• En los tres años de Mauricio Macri todas las principales variables macroeconómicas se deterioraron.
  • El Gobierno asumió como propio un programa económico que Argentina ya había experimentado en el pasado: apertura importadora, liberalización financiera y desregulación del mercado laboral. La economía argentina es más chica, el desempleo es mayor y la pobreza creció.
  • Los aspectos centrales que plantearon atacar tampoco fueron resueltos: el déficit fiscal se profundizó, la inflación alcanzó su nivel más elevado en 30 años y la confianza (medida a través del riesgo país) empeoró.
  • Durante los primeros dos años del Gobierno macrista Argentina fue el país que más se endeudó entre los emergentes. Al tercer año, cuando esos flujos se cortaron, tomó el préstamo más grande de la historia del Fondo Monetario Internacional (FMI).

  • Las liberalizaciones financieras no contribuyeron a generar un boom de inversión extranjera directa pero sí tuvieron importantes consecuencias sobre el sector: la fuga de capitales alcanzó niveles récords.
  • La vulnerabilidad externa se duplicó en los primeros dos años de gobierno de Macri (+97%) producto del boom de endeudamiento externo y de ingreso de capitales financieros que financiaron partidas ociosas, como la fuga de capitales, el turismo y el pago de intereses.
  • Durante el primer trimestre de 2018 la vulnerabilidad externa argentina alcanzó los niveles del periodo de la convertibilidad, previos a la crisis del 2001/2002. Detrás de este fenómeno se esconde la causa de la crisis cambiaria.
  • Las apuestas actuales se concentran en una política monetaria y fiscal fuertemente recesiva, que achiquen la economía y, por lo tanto, compriman la demanda de dólares, junto con el nuevo acuerdo con el FMI que refuerce la oferta.
  • Argentina suscribió un acuerdo con el FMI que implicará un apoyo financiero de 57.000 millones de dólares, el mayor préstamo de la historia del organismo. Los desembolsos se concentrarán en un 90% antes de las elecciones presidenciales de octubre 2019, quedando sólo un 10% y toda la deuda por pagar para las próximas administraciones.
  • Para 2019 esperamos una caída en el nivel de actividad no menor a 1,7%, asociada a la caída en el consumo por la depresión del salario real, y una fuerte contracción de la inversión y el consumo público.
  • Evaluamos tres escenarios alternativos de ‘humor’ de los inversores financieros: un escenario de desconfianza alta y fuerte presión para salir del peso, un escenario optimista, y un escenario intermedio que busca identificar los grados de libertad de la política económica para 2019.
  • En un escenario de fuga alta en 2019 el Gobierno se vería forzado a lograr refinanciar el 100% de sus vencimientos de capital con privados y, aun así, las reservas apenas superarían los USD 30.000 millones.
  • Un escenario de fuga baja en 2019 permitiría refinanciar sin dificultades los vencimientos con privados y lograr un aumento de las reservas de unos USD 5.600 millones.
  • Los desembolsos del FMI permitirían sostener, incluso, un alto nivel de fuga de capitales en 2019. El costo de ello, no obstante, debe afrontarse en el muy corto plazo, particularmente en 2021-2023 cuando entre capital e intereses vence un monto equivalente al de todo el préstamo, lo que supone a su vez un enorme condicionamiento de política económica para la próxima administración.
  • Ninguno de los problemas estructurales que conducen a la restricción externa se ha solucionado en estos años y, además, se ha incorporado la enorme carga de la deuda externa.
  • Dada la alta vulnerabilidad externa argentina y la liberalización financiera, el contexto internacional será determinante en el corto plazo.
  • Transitar una agenda de desarrollo orientada a crear empleos de calidad bien remunerados, a reducir la desigualdad social y a la sustentabilidad externa requiere un cambio urgente en el rumbo de la política económica.