La lideresa de Fuerza Popular (FP) comenzó su carrera política cuando se convirtió en primera dama del Perú a los dieciocho años, luego del divorcio de sus padres. Hija de Alberto Fujimori, el ex presidente (1990-2000) que se encuentra cumpliendo una pena de veinticinco años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Su condena se funda en los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves en las matanzas de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992).

El leitmotiv de FP ha sido la libertad de Alberto Fujimori quien, gracias a su doble nacionalidad peruano-japonesa, pudo evadir las acusaciones judiciales que pesaban en su contra hasta 2005, año en que fue detenido en un viaje a Chile y, finalmente, extraditado a Perú. Su hija retomó su carrera política cuando fue elegida congresista por Lima (2006-2011); desde su bancada asumió la defensa de la política de su padre luego de su extradición.

Paradójicamente, mientras Keiko Fujimori buscaba la libertad de su padre su bancada en el Congreso de la República se caracterizó por impulsar proyectos como la construcción de cárceles, la restricción de beneficios penitenciarios para quienes hayan cometido delitos graves y restricciones severas para los criminales reincidentes y habituales. También presentó un proyecto de ley para ampliar la pena de muerte, en casos de violación a menores de edad seguida de muerte y para el robo agravado seguido de muerte.

De alguna manera, buscaba recrear el prestigio de su padre como “pacificador del Perú” en su lucha contra el terrorismo. Sin contar con un antagonista como Abimael Guzmán, Sendero Luminoso o el MRTA, optó por confrontar con la inseguridad ciudadana. En un sistema partidario débil, como el peruano, la identidad fujimorista constituye la identidad política mayoritaria. Keiko Fujimori ha recreado la fórmula del populismo punitivo de su padre, apostando al sector informal y a una sociedad conservadora que se ve seducida por la promesa de seguridad y “mano dura”.

La primogénita del clan fue candidata presidencial en dos oportunidades (2011 y 2016), en ambos casos obtuvo el mismo resultado: favorita en primera vuelta, pero nunca victoriosa. En un comienzo, la imagen que buscó proyectar fue políticamente correcta y en sintonía con las instituciones democráticas, buscando alejar los temores de emular un régimen autoritario como otrora hiciera su padre. Durante el comienzo de su campaña, en 2016, apartó de los comicios a tres congresistas heredados del fujimorato: Luisa María Cuculiza, Martha Chávez y Alejandro Aguinaga, este último estrechamente vinculado a las políticas de esterilización forzosa a más de 200.000 mujeres indígenas —en su mayoría quechua— bajo el denominado Plan de Salud Pública. Sin embargo, mantuvo firmes las candidaturas de José Chlimper (Vicepresidencia) o Luz Salgado (Congresista). El mensaje buscaba ser ambiguo, reconociendo lo positivo y corrigiendo “errores o excesos”.

Las recientes elecciones tuvieron la particularidad de incluir debates televisados entre los candidatos y en la segunda vuelta los rivales intercambiaron ‘puyas’ en dos oportunidades. Durante el primer debate —en el que Keiko fue claramente la ganadora—, su imagen la consolidó como una candidata que no dudó en atacar a su rival, aunque mordaz y elocuente, frente a un PPK débil y entrado en años. Sin embargo, la situación cambió durante el segundo debate, cuando su adversario se mostró enérgico, acusándola de estar vinculada al narcotráfico, de compartir formula con Joaquín Ramírez —candidato a vicepresidente— señalado por enriquecimiento ilícito y, junto con la evidencia de la adulteración de un video por parte de José Chimpler, los medios de comunicación también le restaron su apoyo. Fue entonces cuando cayó el velo y “Keiko” volvió a ser “Fujimori” ante la sociedad peruana.

En nombre del respeto a la democracia, la mayor parte del arco político apoyó a Kuczynski, a pesar de tener con él —en muchos casos— diferencias irreconciliables, como en el caso del Frente Amplio. Asimismo, emergieron de la sociedad civil grupos de auto-convocados como el colectivo “No a Keiko” que organizó masivas marchas en su contra, asumiendo una espontánea militancia anti-fujimorista.

Frente a la polarización, Fuerza Popular optó por reafirmar su identidad, buscando el apoyo de grupos conservadores como el sector evangélico, comprometiéndose a cambio a posicionarse en contra a la unión civil y la adopción entre personas del mismo sexo y el aborto. Keiko fue derrotada por tan solo 41.057 votos —el 0,24% de los votos válidos— y no sin antes haber conseguido la mayoría absoluta en el unicameral Parlamento peruano.

Desde su mayoría parlamentaria, Fuerza Popular ha mostrado músculo forzando la renuncia de varios de sus ministros (Defensa, Educación, Transportes y Comunicaciones, y Economía). La presión sobre el Ejecutivo fue tal que el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, exigió al Congreso una muestra de confianza a la cartera ministerial. El Congreso de mayoría fujimorista lo censuró, por lo que el Gobierno se vio obligado a conformar uno nuevo. Luego de haber desbaratado su Gabinete entero fue tras el presidente en ejercicio, Kuczynski.

A fines de 2017, Fuerza Popular, junto a otras fuerzas, impulsó desde el Congreso la moción de vacancia por incapacidad moral contra el presidente de la República, según lo establecido por el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución. El jueves 21 de diciembre fue votada por el pleno del Congreso. Se necesitaban 2/3 del número legal de congresistas y la votación se perdió gracias a que un sub-grupo disidente de Fuerza Popular -autodenominado ¨Avengers¨ y liderado por el hermano de Keiko, Kenji Fujimori- votó en favor de PPK. El 24 de diciembre, Kuczynski firmaría el indulto al ex dictador, Alberto Fujimori.

La moción por una causa similar fue votada nuevamente en marzo de 2018. Esta vez, la renuncia llegó anticipada luego de la difusión de videos en dónde se veía a congresistas de la bancada de PPK negociar los votos para impedir, nuevamente, su vacancia. Con esto, varios congresistas, incluidos los de la bancada oficialista de PPK, pidieron la dimisión del presidente. El 21 de marzo, Kuczynski presentó su renuncia. En su reemplazo, fue convocado el primer vicepresidente electo, entonces embajador en Canadá, Martín Vizcarra.

Lo cierto es que el hecho de que Kenji haya sido el artífice del indulto lo posicionó como el nuevo líder del partido por parte del fujimorismo duro (albertista). Desde entonces, Keiko ha decidido marcar una distancia con su hermano y su padre, al perder protagonismo dentro de su propia base. En cuanto a su hermano y parte de los ¨Avengers¨, fueron reemplazados por leales keikistas. Actualmente tanto PPK, Kenji y Alberto Fujimori, podrían volver a prisión mientras Keiko allana desde la conducción de su fuerza política en el Congreso cualquier obstáculo de cara a las elecciones de 2021.

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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