La llegada de Rafael Correa a la escena política en 2005 marcó un antes y un después en el Ecuador. El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) en su última encuesta de opinión (octubre de 2018) encontró que el 44% de la población aprueba la gestión de los últimos 10 años en la Presidencia. Este hecho constituye un fenómeno inédito en un país que, hasta entonces, tenía poca representatividad democrática, los gobernantes perdían rápidamente popularidad o terminaban derrocados, y el marco de gobernanza exigía la inmovilidad y el mantenimiento del statu quo. No existe un jefe de Estado que haya emprendido tantas reformas durante tanto tiempo y que mantenga una aceptación tan alta.

Correa rompió con el esquema de partidos, emprendió una serie de reformas económicas y políticas de hondo calado y gestionó su gobernabilidad echando un cable directo —de comunicación— entre él y las capas sociales más desprotegidas: sabatinas, gabinetes itinerantes, medios públicos, etc.

Con la arena política perfectamente delimitada entre ‘nosotros (pueblo)’ y ‘ellos (la élite)’ se construía una identidad política del correísmo. La coherencia entre lo que decía y hacía le valió altos niveles de popularidad y, por ende, le permitió reivindicar las viejas esperanzas económicas de la izquierda: un Estado que redistribuya, proteja y gestione la economía. En esa cruzada recuperó el terreno ideológico que había perdido la izquierda durante décadas de neoliberalismo: (i) el gasto público como solución, no como problema, (ii) Los impuestos progresivos como articuladores del desarrollo y, (iii) finalmente demostró que la inversión, la gestión y el servicio público sí podían ser de calidad y estar al mismo nivel que la empresa privada.

Correa rompió paradigmas en lo económico: sepultó teóricamente a la Curva de Laffer, a la flexibilización laboral, al efecto desplazamiento (crowding-out), a la Teoría de los Déficits Gemelos y demostró que los multiplicadores fiscales son fundamentales en una economía. En definitiva, corroboró que una economía de oferta es una falacia.

¿Después de Correa qué?

Ya sin Rafael Correa en el Gobierno, el Estado se encuentra huérfano de un discurso que lo proteja y está, nuevamente, en la picota. La visión conservadora y neoliberal de la economía ahora intenta resurgir desde los estamentos del Gobierno y de la vieja burguesía. Después de años de una economía guiada por el Estado, ¿la población mayoritariamente concuerda con la antítesis económica del correísmo? ¿La minimización del Estado empata con las posturas ideológicas del ecuatoriano? Es fundamental cartografiar cómo están configuradas las posturas económicas Estado-mercado en los ecuatorianos y dimensionar el espacio que tiene el progresismo en Ecuador desde el punto de vista económico. Para ello utilizaremos la última encuesta levantada por CELAG a octubre de 2018.

Posición ideológica de los ecuatorianos en materia económica

CELAG ha preguntado en la encuesta tres dimensiones concernientes al papel del Estado en la economía:

  1. La pobreza se resuelve únicamente con el esfuerzo personal o, por el contrario, se necesita la intervención del Estado mediante una mejor redistribución del ingreso.
  2. Para que exista crecimiento la economía debe funcionar libremente con el mercado o, por el contrario, debe existir la intervención del Estado.
  3. Los impuestos son un obstáculo para el desarrollo o, por el contrario, es necesario aumentar los impuestos a los ricos para financiar servicios básicos.

Se preguntó a la población cuál era su postura en una escala de 1 al 5 para cada una de estas tres dimensiones, donde 1 es la posición más favorable al liberalismo económico (derecha) y 5 es la posición más favorable a la intervención del Estado (izquierda). Los resultados se muestran en las tablas 1 y 2 a continuación, agrupados en 3 categorías.

Tabla 1 Más Estado o Más Mercado

La tabla 1 cruza las dos primeras dimensiones: (i) quién debe solucionar la pobreza y (ii) cómo se debe promover la economía y el crecimiento. Estas dos dimensiones, en conjunto, nos dan una idea de la aceptación o rechazo del efecto goteo (Trickle Down Economics) tan popular en América Latina. La tabla 1 encuentra seis puntos de acumulación importantes.

El primero y más importante es que existe un 25% de la población que considera que tanto la pobreza como la economía deben ser manejadas con un papel protagónico del Estado (esquina inferior derecha, tabla 1). En este grupo están aquellos que creen en una economía estatal como motor del desarrollo y del crecimiento (no necesariamente de planificación central). Una izquierda dura en términos económicos.

En el otro extremo, encontramos un 14% de personas que consideran que la economía debe ser liberada y que la pobreza sólo se soluciona con el esfuerzo personal (esquina superior izquierda). A este grupo podríamos catalogarlos como libertario puros y estarían a favor del efecto goteo. Neoliberales en sentido estricto.

