la finalidad de instalarse de aquí en más en la conducción del Estado. El acuerdo elitista constituido por Moreno-Nebot-Lasso tiene como eje articulador la restauración neoliberal, un objetivo que requiere impedir un nuevo Gobierno de Rafael Correa o de cualquier otra persona con características progresistas y soberanas.

La actual situación viene siendo resistida por un tercio de la población ecuatoriana, expresada en la gestión gubernamental en provincias, municipios (prefecturas) y en la propia Asamblea Nacional. La coacción, que implica represión, persecución y proscripción política, tiene en frente a un grupo social con legitimidad por una gestión de gobierno de diez años en la que el Ecuador se transformó, generó estabilidad y demostró que es posible la participación y la distribución del ingreso. La oferta neoliberal es la ya conocida crisis con pobreza y recesión. Ecuador está en disputa.

Algunas conclusiones:

  • Los intentos de ampliar la dominación y ganar el pulso hegemónico a favor de las derechas, tiene como principal adversario el descontento social ecuatoriano producto de la mala gestión en materia económica, con la vuelta al endeudamiento del país con el FMI, el regreso de la incertidumbre para las familias y por el deterioro del mercado de trabajo. También existe descontento político porque Moreno es visto como un traidor y no representa ningún clivaje en la sociedad, en tanto no tiene piso político propio.
  • En este punto cabe preguntarse por el futuro inmediato del Lenín Moreno: ¿cuánto más puede mantener la “estabilidad” con el cerco mediático de la prensa? ¿Cuánto tiempo más la derecha lo acompañará en la gobernabilidad? Como hipótesis, teniendo en cuenta las circunstancias políticas y económicas, se puede decir que difícilmente la gobernabilidad durará mucho tiempo más, ya que no se visualiza una forma democrática para que Moreno se sostenga dos años más en esas circunstancias; la sociedad podría expresarse con más contundencia si la situación económica y política sigue deteriorándose. El panorama no es sencillo y está abierta la disputa por el destino del Ecuador.
  • La obsecuencia de Moreno frente a los EE. UU. demostrada con la entrega de Julián Assange, la reinstalación de la presencia militar de los EE. UU. en el país, y la vuelta al FMI, le ha servido para impedir la sanción internacional ante las violaciones constitucionales generadas por la persecución a funcionarios elegidos por voto popular. El caso de Ecuador demuestra una fisura importante en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, y en especial de la OEA. Sin embargo ésta ha mantenido un silencio cómplice sobre las difíciles circunstancias en las que se encuentra la oposición correísta. No condenar la persecución contra funcionarios y contra exfuncionarios devalúa la credibilidad de dichas institución, entre otras presuntamente comprometidas con la institucionalidad en la región. En tal escenario, la solidaridad progresista en el ámbito internacional y la acción del pueblo ecuatoriano son las herramientas más eficaces que tendrá el progresismo a futuro para continuar la disputa política antineoliberal.
  • Ecuador está en disputa en distintos planos. En el orden material y simbólico, las fuerzas conservadoras y neoliberales encabezadas por Moreno apuntan a reconstituir una dominación económica de la desigualdad, basados en la coacción, cuya cara principal es el autoritarismo. Buscan hegemonía desde los medios de comunicación, inoculando noticias falsas y un sentido común antiprogresista que se encuentra con el muro de la realidad: Ecuador supo conseguir un modelo distinto al neoliberal que transformó el país y mejoró la vida de la sociedad.

 

 

[1] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=298345&SEO=parlamento-de-ecuador-inicia-juicio-politico-a-miembros-de-consejo

[2] https://www.nodal.am/2019/08/correa-tras-el-pedido-de-detencion-la-persecucion-politica-le-ha-costado-mucho-al-pueblo/

[3] https://www.elcomercio.com/actualidad/pleno-asamblea-votos-censura-cpccs.html

[4] Cueva, Agustín (1989), citando a Palmero Togliatti, líder antifascista italiano en la disputa contra el proyecto de Mussolini.

[5] https://www.celag.org/informe-postelectoral-ecuador-seccionales-cpccs/

[6] https://www.nodal.am/2019/08/ecuador-la-asamblea-destituyo-a-los-miembros-titulares-del-consejo-de-participacion-ciudadana-y-control-social/

[7] https://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/nacional/513491-cpccs-deja-representar-ecuador-ante-convencion-anticorrupcion

[8] https://www.celag.org/libreto-lawfare-contra-rafael-correa/

[9] https://www.nodal.am/2019/04/ecuador-la-fiscalia-investigara-a-moreno-y-a-su-familia-por-cuentas-offshore/

[10] https://www.celag.org/encuesta-ecuador-marzo-2019/

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Javier Calderón Castillo

Javier Calderón Castillo

Magister en Sociología (UBA) (Colombia)

Javier Calderón Castillo es magíster en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmete cursa el Doctorado en Ciencias Sociales de la UBA. Es miembro del Grupo de Pensamiento Crítico Colombiano del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, IEALC-UBA.