La Corte Constitucional aprobó el mecanismo de refrendación de los futuros acuerdos de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP, quienes negocian en la ciudad de la Habana desde octubre de 2012. A través de un plebiscito, el consejo nacional electoral convocará a la ciudadanía para que en las urnas faculten al presidente Santos a firmar el Acuerdo Final de Paz, en nombre del Estado. Es la primera gran prueba electoral del proceso de paz, y la posibilidad de sostener un pulso en contra de las facciones ultraderechistas que sueñan aún con la guerra.

Para que el plebiscito sea favorable, se necesitarán al menos 4 millones de votos con una mayoría simple por el SI. El panorama hasta aquí parece sencillo, si se tiene en cuenta que la coalición de gobierno obtuvo en las elecciones pasadas cerca de 8 millones de votos (contando el apoyo de la izquierda). Sin embargo, el plebiscito se enfrenta a varios retos que no son menores, como el desgaste político de Santos, quien ha seguido con su agenda neoliberal, impactando de forma negativa a diversos sectores de la sociedad, en especial a las grandes mayorías que siguen sumergidas en la precariedad y la pobreza.

Los sectores que se han beneficiado política y económicamente de la guerra, que son continuadores del conservadurismo que la inició en 1964, están desaforados lanzando mensajes de miedo a la ciudadanía (terror se podría decir) en contra de la paz, amplificados por los medios hegemónicos y concentrados, quienes con mucha ambigüedad vienen manteniendo en primera plana la voz del senador Uribe y del procurador Ordoñez como jefes de la “oposición” a la paz. Dos enemigos de la paz que utilizarán toda su saña y poder para lograr sus nefastos objetivos.

En ese contexto, la izquierda en su diversidad ha cerrado filas en la campaña “La Paz Si es Contigo”, que el pasado 15 de Julio hizo una demostración de fuerza muy importante en las calles, expresando con claridad su respaldo a la paz y su estrategia de mantenerse movilizada y encaminada hacia la unidad. Falta conocer la estrategia gubernamental, que ojalá no sea ambigua, ni en clave de mejorar la figura de Santos; el Santismo debería orientarse por generar un discurso de paz realmente amplio, que también incluya resolver las inconformidades sociales sin represión y producir una tregua social, absteniéndose de la reforma tributaria neoliberal y regresiva que tiene proyectada y deteniendo la privatización de de las empresas públicas que aún quedan en pie.

La Corte Constitucional también le dio la razón a quienes están trabajando por la realización de una Asamblea Nacional Constituyente. En el fallo del 18 de julio, se definió un limitante al alcance del plebiscito, pues no garantizará la inclusión del Acuerdo de Paz a la Constitución. Ha dicho que la firma del acuerdo es política y no vinculante al bloque constitucional, lo cual deja claro que la única manera de convertir ese acuerdo en una posición de Estado, será avanzar en un proceso constituyente, que varios sectores del país vienen reclamando.

Así las cosas, en el plebiscito estarán en juego varias disputas: una al interior del Santismo por el carácter de la campaña y por el respaldo de todos sus actores; otra, de todos contra la facción ultraderechista que pretende mantener la guerra, una más de la izquierda por potenciar el Si al plebiscito sin aceptar el neoliberalismo Santista. También éste plebiscito medirá las fuerzas para pensar a corto plazo en una Asamblea Constituyente, en un contexto de inclusión de las insurgencias. Falta mucho para la paz política y la justicia social, pero sin duda ésta será la primera gran prueba de la apertura democrática que toda la sociedad colombiana esperaba. La sociedad colombiana está labrando su futuro en el proceso de paz, en el que el Si por el plebiscito será fundamental.