En el Brasil de Bolsonaro puede suceder hasta lo más impensable, pero ya hay delimitados ciertos caminos que pueden conducir a su alejamiento del poder.

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  • Bolsonaro se encuentra en una fase de debilidad política. Su popularidad se ha ido erosionando, aunque no se trata de un derrumbe abrupto: las mediciones de DataFolha del mes de abril (28/04) mostraban una reprobación del Gobierno del 38%, subiendo a 43% en la medición de mayo (28/05); en un mismo porcentaje fue la caída de su imagen positiva. El contraste es notorio con el 2019, cuando su popularidad subió incluso por encima del momento electoral del 2018 (victoria con el 55% de los votos).
  • Desde el punto de vista de su sustento político, el presidente ha perdido el apoyo de las clases medias urbanas de las áreas más pobladas, ricas y educadas del país, como Río de Janeiro y São Paulo (las zonas más afectadas por la pandemia), sin registrar nuevos apoyos en otros segmentos sociales.
  • Las diversas movilizaciones contra Bolsonaro van ganando fuerza y cierta homogeneidad (desde mediado de mayo, estas manifestaciones de oposición de la sociedad civil se han multiplicado y los primeros 10 días de junio ganaron intensidad, incluso yendo a las calles): se repiten las juntadas de firmas, los posicionamiento de personalidades públicas, sindicatos, partidos políticos, asociaciones de diverso tipo (incluso hinchadas de fútbol). Un punto de inflexión quizás sea el documento “Juntos por la democracia” -lanzado el 30 de mayo, con sucesivas presentaciones, sumando adhesiones nuevas día a día- que condensa al “70%” (como se autoidentifica) opositor a Bolsonaro. Si bien no es una tendencia expansiva, comienzan también a sumarse empresarios importantes, sectores del establishment económico, político y judicial y ONG internacionales (algunas de origen estadounidense) al “espacio opositor”. Pero aun no puede afirmarse que sea todavía un frente político actuando con una serie definida de acciones.
  • Bolsonaro perdió el apoyo de políticos aliados y exfuncionarios de su Gobierno; ha entrado en conflicto público con gobernadores afines y con sectores del Poder Judicial (fundamentalmente, con el Tribunal Supremo Federal). SI bien hay semanas, como la comenzada el 14 de junio, en las que Bolsonaro ensaya alguna transacción y/o concesión –desactivando algunos grupos de choque propios, o vehiculizando renuncias de sus colaboradores, como puede llegar a ser el caso del cuestionado ministro de Educación, la trayectoria es de confrontación. En el Congreso, Bolsonaro no tiene una bancada propia solvente (además de haberse salido del PSL, el partido por el cual se eligió; tan sólo la mitad de esos 54 Diputados quedaron de su lado). En la Cámara de Diputados el número propio es de trabajo constante, incrementándose las negociaciones en las últimas semanas para lograr un número que garantice tener los 172 votos (de 513) que se necesitan para frenar, por ejemplo, un proceso de juicio político. Bolsonaro se encuentra en negociaciones todos los días con el “centrao”, un conjunto de 10-12 partidos (de aproximadamente 200 diputados) que a veces encuentra interlocutores comunes y a veces van por separado.
  • Las pérdidas políticas no se han equilibrado con nuevas incorporaciones a su favor; sigue contando con: (i) apoyo internacional (principalmente de EE. UU., con un vínculo reforzado durante 2019 y más allá de algunas declaraciones de Trump a propósito de la política sanitaria; (ii) apoyo evangélico (las iglesias respaldaron la decisión de ir “contra la cuarentena”); (iii) apoyo de ciertos empresarios (durante el mes de mayo, hubo varios encuentros con empresarios de la FIESP, aunque la prensa insista en caracterizarlas como “circunstanciales” y “tibias”); (iv) los bancos privados y sectores del agronegocio continúan dentro de su radar: los del agronegocio han visto incrementar sus ganancias hasta un 13,76% en estos meses gracias al mantenimiento de las exportaciones de soja y la devalución del Real; (v) tiene un apoyo consistente de los militares, cuya presencia es cada vez mayor en el Gabinete y expresan de forma pública todo tipo de comentarios y advertencias, ya sea de forma individual o colectiva (como el último manifiesto del 13 de junio firmado por varios generales, brigadieres y almirantes contra las declaraciones de un juez del  Supremo Tribunal Federal); y (vi) continua con el respaldo de ciertos grupos (difusos) de activistas en redes, lo que ya era una marca “bolsonarista”; a ellos se han sumado algunos específicos grupos de choque, parte de los cuales han sido procesados y detenidos.

