A sus 74 años, José Serra es uno de los políticos de la derecha brasileña más experimentado en el desarrollo de las políticas neoliberales, aunque no siempre fue así. Desde muy joven, el ahora Canciller, fue parte del entramado de la democracia cristiana de la política brasileña, aunque influenciado por la ola de la revolución cubana; en 1961 fue apoyado por la Unión de Jóvenes Católicos para llegar a ser Presidente de la Unión Nacional de Estudiantes y representante de los estudiantes ante el gobierno del presidente Goulart, derrocado por la derecha y los militares en 1964. Exiliado desde ese momento, y a sus 25 años, Serra se convirtió en profesor de la naciente Facultad de Ciencias Sociales de FLACSO en Chile dedicándose a la enseñanza, actividad donde mostraría sus primeros rasgos del carácter autoritario que ostenta, como lo recuerda el intelectual argentino Atilio Boron, por entonces estudiante de maestría.

En el gobierno de Salvador Allende llegó a ser parte de un grupo de asesores económicos que buscaban superar el terrible boicot comercial con el que se ambientó el golpe en 1973. Escapando por poco de la violencia pinochetista, llegó a los Estados Unidos donde, además de recibirse como doctor de la Universidad de Cornell y de realizar clases en Princeton, se embrujó con el sueño americano y la teoría neoliberal por aquellos años en auge, como lo indican sus posteriores discursos y acciones.

Desde su regreso al Brasil en 1977, Serra fue parte del Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) ocupando varios cargos de asesor y candidaturas en los años 80, llegando a ser elegido miembro de la constituyente de 1987, vigente hasta el momento. A partir de los cambios que permitieron atomizar el sistema político, junto con Fernando Henrique Cardoso y otros, fue fundador del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), plataforma política con la cual llegaron a la presidencia en 1995 con un programa abiertamente neoliberal, siendo el Ministro de Salud de Cardoso y luego aspirante a suceder la presidencia.

En el proceso de derrocamiento del que hizo parte en contra Dilma Rousseff, José Serra -como representante del PSDB- llegó a su clímax neoliberal, como se puede leer con claridad en el decálogo de directrices impartidas en el discurso de ascenso como Canciller del “gobierno interino” de Michel Temer. Con el tono autoritario que lo caracteriza, ese 18 de marzo anunció lineamientos estatales como si fuera el presidente derrocador, ordenando acciones de política económica, poniéndole tareas a los otros ministerios e incluso anunciando estrategias en materia de seguridad interior; indicó, entre muchas otras cosas, que su llegada Itamaratí significaba la “purga” en el servicio diplomático de la política partidista, aunque en cada palabra del canciller golpista se podía escuchar la política de los partidos neoliberales brasileños, decía por ejemplo que: “Uno de los principales aspectos de nuestra acción diplomática en el corto plazo será la asociación con Argentina, con la cual pasamos a compartir referencias similares para la reorganización de la política y de la economía (…) y seguir construyendo puentes en lugar de profundizar las diferencias, en relación a la Alianza para el Pacífico(…)”.

En ese discurso se nota la nostalgia –o la rabia- por no haber llegado a ser Presidente del Brasil, después de haber sido superado en las elecciones por Lula en 2002 y por Dilma en 2010. Derrotas que no sólo fueron en el terreno de la política partidista, sino en el terreno de la orientación económica del país. Recordemos que los miembros del PSDB -o tucanos- pretendían continuar las políticas de empobrecimiento de las mayorías impulsadas por el ex-presidente Cardoso, paradójicamente promotor del fortalecimiento de la dependencia de América Latina. Dependencia que Serra mantuvo como parte de la furiosa oposición a los gobiernos del Partido de los Trabajadores entre 2002 y 2016, como Senador elegido en 2014, como Alcalde de Sao Paulo en el 2004 y como Gobernador del Estado de Sao Paulo entre 2007 y 2010. En esos periodos mostró un perfil técnico-económico como todos los buenos muchachos neoliberales, aunque trabajó de la mano de los sectores empresariales de Sao Paulo para contrarrestar las políticas de inclusión y derechos promovidas por el Partido de los Trabajadores, ampliando la represión en contra de los movimientos populares y debilitando fuertemente el sector educativo estadual.

Serra tampoco está tan alejado de la corrupción: en la actualidad es acusado de recibir para su campaña presidencial en contra de Dilma en el 2010, 23 millones de reales –cerca de 7,5 millones de dólares- provenientes de la compañía Odebrecht, principal protagonista de la operación Lava Jato de la cual están acusados cientos de políticos y empresarios y que ha puesto en evidencia el papel de la financiación y corrupción del lobby empresarial en la política del Brasil.

Luego de un tiempo prudencial como ministro de Temer –y tras ser uno de los “operadores” principales en el exterior del proceso del impeachment a Dilma, sobre todo articulando el cambio normativo en el área de las inversiones y producción de los campos del Pre-Sal de Petrobrás- renunció y se alejó del sistema político en general. Hoy no es más una figura convocante, ni dentro ni fuera del PSDB.

Magister en Sociología y Doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

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