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La CEPAL[1] publicó el pasado miércoles 29 de julio su “Estudio económico de América Latina y el Caribe” para el año 2015. En el mismo se alertaba de la profunda desaceleración en el crecimiento económico regional, que en este año se prevé que sólo llegue al 0,5%. Esta cifra supone un descenso desde el crecimiento del 1,1% alcanzado por la región el año anterior, y muy lejos del 2,9% del año 2013. Los comportamientos no son homogéneos y las cifras fluctúan desde el decrecimiento que se da en países como Brasil o Venezuela, a tasas de crecimiento como las de Bolivia que con el 4,5% lidera el crecimiento suramericano.

El caso ecuatoriano estaría en una posición intermedia, pronosticándose un crecimiento del PIB para el año 2015 del 1,9%, lo que supone una reducción desde el 3,8% que el país andino alcanzó en el año anterior. Pero ¿qué es lo que ha provocado la desaceleración en el crecimiento del PIB ecuatoriano? Como reconoce la CEPAL en su Informe, principalmente han sido tres los factores externos los que han presionado sobre la economía ecuatoriana: 1) los bajos precios del petróleo, 2) la apreciación del dólar y 3) el descenso de la demanda mundial (principalmente ligada a la desaceleración China).

Se puede afirmar que la economía ecuatoriana es la única de la región que se ve expuesta a los tres factores, y pese a la desaceleración del crecimiento, sigue cuadriplicando el crecimiento del conjunto de la región.

Es cierto que este tipo de factores como la caída del precio del crudo, la reducción de la demanda mundial y la apreciación del dólar son medidas que obedecen a la coyuntura económica internacional y que escapan del control por parte del gobierno de un país como Ecuador. Sin embargo, lo que si entra en las posibilidades de los Gobiernos es elegir qué tipo de políticas son las que se implementan para hacer frente a una coyuntura económica internacional adversa.

Sobre qué salida dar podemos distinguir dos caminos principalmente: 1) por un lado tenemos las clásicas medidas por las que apuesta la economía ortodoxa desde la década de los 70´. Esto es las políticas de “ajuste” y “estabilización” promovidas por instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o Banco Mundial (BM); 2) y por otro lado tenemos aquellas medidas herederas de unos planteamientos más o menos keynesianos donde el Estado sigue teniendo participación y la economía sigue estando al servicio de la política.

La primera de las salidas es aquella que con tanto empeño se implementó en la región en las décadas de los 80´ y los 90´ cuyos resultados sobre el incremento de la pobreza y las desigualdades son ya de sobra conocidos en la región. Sin embargo, el desastre de esta política no fue generalizado, y si hubo unos pocos, los grandes capitales, que sí salieron fortalecidos. Esta es la salida, o mejor dicho la no-salida, por la que se ha apostado actualmente Europa: la salida que beneficia a los grandes capitales y que empobrece a las grandes mayorías.

La segunda de las salidas, la salida de las mayorías, es por la que ha optado Ecuador, y esto es lo que ha permitido que a pesar de las fuertes restricciones externas que soporta la economía ecuatoriana, siga cuadriplicando el crecimiento de la región consiguiendo minimizar los impactos adversos de la actual coyuntura internacional.

El actual precio del petróleo, que vuelve a estar por debajo de los 50 dólares, deja muy lejanos los 95,87 dólares por barril del año 2013. Sin embargo, Ecuador ha conseguido hacer frente a los menores ingresos derivados del petróleo a través de diferentes mecanismos. Uno de los principales ha sido la política fiscal expansiva, que ha llevado a la participación del Estado en el PIB alcance el 44,1% para hacer frente a la contracción de la Demanda Agregada.  En el año 2014 los ingresos de las empresas públicas se incrementaron en 40,1%, y los ingresos derivados de la recaudación impositiva también experimentaron un incremento del 5,8%, siendo el mayor aumentando el del impuesto de la renta (8,1%). En cuanto a los sueldos, estos se incrementaron en un 6,5%.

La economía dolarizada ecuatoriana no permite hacer uso de la política monetaria, pero los desajustes comerciales ocasionados por la fuerte apreciación del dólar (y como consecuencia depreciación de las monedas de los países vecinos) fueron afrontados mediante medidas de tipo comercial como la introducción de salvaguardias. Éstas permitieron  reducir el incremento del déficit de la balanza por cuenta corriente y proteger a las industrias nacionales, lo que puede dar también una oportunidad para un mayor desarrollo y seguir profundizando en el anhelado cambio de la matriz productiva. Esto ayudaría también a reducir enormemente la dependencia del exterior.

Pero además de estas medidas que el Informe de la CEPAL recoge, Ecuador se planteó, a diferencia de la no-salida, que los costes de la desaceleración económica no los pagaran los de siempre, las clases populares. Y que fueran las rentas más altas los que se hicieran cargo de manera equitativa y con justicia social. Todo hay que decirlo, en épocas de bonanza también han sido estas rentas las que mayormente han incrementado sus beneficios.

Para reafirmar la salida ecuatoriana se lanzaron los dos proyectos de ley (el de herencias y el de plusvalías extraordinarias) que buscaban nada más y nada menos, que en la época actual de desaceleración, sean los de arriba los que se aprieten el cinturón, pues son ellos los que tienen más capacidad de hacerlo, y sean las mayorías sociales, rentas bajas y rentas medias, las que no tengan que hacer los sacrificios como en épocas anteriores.

Evidentemente, determinados sectores minoritarios no quieren permitir que la salida por la que apuesta el Ecuador, sea una salida justa socialmente y equitativa, y como buena parte de las derechas en la región que han visto bastante reducida su capacidad de llegar al poder mediante la vía electoral, buscan otros mecanismos para provocar desestabilización y erosionar las bases de apoyo popular de los gobiernos. Ecuador ha apostado por la salida de la equidad, sin embargo, una minoría que  está haciendo mucho ruido en las últimas semanas (cierto que cada vez menos) quiere seguir apostando por la vieja no-salida que sólo conduce a una mayor pobreza y desigualdad.

[1] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2015). Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2015: Desafíos para impulsar el ciclo de inversión con miras a reactivar el crecimiento. Documento informativo.

Máster en desarrollo económico y sostenibilidad y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Miembro del Consejo Ejecutivo y Coordinador de la Unidad de Debates Económicos de CELAG.
@Sergio_MartinC

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