Escenarios de salida: tres posibilidades de reemplazo de Bolsonaro

Por juicio político
  • Hace unas semanas, el PT y otros partidos políticos de izquierda, movimientos sociales y personalidades públicas presentaron un nuevo pedido de juicio político (hay 41 y al trámite lo recepciona la Cámara de Diputados). Aquella presentación vislumbró, por el lado de las izquierdas, la idea de un “frente democrático” que empuje el juicio político, cuestión que dependerá de las sintonías entre algunas figuras emblemáticas de dicho espacio; no todos se muestran favorables, aunque cada vez dicha opción gana más aceptación.
  • Como trámite, el juicio político es largo y su resolución no es inmediata. Aún si lograra avanzar hay plazos procesales: entre 4 y 5 meses desde que es aceptado, tratado en comisión de Diputados, elevado a plenario de Diputados, comisión de Senadores y plenario de Senadores.
  • Quien debe aceptar el pedido es el presidente de la Cámara, Rodrigo Maia, para darle curso; luego de votado en el plenario de Diputados es que Bolsonaro quedaría suspendido mientras dura el juicio político propiamente (en el Senado).
  • Hasta el momento, Maia ha insistido en que no hay posibilidades de avance del juicio político. Se funda en que hay una negativa consolidada del grupo parlamentario de 200 miembros denominado “centrao” en votar afirmativamente, grupo que se mantiene en la posición de no sacar a Bolsonaro por el momento (pero, para mantener esta postura, Bolsonaro ha entrado en negociaciones por cargos públicos por millones de reales). Sin embargo, junio comenzó con nuevas señales: a comienzos de mes, frente al nuevo “escenario opositor”, Maia deslizó que “por ahora” no prospera el juicio político, ampliando los cursos potenciales de desenlace; hay negociaciones en ese sentido en Diputados que pueden cambiar la trayectoria con la que se venía hasta el momento. De prosperar el juicio político, asumiría el vicepresidente, Hamilton Mourao.
Por investigación judicial
  • Las investigaciones llevadas adelante por el Ministerio Público Fiscal, habilitadas por la Corte Suprema (porque tratándose del presidente, así lo requiere) sobre la interferencia de Bolsonaro en la Policía Federal (PF), entre otras acusaciones, fueron disparadas a partir de una presentación de pruebas por el exjuez Sergio Moro.
  • El proceso comenzó con posterioridad a una reunión ministerial del 22 de abril –cuya grabación de video fue habilitada para ser difundida por la Corte Suprema, aun contra la presión de último momento del General Heleno, ministro de Seguridad Institucional- en la que se cometieron varias infracciones, tipificables eventualmente como delitos: Bolsonaro insultó a gobernadores, defendió su intervención en la Policía Federal para “proteger a su familia”; su ministro de Educación pidió cárcel para los “delincuentes” del Supremo Tribunal; y su ministro de Medio Ambiente señaló a la pandemia como una “oportunidad” para desregular la explotación del Amazonas. A partir de lo expuesto allí, y por la denuncia de Moro sobre cuestiones precisas, tomo fuerza la investigación por intervención de competencias de Bolsonaro en la Justicia (la Policía Federal depende jurisdiccionalmente del Poder Judicial).
  • Este pedido de investigación –u otro que pueda surgir más adelante- debe ser habilitado por Rodrigo Maia. Si así sucediera, Bolsonaro quedaría suspendido en el cargo por 180 días, asumiendo el vicepresidente Mourao.
  • Este escenario puede complementarse con otra circunstancia si se aprueba una Enmienda Constitucional en curso, que preve que en los casos en los que no se hubiera concluido la mitad del mandato y hubiera un apartamiento del cargo –o renuncia- se debería convocar a nuevas elecciones. La mitad del mandato es en diciembre de este año 2020.
Anulación de la fórmula presidencial, con convocatoria a nuevas elecciones
  • Si bien existen varias denuncias, hay dos investigaciones a cargo del Supremo Tribunal Electoral que pueden traer consecuencias sobre la fórmula:
  • (i) La vinculada con la campaña y los métodos de financiación y propaganda (la investigación de las “fake news”, que tiene una comisión parlamentaria también investigándola) y con varias irregularidadades comprobadas y con pruebas claras (un ministro tuvo que renunciar por ello al principio del mandato).
  • (ii) Hace unas semanas apareció un excolaborador de la campaña de Bolsonaro, muy próximo a su hijo Flavio que, en su declaración, admite que los allanamientos judiciales a Flavio (por una causa de financiación electoral) fueron demorados para no interferir en la campaña presidencial del 2018, confirmando asimismo los motivos de esos allanamientos (financiamiento ilegal y defraudación pública). De comprobarse la “interferencia” en el proceso electoral, la investigación terminaría en la anulación de la fórmula. Esta investigación abre un escenario que Bolsonaro ha calificado de “inadmisible”, un exceso que sería “estirar la cuerda” respecto de las potenciales reacciones que de su parte puedan surgir como iniciativas.
  • La anulación de la fórmula llevaría a una convocatoria a nuevas elecciones.

