Roberto Lavagna (Argentina)

América Central y Caribe
Roberto Lavagna

Roberto Lavagna tiene una larga trayectoria en gobiernos de distinto signo político. Hoy es la “Gran Esperanza Blanca” para los sectores de poder desencantados del macrismo.

Hasta bien entrado el siglo XX, en los Estados Unidos los blancos no dejaron competir con los afroamericanos en los combates y campeonatos de boxeo; cuando lo hicieron, la superioridad de los segundos fue inmediata: un trasfondo social lo impulsaría (liberados a medias de la esclavitud, condiciones pésimas de socialización, marginalizados desde la violencia, entre otros motivos) y desde entonces el periodismo –blanco- norteamericano fue promoviendo a distintos boxeadores blancos que pudieran acabar con el fenómeno, calificándolos -en casi todos los casos- de Gran Esperanza Blanca. Algunos tuvieron éxitos efímeros pero, en general, fracasaron.

La instalación de Roberto Lavagna en el escenario de la próxima disputa presidencial argentina tiene algo de Gran Esperanza Blanca. Se lo promueve con insistencia desde varios frentes, como queriendo abrir un panorama que se encuentra, hace meses, polarizado entre Mauricio Macri, por un lado, y Cristina Kirchner, por el otro[1]. De pronto, todo un circuito de respaldos comienzan a aparecer: de esos economistas gravitantes con tránsito en la función pública que siempre están expectantes, como Martin Redrado, Aldo Pignanelli, Jorge Sarghini, Guillermo Nielsen, Miguel Peirano e incluso Mario Blejer; varios gobernadores peronistas (no kirchneristas) y algunos no peronistas (como Miguel Lifschitz, gobernador de Santa Fé); referencias políticas con peso pretérito, como el expresidente Eduardo Duhalde y Ricardo Alfonsín, entre otros; algún que otro apoyo sindical, como los importantes gremios de la construcción y de los gastronómicos; y otros dirigentes nacionales que ven cómo la polarización los va empujando a un inexpresivo rincón y que, reunión va reunión viene, parece como que también quieren la cosa, como el senador Miguel Pichetto, el dirigente futbolero Matías Lammens, y hasta el mismo Sergio Massa.

Es que este sector opositor ve que necesita quebrar la inercia en la que se encuentra y Lavagna, a sus 77 años, le garantiza dos cuestiones: por un lado, una gestión de “transición”, esto es, tan sólo un mandato, nada de reelección, tiempo suficiente como para poder volver a acomodar todas las fichas y disponer otros clivajes políticos en el futuro; por otro lado, el hombre en cuestión tiene chances de que, ante un posible balotaje, su expertise le permita sobrellevar mejor las respuestas necesarias sobre lo que todos los analistas señalan como el punto nodal de la próxima campaña: la situación económica[2].

Roberto Lavagna: el “razonable” del establishment

Siempre moderado en forma y contenido en sus apariciones públicas, aunque bien crítico a la actual gestión de la coalición Cambiemos, “el más conservador de los heterodoxos o, lo que es lo mismo, el menos ortodoxo de los economistas que repiten la receta conocida”, como lo calificó en algún momento el periodista económico Alfredo Zaiat, Lavagna es un candidato medianamente conocido por el electorado argentino. Otra cosa es ver si está adaptado para una campaña tan extensa (teniendo en cuenta las primarias, son más de 6 meses) y, sobre todo, a las nuevas modalidades de proselitismo, que el macrismo maneja muy bien. La principal fuente de su reconocimiento viene de su paso por el Ministerio de Economía en el Gobierno de Néstor Kirchner, lo que le juega personalmente a su favor (es uno de los pocos políticos con más imagen positiva que negativa).

Kirchner heredó a Lavagna del Gobierno de Eduardo Duhalde; una herencia algo forzada, por cierto, pero que Kirchner no rechazó porque sus políticas para ordenar la economía e ir saliendo de la crisis por arriba –con producción y trabajo- eran coincidentes con las propias. Convencido de su condición de superministro –Economía incluía, por entonces, a Producción-, defendía el régimen de jubilaciones privado de las AFJP, que estaban otorgando prestaciones desastrosas; promovía reformas laborales muy propatronales y hasta desarrollaba iniciativas internacionales sin discutirlas con Relaciones Exteriores. En esa línea, se manifestó neutral en las elecciones de medio término, incluso en la crucial disputa bonaerense entre Cristina Fernández de Kirchner y “Chiche” Duhalde. Contra mucho de lo que después se sostuvo, el principal argumento de Néstor Kirchner para separarlo del cargo fue el de no trabajar en equipo y, en parte, el no comprender que hacia fines de 2005 ya comenzaba una nueva etapa donde la clave era la expansión del consumo interno.