Posteriormente encontramos grises interesantes. El primer matiz encuentra un 15% de personas que creen que el Estado no debe intervenir en la economía, pero sí considera que a la pobreza la soluciona el Estado (esquina superior derecha, tabla 1). A este grupo podemos catalogarlos como individuos propensos al asistencialismo para reducir la pobreza. Básicamente creen en el libre mercado y, al mismo tiempo, están de acuerdo que el Estado debe encargarse de ayudar a quien no tiene los medios para sobrevivir. Desde otra arista, este grupo cree en la redistribución, mas no en políticas que cambien la distribución inicial y por ende suscribe, de manera tácita, la tesis que la pobreza no está asociada al exceso de riqueza. Es decir, se encuentran en sintonía con los principios de la socialdemocracia liberal. A su vez, hay otro grupo muy cercano al anterior (con 14%) que son indiferentes o eclécticos en la intervención del Estado en la economía, pero que también creen que la pobreza debe ser solucionada con políticas redistributivas del Estado. Una socialdemocracia más de centro, si cabe alguna taxonomía.

Otro gris, más enigmático, son aquellos que piensan que la pobreza se soluciona sólo con esfuerzo personal pero que creen también que la economía debe ser regulada y dirigida por el Estado (el 10% de la esquina inferior izquierda). Este grupo parece disociar el funcionamiento agregado de la economía de las condiciones individuales: mientras cree que el Estado debe regular una esfera pública, para ellos el éxito personal depende únicamente del esfuerzo individual. Un grupo, sin duda, que requiere mayor atención para comprender mejor su postura, hasta cierto punto contradictoria.

Finalmente, encontramos un 13% de población que se posiciona en una postura intermedia o indiferente respecto a las dos categorías (centro de la tabla 1). Este grupo sería la capa que está desconectado o ajeno del debate económico.

Impuesto e intervención

Finalmente, se incorpora la dimensión de los impuestos y la correlacionamos con el papel del Estado en la economía (primera dimensión). La tabla 2 muestra esta configuración de las posiciones ideológicas.

Tabla 2 Más Estado o Más Mercado

Cuando incluimos la  postura de los impuestos en correlación con la intervención del Estado en la economía, se encuentran 5 puntos de acumulación que coinciden, en gran medida, con las posiciones ideológicas de la tabla 1. Lo que sí llama la atención al comparar la tabla 1 con la 2, es que la izquierda estatista pierde terreno cuando le toca posicionarse sobre el papel de los impuestos. Una porción de la gente que se muestra a favor del Estado para resolver la pobreza, muda a una posición más intermedia cuando se le pregunta sobre impuestos con la siguiente tendencia:

  • Los más progresistas en materia de reducción de pobreza e intervención de la economía, pasaron de ser el 25% a sólo el 20% cuando se les preguntó sobre impuestos. De ese 5% perdido, 3% pasaron a una posición intermedia en materia de impuestos y 2% a una posición extrema donde los impuestos son un estorbo.
  • Los indiferentes en materia de intervención en la economía, pero muy de acuerdo a que el Estado solucione la pobreza, se redujeron en 9% cuando se habló de impuestos. De los 9 puntos, 5 fueron a parar a una posición intermedia respecto a impuestos y 4 a la posición extrema de los impuestos como un estorbo.
  • Aquellos que eran liberales en lo económico pero propensos a que el Estado intervenga en la pobreza (socialdemócratas), perdieron 3%, de los cuales casi en totalidad pasaron a una posición intermedia en materia de impuestos.
  • El único grupo que permaneció cohesionado en materia de impuestos es el grupo de liberales puros (14% de la tabla 1 y tabla 2).

Concluyendo

El mapa ideológico en lo económico tiene una tendencia importante y preponderante hacia la intervención del Estado en varios ámbitos. En cambio, los principios neoliberales son minoritarios en la población. En este sentido se han detectado 4 tipologías que cubren el espectro ideológico de Ecuador en matera económica:

  • 14% de la población tiende a principios de corte neoliberal con un núcleo duro.
  • 29% creen en una visión socialdemócrata asistencialista, de los cuales casi mitad de ellos son más liberales y la otra mitad más de centro.
  • 25% creen en el papel activo del Estado (estatistas), que se erosiona cuando les toca hablar de impuestos.
  • 13% está en una postura de centro en todo sentido, que deja una duda si es indiferencia ante la realidad, son eclécticos o están totalmente alejados de una postura económica.

Existen posturas muy interesantes sobre el papel del Estado y, ciertamente, son mayoritarias respecto a los principios neoliberales (14%). El otro grupo que tiene mucha importancia dentro del espectro ideológico son aquellos que comulgan con principios socialdemócratas defensores del asistencialismo.

Por el contrario, el neoliberalismo es minoritario y deja mucho espacio al progresismo en materia económica en el Ecuador postCorrea. En definitiva, podemos decir que Ecuador ya no está dispuesto a regresar  los años ´80 y ´90, cuando el Estado desapareció de la esfera económica y social, y se instauró un modelo oligárquico-neoliberal. La pregunta que surge ahora es ¿cómo canalizar esa base ideológica y ofrecer una nueva propuesta de Estado que esté fortalecido respecto de sus puntos débiles?