Pedro Pablo Kuczynski ha ganado el debate decisivo, el último. El secreto de su éxito: un cambio de actitud, más contestataria, con el fin de seducir el voto antifujimorista. Este cambio coincide con  el apoyo de  Verónika Mendoza -tercera mayoría en primera vuelta- al igual que el de la de Julio Guzmán -cuyo partido no logró pasar los filtros de la Junta Nacional Electoral pero disputó el segundo lugar hasta su cuestionada exclusión en febrero de este año-.Lo mismo que Urresti del Partido Nacionalista Peruano y la Juventud Aprista. Igual Alejandro Toledo de Perú Posible y Mesías Guevara de Acción Popular.

Este nuevo espectro de alianzas de distintas convicciones políticas se ha convertido en una cruzada contra “la dictadura, la corrupción y la mentira”, aunque no cambia los números de las encuestas sobre la intención de voto, en donde Keiko Fujimori lidera con una ventaja que oscila entre los cuatro y cinco puntos. Sin embargo, el recuerdo de  las elecciones de 2011 es un tormento para el clan Fujimori quien repite el mismo escenario que lo llevara a la derrota frente Ollanta Humala: escasa diferencias de puntos y un 10% de indecisos. En el cuarto oscuro los peruanos ya le torcieron la mano a las encuestas cinco años atrás.

Kuczynski comenzó su alocución caracterizando a su adversaria como una amenaza letal a la democracia, Keiko cuando quiso defenderse se hundió su propio aguijón al sacar a relucir su experiencia como primera dama. PPK, a modo de broche de oro en su  cierre de campaña recordó la cita de Nicomedes Santa Cruz que Fujimori usó en el debate anterior, y devolviendo el golpe cristalizó la división entre dictadura y democracia de la que habló en su intervención inicial: “Tú no has cambiado Pelona, sigues siendo la misma”. Después de todo, es ahora o nunca hasta la última mesa, hasta el último voto.

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