Probabilidades de reemplazo de Bolsonaro

El desenlace va a depender de:

  • El caudal y la intensidad de la presión mediática. Los principales medios (Folha/Estadao/OGlobo, y otros medios estaduales) están decididamente contra Bolsonaro. Algunos, como Estadao y Globo, comenzaron a distinguir en sus editoriales de las últimas semanas la “opción Mourao”: que el Vicepresidente concluya el mandato (él mismo escribió un artículo clave hace más de un mes, publicado en Estadao, sobre cómo debía encaminarse el “caos del país” y el rol de los militares en ello). Mourao es considerado un “intelectual” al interior de las FF. AA. (aunque un tanto “líbero” según algunos generales) lo que también permite construir, de cara a los medios y a los sectores de derecha conservadora (no bolsonarista, como el PSDB, y otros partidos) una figura presidenciable y una cara más aplomada del Partido Militar. Mourao oscila permanentemente con diferenciarse de Bolsonaro, pero manteniendo una visión muy intervencionista del rol de los militares y garantista del libre mercado. Otros medios –como Folha- hablan de Bolsonaro directamente como “fascista” en sus editoriales (por ejemplo, el del 26 de mayo, al igual que otros comunicadores y/o figuras públicas gravitantes.
  • El impacto de la pandemia. Más allá de los registros, Brasil es uno de los pocos casos donde las proyecciones negativas suelen ser superadas (como sucedió con la fecha de duplicación que había proyectado la Universidad de San Pablo el 10 de mayo, que se adelantó en varios días a los pronósticos). La evolución de la pandemia coloca un serio interrogante al escenario político; ha sido un elemento clave en el desgranamiento de los apoyos estaduales y municipales a Bolsonaro, y en el clima político general que vive Brasil. Los desplazamientos de la pandemia al interior del Estado de San Pablo, junto con otras expansiones en otras regiones, coloca nuevos reparos sobre las proyecciones realizadas sobre el devenir sanitario del caso.
  • En qué medida el nuevo “escenario opositor” modifique los números al interior del Congreso. Hay factores de poder que ven a Bolsonaro con preocupación. Permanentes garantes del establishment, habrá que ver la fuerza que tendrán las definiciones y medidas que tomen algunos ministros del Supremo Tribunal Federal: como Poder Público, es hoy un condicionante a la gobernabilidad bolsonarista. De los factores de poder, el principal respaldo proviene del sistema financiero: los 5 principales bancos privados (ampliamente beneficiados durante el primer año de gestión de Paulo Guedes en Hacienda) al iniciarse la pandemia fueron cubiertos por el Banco Central con recursos que superan en 11 veces el dinero destinado a la ayuda de los sectores pobres del país (161 billones de Reales frente a billones de Reales). En este impasse, habrá que ver qué rumbo toma Bolsonaro, conjuntamente con los respaldos que le quedan: en algunas oportunidades el bolsonarismo ha instalado que podría evocar al art. 142 de la Constitución, que supone la “intervención de las FF. AA. ante una situación de caos nacional”. Si bien el artículo es objeto de polémica entre constitucionalistas, se ha instalado por goteo en el abanico de los escenarios potenciales.
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Amílcar Salas Oroño

Dr. en Ciencias Sociales (UBA) (Argentina)

Amílcar Salas Oroño es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), magister en Ciencia Política por la Universidad de São Paulo (USP) y licenciado en Ciencia Política por la UBA. Es profesor en varias universidades nacionales de Argentina, tanto en grado como en posgrado. Se desempeña…

Juan Agulló

Sociólogo y periodista. Profesor titular del Instituto Latinoamericano de Economía, Sociedade e Política (ILAESP, UNILA, Brasil)