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No son pocos quienes comparan lo que podría ser el destino político de Mauricio Macri con el final del Gobierno de Fernando De la Rúa, quien en el 2001 tuvo que renunciar a su cargo tras llevar a la Argentina a una de las peores crisis económicas y sociales de su historia, envuelto en violentas protestas que conmovieron al país. La falta de autoridad para revertir situaciones complejas y la pérdida de legitimidad personal para ejercer el cargo son circunstancias políticas que suelen tener gradaciones específicas según las épocas.

De la Rúa encontró su límite al perder las elecciones legislativas de medio término (octubre del 2001, cuando su coalición gubernamental disminuyó casi en un 40% de votos) y al no poder administrar los desajustes macroeconómicos (y sociales) producidos por la convertibilidad entre el peso y el dólar. En el caso de Macri, se encuentra con un poco más de margen, por ahora. Si bien es cierto que vencer las elecciones de medio término le dio otro panorama (las legislativas del año pasado), ambos presidentes comienzan a parecerse cada vez más.

El actual desmanejo de la economía ya está llevando las cosas a situaciones límite, con los desdoblamientos que esto supone tanto en el plano social (el deterioro es tan visible como el malhumor ciudadano que lo interpreta) como en el plano del subsistema político, en el que el presidente ha comenzado a perder algunos de sus sustentos de gobernabilidad. Empujando el contexto, nuevos protagonistas opositores aparecen en escena.

Los diferentes ajustes en la universidad pública argentina

Argentina se destacó, durante buena parte del siglo XX, por haber desarrollado uno de los más vigorosos e inclusivos sistemas universitarios de Latinoamérica. Este 2018, justo cuando se cumplen 100 años de uno de los movimientos universitarios más importantes de historia de la región –la conocida “Reforma de 1918”, con epicentro inicial en la ciudad argentina de Córdoba, y que se expandió por todo el continente-, ha comenzado a mostrar la activación opositora de numerosos sectores juveniles.

Durante este segundo semestre, y como ha ocurrido en otros tiempos, parecieran ser los universitarios quienes asumen un protagonismo clave: las multitudinarias marchas y movilizaciones -observadas en varias ciudades del país durante las últimas semanas en protesta por el recorte presupuestario definido por el Gobierno para las 57 universidades públicas nacionales- culminaron este 30 de agosto en una enorme concentración en la ciudad de Buenos Aires. Dichas movilizaciones concitaron el apoyo de numerosos sectores sociales que acompañaron tanto por descontento con la situación económica y social del país como por el simbolismo de la universidad pública en el imaginario colectivo argentino: se percibe como uno de los pocos bienes comunes que propician posibilidades de movilidad social ascendente, como un espacio institucional donde se produce investigación científica nacional y como un ámbito que ha sostenido, históricamente, una cultura política democrática.

Al margen de lo que quede dispuesto en el próximo presupuesto nacional de 2019 y las negociaciones salariales de estas semanas entre los sindicatos docentes y el Ministerio de Educación (negociaciones que han catalizado este protagonismo universitario de agosto), el desfinanciamiento de las universidades nacionales es una tendencia que se impone desde que Macri asumió el Gobierno, a fines del 2015. Una tendencia contraria a la expansión del sistema durante los gobiernos de los Kirchner, cuando se crearon 17 nuevas universidades nacionales que aumentaron de forma notable la matrícula, en términos generales, y exponencialmente para aquellos segmentos sociales que nunca habían accedido a la universidad. En este sentido, en este ciclo de movilizaciones universitarias del 2018 destaca la participación de estudiantes que representan la primera generación de universitarios en la familia.

Según los propios datos oficiales, la inversión nacional en las universidades viene sufriendo un progresivo desfinanciamiento, que comenzó en el primer año del Gobierno de Macri: pasó de representar un 0,86% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2015 a un 0,79% en el 2016 (todavía no están los números del 2017). Este desfinanciamiento se superpone a la subejecución presupuestaria, sobre todo en algunos rubros sensibles como el de los hospitales universitarios -por ejemplo, el año pasado se les devengó tan sólo el 74,2% de su presupuesto original-. Este panorama está en sintonía con la menor oferta de becas: en dos años, según el registro de la Secretaría de Políticas Universitarias, la cantidad de becas otorgadas cayó un 35%, además de la pérdida de sus valores[1]. En lo que tiene que ver con los salarios, si hasta este año la pérdida en el poder adquisitivo fue de entre 8 y 10 puntos, para el 2018 (y todo va a depender del cierre próximo de las reuniones paritarias, y de cómo siga la crisis económica en curso[2]) se calcula una situación aún más desfavorable, que puede traducirse en mayor protesta social.

Los puntos límite de la crisis del Gobierno de Macri

Agosto de este año debe verse como un momento crítico (y quizás bisagra) para el destino del Gobierno de Cambiemos. Habiendo firmado su compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la crisis económica no encuentra una reversión en el marco de esos mismos términos. Aquella hoja de ruta se ve desbordada permanentemente, mostrando la insensatez de la decisión. Y, en esa circunstancia, la activación del sujeto universitario le suma un elemento clave al arco opositor -por lo que significa socialmente y por lo que ha significado, incluso, en contextos más inmediatos de la historia del país, como su presencia durante el 2001- que todavía espera la línea de acción de las entidades sindicales confederales, representantes de una clase trabajadora profundamente castigada en los últimos meses.

 

 

[1] https://www.pagina12.com.ar/110290-el-recorte-que-ya-se-produjo

[2] https://www.infobae.com/economia/2018/08/30/en-el-transcurso-de-2018-el-peso-argentino-perdio-mas-de-la-mitad-de-su-valor/

 

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.

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