Tras conocerse los primeros resultados de la elección a gobernador de Buenos Aires, la candidata María Eugenia Vidal (1973) adelantó que pondría “cuerpo y alma” para que los bonaerenses vivieran mejor. Cuerpo y alma en el más fálico poder territorial de la Argentina.

La actual gobernadora bonaerense es todo un ejemplo de cambio. Un manual de estética y estilo PRO. La transformación física de María Eugenia Vidal comenzó en 2011. La delgadez fue su bandera para la victoria. En el PRO afirman que su adelgazamiento impactó en el electorado como un valor de superación personal. Bajó 17 kilos en siete meses y cambió su estética, dejando atrás el suéter holgado, los pantalones anchos y las camisas sin forma para probar blusas “slimfit”, pantalones Oxford y zapatos de diseño de colores neutros. También mejoró su maquillaje, siempre manteniendo su estilo natural, y su cabello lacio y suelto. The coaching girl. Habla y gesticula casi como un guión de tolerancia positiva. “Yo no vengo a hablar, sino a escuchar”[1]. La capacidad de mostrar que puede ser distinta (ahora es flaca), que puede autotransformarse, constituye un logro individual y personalizado. Un guión corporal-estético tan cercano a las publicidades.

En 2011, Mauricio Macri le pidió que lo acompañara como candidata a vice-jefa. “Puso el cuerpo” durante el conflicto por la toma del Parque Indoamericano —cuando la Policía Federal y la Metropolitana desalojaron una ocupación de viviendas sociales— y comenzó un enfrentamiento que culminó con represión, muerte y más de cincuenta detenidos. La por aquel entonces ministra de Desarrollo Social ganó el reconocimiento del líder de su partido y levantó su perfil público, cosechando elogios por su desempeño.

Nik, el polémico caricaturista del diario La Nación, la dibujó como una madre de la democracia, el equivalente masculino al padre, Raúl Alfonsín. La exaltación de la political-mother obtuvo sus frutos. Era un perfil justo. Una outsider política, mujer joven y cercana, que uno podría tranquilamente encontrar en el supermercado y con tres hijos en edad escolar. Pese a esto, el debate sobre las políticas de cuidados fundamentales para las mujeres que trabajan fuera del hogar —jardines maternales, salas cuna, licencias más extensas, extensión de horario escolar— no formó parte de la agenda de campaña. La maternidad solo fue exacerbada como virtud en la dimensión visual. No fue puesta en práctica ninguna política que allane los obstáculos para el resto de las mujeres reales.  Su “cuerpo y alma” se corre de la imagen y se inscribe en la realpolitik. Allí vale lo que se gestiona. Vidal se afirma como mujer y madre frente a un ideal político tradicionalmente masculino, pero sin pedir, reclamar o incluir a más mujeres en la agenda.

La crítica por su condición de género que proviene del peronismo tradicional bonaerense, lejos de erosionar su imagen, la potencia. La revista “Noticias” la tildó de Heidi. Lejos de victimizarse capitalizó la ofensa recordando los problemas que enfrentan otras mujeres con mayores dificultades. Sonrió. Sabe que el debate en torno al género ha ganado popularidad en los últimos años y favorece su ascenso. Sin embargo, en cuanto a la discusión sobre la legalización del aborto Vidal sentó postura desde sus redes sociales, sacándose una foto con el pañuelo celeste –símbolo del  militante “pro vida” o antiabortista-. Lejos de llevar a cabo una política “Pro-género” se observa un vaciamiento de los programas de asistencia en violencia hacia la mujer. Mientras que las trabajadoras manifiestan que tanto los recortes como el deterioro en la asistencia y atención a las mujeres, niños y niñas constituyen obstáculos para sus tareas.

Una de sus estrategias más efectivas para incrementar su caudal de votantes, de cara a los comicios del 2015, consistió en los timbreos, en la cercanía con el votante. “Bajar al barrio” de otra manera. Los principales dirigentes del ámbito nacional se acercaban a los vecinos. En ese encuentro, solo adoptaban una actitud de escucha. Una escucha como gesto contra el “decisionismo” y como un atajo para sortear la hiperpolitización del kirchnerismo. Vidal y Macri se presentaron como políticos comprensivos. Ella era el exacto contrario de un dirigente peronista. Abrieron una “escucha” a los individuos y de manera eficaz lograron enfrentarse a un Gobierno que oía poco a los sujetos. Poner la oreja y el cuerpo trajo votos y selló una especie de práctica política que en lo sucesivo estuvo a mano cada vez que fue necesaria. Vidal nunca destruyó los puentes con el peronismo en la Provincia, cercana a los sectores más ortodoxos del PJ bonaerense. A diferencia del purismo del propio presidente Macri y de Marcos Peña (Jefe de Gabinete), Vidal y Larreta son dos puentes de contención, en un momento en que el diálogo con el PJ está desgastado.

Si Mauricio Macri batió un récord mundial convirtiendo a la Argentina en el país emergente con mayor endeudamiento, Vidal siguió fielmente sus pasos. La deuda  de la provincia de Buenos Aires ocupa el puesto 22 en el ranking de Bloomberg de 2017[2], detrás de países como Qatar y el sultanato de Omán. Cristina Fernández de Kirchner denominó a la gobernadora como la “sultana bonaerense”, para referirse al  incremento de deuda local. Según el informe del Instituto para el Desarrollo Económico y Social de la Provincia de Buenos Aires (IDESBA-CTA), desde que Vidal asumió hasta julio de 2018, el stock de deuda pública ascendió a $245.971 millones, un 108,6% superior a la registrada en 2015[3].

Para la gobernadora bonaerense la educación ha sido el principal ojo de la tormenta, ya que su enfrentamiento con los docentes  ha aumentado las protestas sociales en reclamo de paritarias, a los que ha respondido con adelantos irrisorios y ofertas de recomposición salarial muy por debajo de la inflación. Con el gremio de trabajadores de la educación no ha hecho gala de la disposición al diálogo, por el contrario, fue la Justicia quien ocupó el rol de mediadora y obligó al Gobierno provincial a retomar la mesa de negociación con los maestros, cuyo salario cayó 6 puntos porcentuales -es decir, $1600 en promedio- en todo el país desde el comienzo del Gobierno de Cambiemos, a finales de 2015[4]. La polémica por la educación alcanzó su punto álgido durante un almuerzo organizado por el Rotary Club de Buenos Aires en un hotel porteño, en el que la mandataria provincial defendió la suba de tarifas planteada por el oficialismo, y acusó a la gestión anterior de tener “prioridades equivocadas” entre las que destacó haber llenado “la provincia de universidades públicas”. “¿Es equidad que durante años hayamos poblado la provincia de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”[5].

 

 

[1] https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10148-2015-11-03.html

[2] https://www.bloomberg.com/news/features/2017-10-02/would-you-buy-7-percent-bonds-from-this-guy

[3] http://www.ctabsas.org.ar/idesba/article/impacto-de-la-devaluacion-en-la-deuda-publica-de-la-pcia-de-bs-as

[4] http://www.politicargentina.com/notas/201803/24810-educacion-en-tiempos-de-macri-el-poder-adquisitivo-de-los-docentes-se-desplomo-1600-en-los-ultimos-dos-anos.html

[5] http://www.perfil.com/noticias/politica/recalculando-tras-su-polemica-frase-vidal-defendio-la-educacion-publica.phtml

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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