La escena argentina es volátil, está movediza; pero hay una escena. También hay un drama político. ¿Qué hacer cuando no hay un sucesor propio, confiable, apegado al proyecto primigenio y en curso? El drama de querer y no poder, no es otro que el “drama de la falta”.

En las monarquías hubo guerras de sucesión, conquistas y crueldades varias; en las democracias hay dramas, tragedias políticas. El sistema electoral y constitucional obliga –en Argentina, como en la mayoría de los países- a sujetarse a reglas. Reglas que, queramos o no, conspiran contra la voluntad. Es decir, no todo lo que uno desea puede inventarse. A veces, el sucesor propio no puede inventarse. Lula lo logró con Dilma, Cristina Fernandez de Kirchner, no pudo. Ahora todo es más difícil. Scioli es el candidato del Frente para la Victoria con mayores posibilidades de competir. Inclusive, se ha beneficiado con la fragmentación de la oposición y, particularmente, de la descomposición del FAUNEN (integrado por la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, Libres del Sur, Proyecto Sur, etc). Scioli está ahí al lado del kirchnerismo, siempre estuvo ahí, como a este dirigente le gusta decir. Pero, pese a ello, es el menos deseado entre los dirigentes oficialistas.

Veamos los actores que ordenan la escena.

Éstos provienen del oficialismo, el cual ha mantenido la iniciativa y ha utilizado eficazmente todos los recursos políticos, simbólicos, territoriales y culturales que posee. Por un lado, CFK y, por el otro, Scioli. Ambos ordenan y des-ordenan la escena. Intentan ordenarla poniendo en juego todas sus capacidades para conducir lo más autónomamente posible la estrategia electoral e intentan desordenar el juego de la oposición. Es decir, poder también es capacidad de desestructurar al otro.

CFK, puede retener el poder hasta el último momento. Dejar una hoja de ruta, nuevas leyes e instituciones. Inclusive, puede condicionar el armado de listas, hacer jugar en determinados momentos a gobernadores e intendentes, blandir todo el poder que permite cosechar y acumular el centralismo argentino. Pero todo eso, no puede con la imagen y adhesión que provoca Scioli. Entonces, o a éste se lo saca de juego, se lo “hiere de muerte” a condición de no tener un candidato competitivo o se pactan condiciones. Se pacta con un dirigente que representa algunas de las corrientes sociales, culturales y políticas que este gobierno y el contexto crearon o posibilitaron. Scioli no es un rara avis, es un dirigente salido del proyecto kirchnerista, una dimensión de los avatares y travesías que emprendió Néstor Kirchner en 2003. Scioli es una respuesta al contexto creado desde 2008. La derrota política con las corporaciones del campo, los problemas con la inflación, la crisis internacional y la carestía de divisas promovieron diversas lecturas. Ese año quedó claro que el mundo no traería una renovación de expectativas económicas, sino todo lo contrario. Es más, Scioli es una lectura posible de la crisis internacional y sus impactos en Argentina. Es una lectura que introduce el problema del menor crecimiento y la moderación de las expectativas y sus impactos, como en el aumento de la inseguridad. Es una lectura compleja, que si bien apela a una agenda de centroderecha (con la reivindicación de ciertas medidas ortodoxas), sabe que no va a desprenderse de los logros sociales. Pero esta lectura no es una más, sino que tuvo su primera victoria cultural, obligó al Secretario de Seguridad –Sergio Berni- a enterrar algunos de los planteos progresistas sobre el problema de la inseguridad. Scioli a su forma llegó a la Rosada. Por tanto, más que pensar en un kirchnerismo bicéfalo (derechas e izquierdas), deberíamos pensar en las diversas lecturas que se realizaron después de 2008 y observar cuales son y quienes las sostienen. Scioli es una de ellas y, de hecho, es la que mayor adhesión ha suscitado.  Por lo tanto, CFK tendrá que decidir cómo articular las diversas lecturas políticas en el futuro. Es decir, si decide mantener el drama que provocaría el articularlas en el apoyo de la candidatura de Scioli (con lo cual, tendría que incorporar varios funcionarios, senadores y diputados que garanticen dicho drama). O decidir, que el kirchnerismo es una identidad con fronteras “poco móviles” y apostar a su consolidación, implicando esto un escaso apoyo a Scioli y  la posible consolidación de los proyectos de Macri (PRO) y Massa (Frente Renovador).