Neves, nacido en Belo Horizonte (1960) es, sin dudas, un político de casta. Hijo de Aécio Cunha, abogado y diputado durante más de 30 años y nieto del presidente brasileño Tancredo Neves (marzo-abril de 1985). Estudió Economía en la Universidad Católica Pontificia de Minas Gerais y, con 23 años, dio sus primeros pasos en política cuando fue nombrado secretario de Tancredo mientras este era gobernador de Minas Gerais.

Aécio logró un escaño federal en 1986 como candidato del partido de su abuelo, Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Dos años después, se afilió al Partido Social Democracia Brasileña (PSDB) y fue uno de los diputados que elaboraron la Constitución de 1988, actualmente vigente. Fue reelecto para la Cámara de Diputados durante tres legislaturas consecutivas y presidió esta institución entre 2001 y 2002. Luego fue elegido gobernador de Minas Gerais, cargo que ocupó durante dos mandatos consecutivos, entre 2003 y 2010, para pasar después al Senado. En 2013 alcanzó la Presidencia del PSDB.

Aécio Neves consiguió levantar al Partido de la Social Democracia Brasileña tras su declive post Presidencia de Fernando H. Cardoso, relanzando a este histórico partido de la derecha brasileña, hasta el punto de disputar un ballotage con Dilma Rousseff —que ganaría en un ajustado margen por tres puntos— desplazando a la candidata “socialista” Marina Silva en las elecciones de octubre de 2014. Ante el ballotage del 25 de octubre recibió el apoyo de Eduardo Jorge (Partido Verde) del Pastor Everaldo —hombre influyente de Asamblea de Dios— y presidente del Partido Social Cristiano y de la propia ambientalista Marina Silva.

En su programa político, Neves defiende un gobierno descentralizado, la reducción de la burocracia y contempla la reforma de los servicios públicos de salud, educación, seguridad y movilidad urbana. Su plan propone reformas a nivel político, tributario, legislativo y de puesta en marcha de infraestructuras para acabar con la pobreza. En lo económico, propone la “evaluación” de las relaciones comerciales de Brasil, especialmente la posibilidad de establecer un acuerdo con Estados Unidos, ya que lo considera un mercado relevante para la economía brasileña. En cuanto a la política de gasto, defiende reducir el déficit público por debajo del 3%.

En su campaña Neves centró buena parte de sus acusaciones y de sus promesas en dos aspectos. Primero, en cuanto al crecimiento económico y, segundo, contra la corrupción. Aécio Neves, que en octubre perdió las elecciones en segunda vuelta con Dilma Rousseff, fue reelecto como presidente del Partido Socialista Democrático de Brasil (PSDB) y al asumir advirtió que la presidenta podría no concluir su mandato, profecía que quizás ya estuviera repleta de información fiable.

Ha apoyado las distintas marchas convocadas por los grupos opositores “apolíticos” como Movimiento Brasil Libre, Vem Pra Rua y Revoltados Online, definidas por sus organizadores como un gran acto contra la corrupción generalizada. Las marchas, con un fuerte tono de antipolítica y a favor de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, se extendieron por cientos de ciudades. Muchos manifestantes concurrieron disfrazados y portando banderas con leyendas contra el Gobierno y en apoyo a la Operación Lava Jato, conducida por el juez federal Sergio Moro. El magistrado, aclamado por los manifestantes, envió un e-mail a una periodista del canal de noticias Globo News en el que pidió que las fuerzas políticas de Brasil “escuchen la voz de las calles” con su mensaje anticorrupción. Las manifestaciones se caracterizaron por una masiva presencia de sectores de clase media tradicional y media-alta. El senador opositor Aécio Neves abogó de manera permanente por la salida del poder de la mandataria, pero, aunque ovacionado en sus arengas parlamentarias, fue silbado en una gran manifestación pro impeachment en San Pablo.

Su aparente capacidad predictiva fue corroborada, al igual que su negativa a aceptar el resultado de los comicios que perdió por muy poco margen. Aliado con los líderes de ambas cámaras y con el entonces Vicepresidente Michel Temer, Aécio operó incansablemente para que se diera curso y, luego, se aprobara, el pedido de impeachment de Rousseff. Fue una de las voces más identificadas con la llegada al Gobierno de M. Temer.

A contramano de lo que podía suponerse, durante el interinato de M. Temer el peso político del senador A. Neves se fue deteriorando gradualmente, a punto de ser hoy un político con bajas simpatías en la ciudadanía. Fue juzgado por la primera sala de la Suprema Corte de Brasil y los cinco jueces que la componen votaron a favor de aceptar la acusación de corrupción en su contra; cuatro de los cinco magistrados también decidieron procesarlo por el delito de obstrucción de la justicia: la Procuraduría General brasileña lo acusa de haber recibido dos millones de reales (unos 500.000 dólares) en sobornos del empresario Joesley Batista -dueño del ex imperio cárnico JBS- cuestión que está comprobada y asumida por el investigado.