Aunque las posibilidades de que Otto Guevara (San José, Costa Rica, 1960) alcance alguna vez la Presidencia de Costa Rica son casi nulas, lo cierto es que este empresario, hijo de la más rancia oligarquía costarricense, juega un papel fundamental para el sistema tradicional de partidos que impera en el país desde mediados del siglo pasado y que sólo desde el año 2002 ha logrado romper el rígido bipartidismo del Partido de Liberación Nacional y del Partido Unidad Social Cristiana.

En efecto, Guevara, al frente del Movimiento Libertario (ML) –un nombre, el de su partido, que ya supone desde un primer momento toda una declaración de principios- se ha erigido en el azote de “comunistas”, “castrochavistas”, “populistas” y todo aquello que remita a la izquierda, que en su imaginario engloba a cualquier que no comulgue con su visión ultraneoliberal extrema.

Con un lenguaje absolutamente incendiario y una simplificación ideológica que divide al mundo en buenos y malos sin ningún tipo de matiz, Guevara ha cumplido y cumple diligentemente con su misión de generar ruido mediático cada vez que un proyecto progresista, incluso mínimamente socialdemócrata, centra el debate público. En este sentido, se muestra como un alumno aventajado de los líderes políticos y periodísticos del Tea Party a la hora de utilizar los medios de comunicación. La argumentación y la reflexión se sustituyen por el grito, las proclamas apocalípticas y la caricatura de trazo grueso de un político que no duda en calificar las ideologías como algo propio del comunismo y del marxismo y que ha hecho de su aspecto físico un elemento propagandístico más.

Esta mescolanza que oscila entre lo surrealista (ha llegado a manifestarse en contra del control soberano del territorio por parte del Estado) y las apelaciones al miedo se ha mostrado eficaz a la hora de acaparar la atención mediática. Sin embargo, esta repercusión pública no se ha visto acompañada por un respaldo en las urnas. Hasta cuatro veces se ha postulado Otto Guevara como candidato presidencial (2002, 2006, 2010 y 2014), quedando siempre por detrás de los candidatos de los dos grandes partidos. En 2010 obtuvo su mejor resultado, con un 20% de sufragios, especulándose con la posibilidad de que su asalto al poder estuviera cerca. La racha ascendente se truncó cuatro años más tarde, con apenas un 11% de respaldo.

Esta aparente incapacidad para romper los límites de clase que una candidatura como la suya representa ha llevado a los todopoderosos empresarios costarricenses, agrupados en torno a la Unión de Cámaras Costarricenses de Empresarios Privados, a plantearse la posibilidad de crear un nuevo partido que sustituya a un Movimiento Libertario al que algunos empiezan ya a ver como una propuesta fallida.

A este presumible final de ciclo hay que añadir que el ML nunca tuvo una estructura sólida. En la actualidad, muchos de sus miembros, tránsfugas del Partido Unidad Social Cristiana, se aprestan a regresar a su antigua formación. Los escándalos de corrupción salpican a la mayoría de sus líderes y la bancada parlamentaria dista mucho de actuar de forma unidad, siendo constantes las desavenencias y discusiones.

Pero hasta que llegue ese momento, Otto Guevara, desde su curul de diputado en el parlamento, sigue teniendo un papel que jugar en la erosión de la candidatura del Frente Amplio para las elecciones presidenciales de 2018. Además, en estos tiempos de restauración conservadora, con el cerco a los procesos de emancipación latinoamericanos, voces como la suya, extremas, radicales, rayanas en un ultraderechismo, más de corte estadounidense que europeo, son sumamente útiles para que unas propuestas, en apariencia moderadas, de un capitalismo disfrazado de centrismo, se posicionen como las más convenientes, situándose, falsamente, entre izquierda y derecha.

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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