Cuando Lavagna dejó el gobierno de Néstor Kirchner, los políticos opositores afirmaron que se perdía a “el único razonable”. En la Unión Industrial Argentina dijeron que se iba “alguien de la casa”: las acciones cayeron cerca de un 5% y el dólar registró una importante suba. ¿Provocó Lavagna su salida? No es improbable: menos de un año después ya era candidato a presidente por una entente opositora basada en la Unión Cívica Radical – su vice fue Gerardo Morales, el cuestionado actual gobernador radical de Jujuy- y algunos “peronistas razonables” opositores a los Kirchner, todos enarbolando el llamado “Programa Lavagna” (porque ego no es lo que le falta al candidato de ayer y de hoy); aquella vez salió tercero, con un 16% de los votos; justamente, la tercera parte de los que obtuvo Cristina Fernández de Kirchner.

Roberto Lavagna es un técnico que siempre se ha preocupado por mostrarse como no ideológico, si tal cosa es posible, además de pretender ser un hombre sin aristas, de esos que se llevan bien con todos. Como estudiante de Economía fue premiado con una beca de posgrado en Bruselas; entre 1973 y 1975 fue un alto funcionario del Gobierno de Juan Domingo Perón (y muy cercano a su ministro de Economía, José Ber Gelbard). Luego fundó la consultora Ecolatina, que se mantuvo desde 1975 hasta el 2000, una de las más respetadas del país. Se condujo como secretario de Industria y Comercio Exterior del Gobierno de Raúl Alfonsín entre 1986 y 1987, y como negociador jefe de los Acuerdos de Integración Argentina – Brasil, lo que ha llevado a algunos a considerarlo -y él mismo lo hace- como uno de los “teóricos” del Mercosur. Más tarde fue embajador ante la Unión Europea bajo los gobiernos de Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde, y ya como ministro de Economía (de Duhalde y Kirchner) logró levantar el “corralito” e inició el canje de la deuda, negociando con cierta firmeza con el Fondo Monetario Internacional. También se opuso al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y llevaría el crecimiento económico a tasas “chinas”. Su producción académica –especialmente los libros sobre integración suramericana- son, reservas aquí y allá, material de interés.

Hay que tener en cuenta que la promoción actual de su candidatura por los medios de prensa hegemónicos (cuya cobertura las últimas semanas ha sido tan incesante como alevosa) no es tan sólo un empuje que dan los “opositores” atrapados (y excluidos) de la polarización. Viene también del lado de los sectores del capital concentrado[3], producto de una especulación defensiva. Es que, para estos últimos, el macrismo ha manifestado un camino desastroso para los actores económicos que no participan del negocio energético, financiero o exportador; hasta la Coca Cola comprende que es preciso que se reactive el mercado interno, so pena de que la gran industria corra la misma suerte que las pequeñas y medianas.

Si para eso es preciso tolerar alguna heterodoxia, se tolera. A fin de cuentas, la candidatura de Lavagna recoge más votos en votantes de Macri que en votantes de Cristina Kirchner, aun cuando se intente sostener que logra idéntico apoyo en todos los sectores. La condición antepuesta es que todas las medidas de disciplinamiento social se mantengan y, de ser posible, que se siga por ese curso. El regreso de los “negros”, que correctamente los principales capitales de la Argentina asocian con el regreso del kirchnerismo, evidentemente causa cierto pavor; y allí aparece la Gran Esperanza Blanca.

 

[1] https://www.celag.org/claves-para-las-proximas-elecciones-argentinas/

[2] https://www.tiempoar.com.ar/nota/lavagna-candidato-la-posibilidad-de-que-el-tango-lo-bailen-tres

[3] https://www.lanoticiaweb.com.ar/129120/lavagna-candidato-la-ilusion-de-los-empresarios-que-huyen-de-macri-cfk-y-bolsonaro/