Si una figura no estaba en los principales radares electorales de Perú es el docente Pedro Castillo. ¿Tendrá chances de enfrentar con éxito a los molinos de viento neoliberales? Yair Cybel y Sebastián Furlong analizan el fenómeno.

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En el país de la incertidumbre política, el resultado final no decepcionó y la elección en Perú dejó un final de película: “Un docente a caballo contra 30 años de neoliberalismo”. O “Keiko en el ballotage – Volumen III”.

Con un 95 % de las actas escrutadas, el dirigente sindical de izquierda Pedro Castillo se impuso en la primera vuelta de las elecciones generales de Perú con el 19,09 % de los votos. Castillo finalizó casi 800 mil votos por encima de su futura contrincante, Keiko Fujimori, que enfrenta su tercer ballotage consecutivo luego de sus derrotas en 2011 y 2016.

Por su parte, el nuevo Congreso de la República será el más fraccionado de la historia reciente. En las anteriores elecciones congresales extraordinarias, celebradas en enero de 2020, ocho agrupaciones políticas habían obtenido representación parlamentaria. Al cierre de este artículo, el futuro Poder Legislativo alcanzaba las diez bancadas, lo cual podría derivar en un nuevo capítulo de conflictividad con el Ejecutivo y en una agudización de la crisis política que vive el país.

La emergencia silenciosa de un candidato “tapado”

De origen cajamarquino, Pedro Castillo cobró notoriedad en el año 2017 cuando encabezó una huelga nacional docente que detuvo las clases durante tres meses para reclamar mejoras salariales y eliminar las evaluaciones al desempeño laboral de los maestros.

A una semana de la elección, este docente rural de 51 años aparecía en las encuestas muy lejos del podio de los favoritos. Montado a caballo y con sombrero de ala ancha, su intención de voto creció al calor de los recorridos por la Sierra Central y el sur del país, donde realizó numerosos mítines blandiendo la consigna de una nueva Constitución.

El punto de quiebre en su campaña fue la detención policial sufrida el 9 de marzo en la región de Madre de Dios tras incumplir los protocolos contra el Covid-19: bajo el argumento de que su exposición al virus no era mayor que la de quienes salen a trabajar, Pedro Castillo logró conectar con el sentir mayoritario de gran parte de la población que vive en un país marcado a fuego por la informalidad.

El dirigente gremial postuló por el partido del “lapicito” Perú Libre -del exgobernador de Junín, Vladimir Cerrón- y a lo largo de la campaña sumó adhesiones que le garantizarían estructura territorial: al apoyo de los integrantes del magisterio -que conforman el sindicato más numeroso del Perú-, se les sumaron agrupaciones de ronderos y dirigentes campesinos.

Sin mayor presencia en los medios masivos ni trabajo sostenido en redes sociales -el día de la elección contaba con apenas 1.800 seguidores en Twitter, 270 en Instagram y carecía de Fan Page en Facebook-, este defensor de las rondas campesinas[1] expresó la respuesta del “Perú profundo” al centralismo limeño. Castillo obtuvo un 54 % en Huancavelica, 53 % en Apurímac, 51 % en Ayacucho y 47 % en Puno[2], una mayoría aplastante en las regiones más pobres y postergadas del país. El sur, de tradición más combativa (que en el año 2011 acompañó a Ollanta Humala y en 2016 a Verónika Mendoza), encontró en esta oportunidad su representación política en este docente y dirigente gremial que propone la nacionalización de sectores clave de la economía y que amenazó con cerrar el Congreso en caso de encontrar oposición al cambio constitucional.

La derecha, víctima de su propia fragmentación

Más previsible que la súbita irrupción de Castillo fue la dispersión de las opciones conservadoras: el voto de la derecha se fragmentó en sus tres principales exponentes y ninguno logró superar la barrera de los 15 puntos. Si bien sumados alcanzaron un 36,6 %, las candidaturas de Keiko Fujimori, el empresario del Opus Dei, Rafael López Aliaga, y el economista Hernando de Soto -finalizaron en el segundo, tercer y cuarto lugar respectivamente- presentan matices que podrían ampliarse al calor de las negociaciones previas a la segunda vuelta.

Así como las regiones centro y sur fueron bastiones electorales de Pedro Castillo, en Lima se hicieron fuertes las opciones conservadoras. Con el 99,82 % de las actas escrutadas, entre Rafael López Aliaga (16,4 %), Hernando de Soto (16,4 %) y Keiko Fujimori (14,2 %) alcanzaron casi el 50 % de los votos válidos.

Lescano y Mendoza: con bancada pero relegados

Yonhy Lescano y Verónika Mendoza quedaron relegados en el escenario electoral. Favoritos durante gran parte de la campaña, ambos contarán con representación parlamentaria, pero miran desde lejos la segunda vuelta. Lescano perdió apoyo a costa de declaraciones erradas en torno al manejo de la pandemia, de los ataques sistémicos que se derivaron de su liderazgo en las encuestas y de cierta moderación en el discurso.

