“Mujer alteña, orgullosa hija de dos personas que vienen del área rural”[i]. Así se define “La Sole”, sintetizando en una frase la identidad social de la ciudad más joven y emblemática de Bolivia, El Alto, en la que se desempeña como alcaldesa.

A diferencia del líder de su partido, La Sole es una auténtica representante de los sectores mayoritarios de la población boliviana. De ascendencia aymara, es hija de campesinos que migraron a la ciudad de El Alto. Estudió en el país, en la Universidad Mayor de San Andrés donde obtuvo la licenciatura en Ciencias de la Educación. “Me siento representante de la sociedad de a pie, no vengo de ninguna organización. Yo creo que como ciudadana de a pie, como he venido y he incursionado en la política ese es el grueso de la población a la que quiero representar, y de la cual me siento representante”[ii].

Su trayectoria política se inició en 2006 cuando fue electa representante de su ciudad en la Asamblea Constituyente por el partido Unidad Nacional, donde se integró en la Comisión de Multiculturalidad. Posteriormente, impulsó proyectos de trabajo territorial destinados a población en situación de riesgo desde la oficina de servicio social que fundó, “La casa de los alteños”. Además participó en programas de radio y televisión de medios locales. Luego de obtener el segundo lugar en las elecciones subnacionales del 2010 por la alcaldía de El Alto, fue electa como vicepresidenta de su partido. Finalmente, en el año  2015, la joven dirigente de Unidad Nacional fue electa alcaldesa de El Alto, arrebatándole al MAS su principal bastión electoral y simbólico.

Esta era la ciudad-emblema del proceso de cambio liderado por Evo Morales, escenario de los episodios de resistencia más representativos del movimiento indígena, como la Guerra del Gas en 2003 que derivó en la renuncia del Presidente Sánchez de Lozada. Con una historia de apenas tres décadas, el origen de la ciudad se remonta a su formación como periferia de La Paz, luego de los procesos migratorios internos impulsados -entre otros factores- por la relocalización de los trabajadores mineros tras la caída del precio del estaño, a inicios de los ochenta. En la actualidad, El Alto tiene una población mayoritariamente joven y un fuerte tejido social derivado de la organización popular iniciada en los años noventa.

Los primeros dos años de gestión giraron en torno a cuatro pilares: El Alto Ciudad Segura, Ciudad Moderna, Ciudad de Oportunidades y Ciudad Institucionalizada, en una propuesta por modernizar la urbe y tomando como modelo Santa Cruz de la Sierra. Durante la campaña electoral la ahora alcaldesa fue cuidadosa en dejar claro que su propuesta no era una impugnación total a la gestión nacional de Evo Morales y se mostró dispuesta a coordinar con el oficialismo acciones de gobierno: “Desde 2003 hemos generado esta transformación en el país, [El Alto] como ciudad ha generado una estabilidad económica (…) La ciudad de El Alto valora mucho al presidente Evo Morales, y por supuesto que es mi responsabilidad coordinar proyectos con el gobierno nacional”[iii]. Desde que asumió como alcaldesa, su principal enfrentamiento es con el poderoso dirigente de los gremialistas, Braulio Rocha, vinculado políticamente al ex-alcalde del MAS, Edgar Patana.

Posteriormente, en el 2016, estuvo involucrada en el episodio de violencia que culminó en el incendio de la alcaldía y la muerte de seis personas a pocos días del Referéndum, lo que le otorgó mayor visibilidad mediática: ese mismo año, la revista Americas Quaterly la nombró una de los cinco mejores políticos latinoamericanos sub 40, y el diario boliviano Página Siete la nombró “Personaje del Año”.

Sin embargo, la popularidad mediática no se tradujo en aceptación local. Durante el año 2017 se enfrentó a varias movilizaciones que solicitaban la revocatoria de su cargo por falta de concreción en las obras propuestas por la alcaldía, incluyendo un paro local de 24 horas. Este año se enfrenta a un proceso judicial por la transferencia a manos privadas de un terreno de la alcaldía, acusación que ella ha denunciado como un intento de desmovilizarla de la vida política, de cara a las elecciones del 2019.

Claramente, la joven de 37 años se perfila como una posible candidata de la oposición. Si el máximo dirigente de su partido, Doria Medina, representa la vieja política que se disfraza para renovar su fuerza electoral con poco éxito, Chapetón es la expresión de una nueva camada de dirigentes jóvenes de derecha que van tomando peso en la escena política nacional. Además, acumula puntos a favor en el plano del marketing político: es mujer, indígena, urbana, joven, y llegará a la contienda con experiencia de gestión al frente de la segunda ciudad del país. Sin embargo, su posible ascenso en la política dependerá del desenlace que tenga el proceso judicial en curso: de demostrarse su responsabilidad, esto podría traducirse en una inhabilitación que la dejaría fuera de la próxima contienda electoral.

[i] Ver entrevista a Soledad Chapetón en Oxígeno Bolivia. 25 de febrero de 2015. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=2dAvazg8czU
[ii] Ibídem.
[iii] Ibídem.

 

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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