Mendoza, de destacada performance en los debates, quedó arrinconada sobre el final en posturas defensivas frente a la agresiva campaña en su contra que la acusó de terrorista, de vínculos político-ideológicos con Venezuela y que la hostigó por su posición en relación al enfoque de género. Finalmente, logró un respaldo de carácter más urbano y progresista, pero se estancó en la captura del tradicional voto izquierdista ubicado en el centro y sur del país. Ambos candidatos habían enarbolado la necesidad de una nueva Constitución, pero en la última etapa de su campaña prescindieron de cierta radicalidad que requería el actual tiempo histórico signado por una crisis económica y sanitaria sin precedentes en los últimos 30 años.

Sobre el escenario de segunda vuelta

Los resultados de la primera vuelta permiten entender cómo operan algunas de las contradicciones que atraviesan el Perú, conviviendo al unísono y sin imponerse ninguna con claridad por sobre el resto: Lima-regiones, derecha-izquierda y, finalmente, una reedición del fujimorismo-antifujimorismo en su tercera saga.

Lejos de las posiciones que vaticinaban que se impondría quien tuviera una mejor respuesta frente a la emergencia sanitaria, terminó primero el candidato que mejor logró distanciarse de “los de siempre”, de la grisura que atraviesa a las figuras políticas peruanas. En un contexto volátil, fragmentado y marcado por un gran número de indecisos, sobre el final le tocó liderar las encuestas a Castillo: antes había sido Forsyth, luego Aliaga y más tarde Lescano. Si bien las élites limeñas se sorprendieron por su presencia, su agrupación Perú Libre ya había logrado una destacable performance electoral durante las elecciones extraordinarias de 2020 en departamentos como Junín (9,17 %), Puno (6,89 %), Callao (6,87 %), Pasco (6,14 %) y Huancavelica (5,16 %)[3].

Convertido en una especie de “outsider” pero sin los focos de la prensa, finalmente Castillo logró ocupar el primer lugar con un programa radical en lo económico y de transformación profunda en lo político. Entre sus principales planteamientos destacan el cambio de la Constitución fujimorista de 1993 mediante una Asamblea Constituyente, la estatización de sectores estratégicos de la economía, la desactivación del Tribunal Constitucional y el ingreso gratuito a la universidad.

La segunda vuelta, a realizarse el próximo 6 de junio, será en definitiva un plebiscito sobre el modelo económico y la Constitución de 1993. Esta disputa tendrá lugar en medio de una creciente desafección ciudadana con el sistema político, visible en una primera vuelta donde un tercio de la ciudadanía no había decidido su voto hasta una semana antes de la elección. Lejos de achicarse, esta distancia entre ciudadanía y representación se acrecentará de cara a la segunda vuelta, puesto que tanto Castillo como Keiko generan fuerte resistencia en una importante porción del electorado.

Por lo pronto, todo indica que podría haber un acercamiento entre las diferentes expresiones de la derecha y la hija del dictador Fujimori (¿cerrarán sus ojos frente a los delitos de corrupción?) para frenar el “talante casi comunista o muy alineado con Cuba y Venezuela”[4] del postulante de Perú Libre. La otra incógnita es si Castillo logrará aunar al resto de las fuerzas progresistas, principalmente teniendo en cuenta sus posiciones conservadoras en materia de género y en relación a las libertades individuales. En la memoria colectiva de la izquierda también aparece el fantasma de Ollanta Humala, quien prometió una nueva Constitución con un discurso encendido pero terminó arrodillado ante los planes de acción de la Confiep.

El candidato plebeyo, que levanta un programa económico redistributivo y popular, se enfrentará a la mejor representante política del statu quo peruano, una clase dominante que se aproxima a cumplir 32 años ininterrumpidos al mando del Perú con una misma receta: crecimiento económico sin redistribución.

 

 

[1] Autodefensas de pueblos agrarios que surgieron en la década de 1990 para proteger a las comunidades de los abusos del Ejército y Sendero Luminoso.

[2] https://www.resultados.eleccionesgenerales2021.pe/EG2021/EleccionesPresidenciales/RePres/P/140000

[3] https://elcomercio.pe/elecciones-2021/elecciones-congresales-2021-peru-libre-proyecta-tener-bancada-por-primera-vez-de-la-mano-de-pedro-castillo-elecciones-generales-congreso-onpe-ipsos-jne-noticia/

[4] https://rpp.pe/politica/elecciones/elecciones-2021-hernando-de-soto-afirma-que-escucho-las-palabras-simpaticas-de-keiko-pero-prefiere-esperar-al-avance-del-conteo-noticia-1331061

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Yair Cybel

Licenciado en Comunicación Social (UBA) (Argentina)

Licenciado en Comunicación Social (UBA) especializado en Comunicación Política (UNTREF). Docente del Seminario de Comunicación Política de la Universidad de Buenos Aires. Asesor del Frente de Todos en la Legislatura de Buenos Aires. Participó de campañas electorales en Perú, Argentina, Panamá y Paraguay. Como periodista se desempeñó en los canales…

Sebastián Furlong

Licenciado y profesor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y diplomado en Comunicación Política y de Gobierno por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Actualmente cursa la Maestría en Estudios Electorales (UNSAM).